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"Sentí ganas de estar a salvo en Uruguay"

El terremoto de 8,4 en la escala de Richter que azotó el miércoles a Chile también afectó a uruguayos que viven o están de paso en el país trasandino. Miedo y nerviosismo fueron las sensaciones que más experimentaron.

Una de estas personas fue Delfina Gimeno, de 25 años. Estaba junto a su novio yendo en auto a la casa de un amigo por la autopista Vespucio sur. Cuando se acercaban a un puente, escucharon en la radio que estaban empezando a haber temblores. Decidieron parar, tal como lo hicieron decenas de vehículos que, cree Delfina, tenían miedo a que se rompiera la estructura. Luego, "(el terremoto) empezó a sentirse cada vez más fuerte", narró.

En la ruta ambos veían cómo los cables del tendido eléctrico se balanceaban de un lado a otro. "Entré a sentir miedo porque realmente el sismo no paraba", agregó. Cuando finalmente calmó, intentó comunicarse con familiares y amigos, pero las líneas estaban colapsadas. "WhatsApp nos salvó porque funcionó en todo momento", agregó.

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Poco después, retomaron el camino. "Las réplicas eran fuertes y movían el auto", contó. Al llegar a su casa, los movimientos no cesaron: las puertas temblaban y los vidrios de la ventana vibraban. "Sentí ganas de estar a salvo en Uruguay", agregó.

Una situación similar le tocó vivir a Francisca Otegui, de 26 años. Ella estaba en clase, en la Universidad Católica de San Joaquín, ubicada en la comuna de Macul, en Santiago. Cuando comenzaron los temblores, su profesor, que estaba parado, seguía hablando sin percatarse. Los 10 alumnos que estaban sentados se pusieron nerviosos. De repente, el docente auxiliar empezó a hacer gestos de que había que evacuar.

En los pasillos del centro de estudios había mucha gente comentando sobre los temblores. "Estaban relativamente tranquilos. Yo estaba verde, mareada. El terremoto en sí fue un minuto y medio. Para mí fueron eternos. La sensación es tremenda", relató Francisca.

Para volver a su casa decidió tomarse un tren. Su desplazamiento era suave. Las réplicas del terremoto lo hacían parar de tanto en tanto para evitar una catástrofe. Así y todo, "la gente no transmitía nerviosismo. Era todo muy normal", comentó. Cuando llegó a su casa, vio que solo se había roto un jarrón.

Eileen Hudson, de 49 años, también vivió una experiencia en la calle, mientras volvía en auto desde Santa Rosa de Apoquindo al barrio de Vitacura. Cuando le tocó la luz roja, se percató que el vehículo se balanceaba. "Como tengo poca experiencia con terremotos, pensé que era un problema en la suspensión del coche", comentó. Los movimientos persistían, por lo que sospechó que podrían ser temblores.

Al arribar a su casa, observó que los vecinos de su edificio "estaban en pánico". Subió a su apartamento y su percepción se agudizó: "Se siente como si fuese una palmera que se inclina hacia un lado y hacia otro". "Nunca se sabe qué va a pasar", comentó la docente uruguaya.

Más acostumbrado.

Juan Pablo Lema es un uruguayo, de 25 años, que vive desde marzo de 2014 en el barrio Las Condes. Mientras miraba tele, sintió algo y le preguntó a su esposa. "¿Está temblando, no?". "¡No, qué va a estar temblando!", contestó. Luego, detectaron que la magnitud del sismo se hacía más intensa. Los adornos se movían y las copas y los vidrios también. Ante esta situación, Juan Pablo atinó a bajar la persiana del living de su apartamento ("por las dudas que explotara") y ambos salieron rápido de su edificio.

En su avenida, había personas con megáfono pidiendo a la gente que se quedara tranquila. Luego, comenzó a mirar hacia las ventanas de las edificaciones para verificar cuándo dejaban de temblar.

En la madrugada sintió las réplicas que lo despertaron. Pero a los temblores ya está habituado. "Al principio los percibía, después te acostumbrás y ya no los sentís", comentó.

Bachelet viajó a zona más afectada por sismo.

La presidenta Michelle Bachelet decidió regresar a Santiago para desde el Palacio de La Moneda continuar con el monitoreo de los efectos dejados por el terremoto que afectó a la Región de Coquimbo. Desde el avión presidencial, la mandataria sostendrá contacto con un grupo de ministros para coordinar las próximas tareas tras la catástrofe.

Luego de recorrer las zonas afectadas por la catástrofe, la mandataria dijo que "llegando a Santiago, lo más probable que hoy día, vuelva a tener una reunión con ministros para, habiendo hecho el levantamiento en terreno, insistir en cuáles son las tareas que tienen que llevar adelante con la mayor diligencia".

Asimismo, insistió en que "hoy no voy a participar en la inauguración de las fondas, porque claramente mi prioridad está aquí en esta región. El día de mañana (hoy) sí voy a participar en el Te Deum, me parece que es un acto ecuménico, republicano, en el cual uno debe estar". "Luego veremos mañana, de acuerdo a la evaluación que tengamos de los ministros, vendrán otros ministros acá, si vuelvo a la zona o si me aseguro desde Santiago que las cosas estén pasando", enfatizó. En cuanto a la decisión de decretar el estado de excepción constitucional de catástrofe, la gobernante explicó que "llegué a la convicción de que era necesario establecer este estado de excepción y ya se habían traído fuerzas adicionales de otras regiones, pero creemos que no son suficientes". EL MERCURIO/GDA

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