FIN DEL CARNAVAL

Río de Janeiro bajo control militar por ola de violencia

El gobierno teme que se propague como una “metástasis” por todo Brasil.

El presidente Michel Temer ordenó ayer viernes que las Fuerzas Armadas dirijan la lucha contra el crimen organizado en Río de Janeiro, para evitar que esa "metástasis" se siga propagando por todo Brasil.

La intervención federal en el área de seguridad de Río es una medida inédita desde la restauración de la democracia en 1985 pero que, según Temer, se justifica por el descontrol imperante en el segundo estado más rico de Brasil. "El crimen organizado casi tomó el control" de Río y se ha convertido en "una metástasis que se propaga por el país y amenaza la tranquilidad de nuestro pueblo", advirtió el mandatario tras firmar en Brasilia el decreto.

Sólo en lo que va del año, se han registrado más de 150 muertes violentas en una ciudad que se acostumbró a vivir con 20 tiroteos al día y contabilizó 6.700 homicidios en 2017.

Un cuadro que llevó a la fiscal general, Raquel Dogde, a decir que Río de Janeiro vive un clima de "tierra sin ley"

La intervención militar, que regirá hasta el 31 de diciembre, cuando concluya el período de Temer, supone que las Fuerzas Armadas asuman el control total de las operaciones de seguridad y comanden a la policía y al sistema carcelario. Tiene efecto inmediato, aunque en un plazo de diez días el Congreso deberá ratificarla.

El interventor será el general Walter Souza Braga Neto, actual comandante de la región militar del Este, que fue coordinador de operaciones durante los Juegos Olímpicos de 2016. (Ver perfil en esta página)

La grave situación de violencia en Brasil se vio agravada en Río por la virtual bancarrota del estado, que paga con meses de atraso los salarios de sus funcionarios, policías incluidos.

El gobierno federal envió en julio pasado 8.500 militares al estado de Río para apoyar a las fuerzas policiales, sin resultados visibles hasta ahora, para contener la guerra entre bandas, el robo de camiones de carga o los "arrastrones" cometidos por decenas de jóvenes contra grupos de personas en las playas o en cualquier punto de la ciudad.

Para Arthur Trindade, profesor de la Universidad de Brasilia y exsecretario de seguridad del Distrito Federal, la intervención de los militares puede ser una buena oportunidad para "sanear" la corrupción enquistada en los cuerpos policiales de Río. "Con estas medidas, es posible que las facciones de narcotraficantes tengan un perfil más bajo unos meses", dijo Trindade.

Cálculos políticos.

La intervención no está exenta, sin embargo, de cálculos políticos en momentos en que Temer, que bate récords de impopularidad (solo 5% de apoyo según las últimas encuestas), tiene dificultades en hacer avanzar su principal proyecto (la reforma de las jubilaciones) y se encuentra en la mira de posibles nuevas investigaciones por corrupción. "Temer está haciendo muchas cosas para desviar la atención", dijo David Fleischer, profesor emérito de Ciencias Políticas de la Universidad de Brasilia.

El jefe de Estado, que asumió tras el impeachment a Dilma Rousseff en 2016, se jactó este viernes de haber sacado al país de la peor recesión de su historia y ahora se propone "restablecer el orden" en Brasil.

Cuando faltan poco más de seis meses para las elecciones de octubre, hay rumores de que Temer evalúa la posibilidad de presentarse como candidato ante la ausencia de figuras de centroderecha que despunten con fuerza.

Además, el político más popular de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva enfrenta varias causas judiciales y una condena en segunda instancia que han puesto en duda su candidatura presidencial por el Partido de los Trabajadores.

Corrupción.

El alcalde de Río, el pastor evangélico Marcelo Crivella, se fue a Europa durante el carvanal, en un viaje privado que ahora está bajo investigación por el uso de fondos públicos.

Temer, al anunciar la intervención militar en Río, no mencionó las causas de la violencia en un estado ahogado por la crisis, rehén de políticos corruptos y de una guerra sin cuartel entre bandas narcos.

Prácticamente todos los principales dirigentes de Río en los últimos 20 años están en prisión o acusados de corrupción, incluyendo los exgobernadores Anthony Garotinho y Sérgio Cabral, aliado del actual gobernador Luiz Fernando Pezao, también blanco de la Justicia pero protegido por su fuero político.

La corrupción nutrió la crisis y Río tuvo que declarar quiebra en vísperas de las Olimpiadas de 2016. Año y medio después, la crisis es más profunda y los cariocas tienen aún que pagar la pesada factura olímpica.

El gobierno no ha aclarado el costo de la intervención o los límites de la actuación del Ejército, uno de los aspectos que más preocupan a las organizaciones civiles dado que las operaciones policiales en las favelas han llegado a duplicar el número de víctimas.

La intervención "refleja la cristalización de un fracaso total y absoluto de las autoridades", resumía ayer el analista Marcelo Lins.

Temer: "No podemos seguir enterrando niños".

El presidente Michel Temer afirmó que "el crimen organizado casi tomó el control" de Río de Janeiro, al ordenar que las fuerzas armadas asuman el control de la seguridad.

El crimen organizado "es una metástasis que se propaga por el país y amenaza la tranquilidad de nuestro pueblo", agregó el mandatario en un acto en el palacio de Planalto en Brasilia. "El gobierno dará respuestas duras, firmes y adoptará todas las medidas necesarias para enfrentar y derrotar al crimen organizado y a las bandas".

La intervención de un estado de la federación en materia de seguridad "es una medida extrema, porque las circunstancias así lo exigen", prosiguió. "No podemos aceptar pasivamente la muerte de inocentes. Es intolerable estar enterrando padres y madres de familia, trabajadores, policías, jóvenes y niños y viendo barrios enteros sitiados, escuelas bajo la mira de fusiles y avenidas transformadas en trincheras".

La intervención en Río de Janeiro debe prolongarse hasta el final de la presidencia de Temer, el 31 de diciembre.

BRASIL

Violencia, Carnaval y política


1. VIOLACIÓN DE UNA CÓNSUL

Una cónsul francesa fue violada durante el carnaval en el municipio brasileño de Tibau do Sul, en el estado de Río Grande del Norte. La violación se produjo el martes, cuando un intruso accedió durante la madrugada a la casa donde se encontraba la víctima, le tiró agua encima para despertarla y la agredió, según medio locales.

2. CARNAVAL VIOLENTO

El desencadenante de la intervención de Río de Janeiro fueron los desbordes del reciente carnaval, durante el cual se multiplicaron los asaltos a mano armada y las agresiones. El propio gobernador de Río, Luiz Fernando Pezao, admitió que las cosas se le habían ido de las manos. "No estábamos preparados", declaró.


3. LAS DUDAS DE LOS EXPERTOS


Los militares fueron llamados desde el fin de la dictadura (1964-85) a asumir el control de la seguridad en diferentes situaciones específicas, pero nunca por un periodo tan largo. Esas misiones fueron en muchos casos criticadas por expertos militares, que alegaban que el ejército no estaba preparado para restaurar el orden en las ciudades.

4. EL EFECTO DE LA REFORMA

La medida de intervención de los militares en el estado de Río de Janeiro, podría retrasar la votación del proyecto de ley de reforma al sistema de pensiones que promueve Temer, que requeriría un cambio en la Constitución. Las enmiendas constitucionales están prohibidas en Brasil durante las intervenciones federales.

PERFIL.

El "general olímpico" llamado a poner orden.

Walter Souza Braga Netto, el general que coordinó la seguridad de los Juegos Olímpicos de 2016, será el encargado de comandar la intervención militar en Río de Janeiro.

Braga Netto (60) es un general nacido en Bello Horizonte y de confianza del presidente Michel Temer. Jefe del Comando Militar del Este, ahora organizará a los militares y a los cuerpos de la policía estatal.

Braga Netto fue responsable por la seguridad durante los Juegos Olímpicos de 2016, cuya conclusión desencadenó una ola de violencia que tan solo en lo que va del año se ha cobrado 150 víctimas. Desde entonces, la guerra entre facciones criminales se ha recrudecido en Río, donde se registran diariamente una media de 20 tiroteos por día.

Con perfil combatiente, ocupó el servicio de inteligencia del Ejército y fue colaborador de las fuerzas auxiliares de la seguridad pública. General de cuatro estrellas —máximo rango dentro del Ejército—, Braga Netto tiene 23 condecoraciones nacionales y cuatro extranjeras, y en febrero del año pasado integró una operación de las Fuerzas Armadas en el estado de Espírito Santo, donde hubo una crisis de seguridad debido a una huelga decretada por la policía militar.

Tras su nombramiento como coordinador de la seguridad en Río, la prensa local recordó que durante una conferencia el pasado agosto el general afirmó que ve "con reservas" el uso de las tropas, pero precisó que las Fuerzas Armadas están preparadas para actuar en caso de emergencias. Braga Netto, resaltó el diario O Globo, apuntó durante dicha conferencia que las operaciones de los militares tienen un alto coste financiero y social y señaló que la presencia de las tropas no sería necesaria si los estados tuvieran políticas de seguridad más eficientes.

El general integraba hasta ahora el Comando Militar do Leste, el cual coordina y ejecuta las actividades administrativas y logísticas del Ejército brasileño en los estados de Río de Janeiro, Minas Gerais y Espírito Santo.

En esa región hay 141 organizaciones que suman 50.000 militares y que concentran el mayor número de tropas y escuelas militares de Latinoamérica. EFE

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