CRISIS

Pierde fuerza maniobra contra Vizcarra de Perú

Si bien aún hay mucha incertidumbre, la situación pinta cada vez más favorable para el presidente, y mucho peor para quienes buscan vehementemente la caída del gobierno.

Walter Martos. Foto: AFP.
l primer ministro Walter Martos acusó al presidente del Congreso, Manuel Merino, de intentar involucrar a las FFAA. Foto: AFP.

Lejos, y puede que aún más lejos todavía. Así quedó ayer domingo la opción de que la oposición destituya al presidente de Perú, Martín Vizcarra, después de que los impulsores de la iniciativa recibieran mucho menos respaldo del que esperaban y cometieran graves torpezas que parecen condenarlos al fracaso.

Si bien aún hay mucha incertidumbre, la situación pinta cada vez más favorable para el presidente, y mucho peor para quienes buscan vehementemente la caída del gobierno.

Ni la opinión pública se ha sumado a la “indignación nacional” que supuestamente iba a generar unos audios que comprometen a Vizcarra en un caso menor de presunta corrupción, ni la mayoría de fuerzas políticas parecen apostar por la caída del presidente en este contexto de crisis sanitaria y económica causadas por el COVID-19.

Todo lo contrario. Son los promotores de la medida, particularmente el presidente del Congreso, el opositor Manuel Merino, quien asumiría la Presidencia de Perú en caso de prosperar el juicio político, los que se han cubierto de oscuridad sobre sus intenciones, maniobras y honestidad en esta crisis.

El jueves estalló la bomba cuando Edgar Alarcón, congresista del partido ultranacionalista Unión por el Perú, enemigo jurado de Vizcarra y sobre quien pesan varias investigaciones por enriquecimiento ilícito, difundió de forma sorpresiva, fuera del orden del día parlamentario y con la anuencia de Merino, tres grabaciones “anónimas”.

En ellas se escuchan varias conversaciones de Karem Roca, secretaria de Vizcarra, con el presidente y con el cantante Richard Swing donde aparentemente el presidente coordina cómo ocultar visitas de éste último al Palacio de Gobierno.

Según los enemigos del mandatario, los audios revelan que el presidente mintió sobre su relación con Swing, al que el Congreso investiga los altos honorarios que recibió del Ministerio de Cultura desde que Vizcarra es presidente en contrataciones de difícil justificación.

El viernes el Congreso aprobó, con 65 votos a favor (bastaban 52), abrir el juicio político a Vizcarra, pero muy lejos de los 87 votos para lograr la destitución. El Congreso unicameral peruano tiene 130 legisladores.

“Creo que estaban apostando a tener un ánimo general airado, con la estrategia de generar indignación para acelerar el proceso. Querían hacerlo tan rápido que se apelase a las emociones antes que a la razón de los congresistas. Creo que la reacción de la opinión pública y los medios, ayudó a calmar la situación y enfriar esta llamada”, analizó para EFE el politólogo Mauricio Zavaleta.

La segunda bomba de esta crisis fue una torpeza cometida por Merino, que llamó el jueves a varios jefes de las Fuerzas Armadas para “transmitir calma” ante las acciones parlamentarias, antes incluso de que se hubiera presentado la moción de destitución.

“Parece que en realidad estaba llamando para tantear si iban a apoyarlo como presidente una vez que saliera la vacancia”, indicó el politólogo.

El barco de la destitución está en pleno hundimiento, y lejos de captar más votos, los está perdiendo. La tesis del “complot” que denunció el Gobierno cobra fuerza.

Daniel Urresti, diputado del partido populista Podemos que votó en bloque por la moción del juicio político, anunció que ahora no apoya este paso “salvo que aparezcan motivos que realmente lo justifiquen”.

Más importantes son las palabras de César Acuña, líder de Alianza para el Progreso (APP), cuyos 21 diputados votaron con entusiasmo por el juicio político, pero quien ayer domingo dijo que la destitución sería “impertinente e innecesaria”.

Keiko Fujimori, líder de Fuerza Popular también se expresó desde su arresto domiciliario que “no hay motivos” para destituir al mandatario, su otrora archienemigo.

Y el propio partido de Merino, Acción Popular (AP), evidenció graves divisiones internas y varios de sus líderes expresaron pública y enfáticamente su rechazo a las maniobras para la destitución.

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