Estados Unidos

El presidente rinde homenaje a víctimas; recibe gritos hostiles

Visita la sinagoga de Pittsburgh, donde inician los funerales.

Donald y Melania Trump junto al rabino Myers. Foto: AFP
Donald y Melania Trump junto al rabino Myers. Foto: AFP

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ofreció sus condolencias ayer martes en la sinagoga de la ciudad de Pittsburgh, en la que 11 fieles fueron asesinados a balazos el sábado.

El ataque intensificó un debate nacional por la retórica del mandatario, a quien sus críticos acusan de haber contribuido a un incremento del extremismo de derecha en Estados Unidos. El gobierno de Trump ha rechazado la idea de que haya alentado a extremistas blancos y a neonazis que lo respaldan.

Trump visitó junto a su esposa Melania la Sinagoga El Árbol de la Vida en Pittsburgh, donde tuvo lugar el ataque del sábado. El presidente también estuvo acompañado de su hija Ivanka, su yerno Jared Kushner y el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, que son judíos. Allí fueron recibidos por el rabino Jeffrey Myers, quien los condujo al interior del templo. Casi 20 minutos más tarde, el mandatario fue a un monumento en el exterior del edificio, donde la primera dama colocó una flor.

Rinden homenaje a las víctimas en el memorial creado en la sinagoga. Foto: AFP
Foto: AFP

Asimismo, el presidente visitó a los cuatro policías hospitalizados y a otras dos personas heridas en el tiroteo.

Unas 2.000 personas, en su mayoría miembros de la comunidad judía de Pittsburgh, protestaron contra Trump, gritando "las palabras tienen consecuencias" y portando carteles con la consigna "nosotros construimos puentes, no muros".

La visita se produjo una semana antes de las elecciones legislativas que determinarán el equilibrio del poder en el Congreso estadounidense.

Ayer, también comenzaron los primeros funerales. Unas 1.800 personas, algunas llegadas desde puntos lejanos del país, se reunieron para darle las condolencias a los familiares de los hermanos David Rosenthal, de 54 años, y Cecil Rosenthal, de 59, en una sinagoga cercana que estaba rodeada de policías.

Los hermanos, que vivían en un asilo para personas con capacidades disminuidas, murieron cuando un hombre ingresó a la sinagoga gritando "Todos los judíos deben morir".

También se realizó una ceremonia en honor a Jerry Rabinowitz, de 66 años, que reunió a unas 2.000 personas, entre ellas enfermeras vestidas con sus batas quirúrgicas.

Robert Bowers, de 46 años, es acusado de la masacre. El lunes, una corte federal ordenó que fuera retenido sin derecho a fianza porque es una amenaza para la sociedad. Es juzgado por crímenes de odio y pesan sobre él 29 acusaciones, que no quiso escuchar.

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