Investigación

Era el periodista estrella, pero fue desenmascarado

Claas Relotius falsificó reportajes en “Der Spiegel” y un colega lo descubrió.

Claas Relotius
Claas Relotius

Demasiado bueno para ser verdad. Eso pensó Juan Moreno cuando le tocó trabajar por primera vez junto al premiado periodista alemán, Claas Relotius. En cada uno de sus textos, el redactor estrella de la revista alemana Der Spiegel parecía alcanzar lo que era inaccesible para otros: conseguía las historias que nadie podía conseguir, hablaba con los personajes con los que nadie lograba hablar.

Las sospechas de Moreno, un periodista español que trabajaba freelance desde Berlín para el prestigioso semanario alemán basado en Hamburgo, comenzaron en noviembre pasado cuando viajó a México para cubrir la caravana de migrantes. Allí, le dijeron desde Der Spiegel que debía realizar un reportaje en conjunto con la gran pluma alemana: Claas Relotius. Moreno acompañaría a un migrante en su viaje a la frontera y en Estados Unidos, Relotius se filtraría entre un grupo de milicianos civiles dispuestos a frenar la llegada de migrantes. El reportaje se titularía La Frontera de Jaeger.

Pero cuando a Moreno le llegó un texto firmado a medias, detectó varios detalles que no le cerraron. Su preocupación fue aún mayor cuando recibió un segundo borrador del periodista alemán de 33 años que incluía una escena final en donde un miliciano le disparaba a “algo que se movía”, insinuando que se trataba de un migrante. “Es imposible que un buen periodista presencie una escena semejante y no la incluya desde el primer momento”, dijo Moreno en una entrevista con el diario El País de Madrid.

A partir de ese momento, Moreno comenzó su difícil lucha por la verdad, seguro de que Relotius escondía un gran secreto. Ni bien comenzó a indagar en el tema descubrió un artículo publicado en la prensa estadounidense que se parecía sospechosamente al de Relotius. En él salía también un miliciano llamado Jaeger, pero había detalles de los personajes que no coincidían. Escribió al departamento de comprobación de datos y documentación pero no le dieron seguimiento al tema. El hecho de que el reportaje se publicara preocupó aún más a Moreno, quien no quería que asocien su nombre a un trabajo falso.

Moreno se embarcó en una misión que parecía imposible: probar que uno de los periodistas más influyentes de Alemania era, en realidad, un fraude.

Relotius había ganado cuatro veces el gran premio del periodismo alemán y había sido nombrado el periodista del año por la CNN. Además, era un hombre que caía muy bien en la redacción. “Todos en Der Spiegel lo apreciaban. Sus compañeros me han dicho: ‘Si lo hubieras llegado a conocer, no habrías hecho esto”, dijo Moreno en la entrevista.

La investigación casi le cuesta a Moreno su propia credibilidad. Él era un periodista freelance, un “outsider” y no contaba con la trayectoria de su colega. En cambio, Relotius era admirado por la prensa alemana y había escrito más de 60 artículos para Der Spiegel y otros diarios del país. Sus reportajes estaban bien escritos, llenos de acción y con personajes que le confesaban sus secretos más íntimos. “Como jefe de una sección, tu primera reacción al recibir historias como esas es de satisfacción, no de sospecha”, reconoció Ullrich Fichtner, uno de los responsable de la revista, en una larga reconstrucción del caso, quien además describió a Relotius como alguien “modesto, alto, reservado, atento, en ocasiones demasiado serio. Pero, en conjunto, el tipo de persona a cuyos padres te gustaría felicitar”.

Al ver que las inconsistencias crecían, Moreno le escribió al jefe de la sección Sociedad, quien había encargado el reportaje. Pero no le creyó. Luego recibió un llamado del propio Relotius. “Me di cuenta de que estaba mintiendo y de que había un problema muy grande”, dijo el periodista freelance.

Moreno pasó cinco semanas investigando el caso de Relotius. En un viaje a Estados Unidos localizó a los personajes del reportaje y les mostró una foto del periodista alemán. Nunca habían visto a ese hombre. Aunque Moreno grabó las entrevistas, seguían sin creerle. Pero poco a poco, empezaron a salir a la luz las inconsistencias. Personas que supuestamente habían hablado con Relotius en otros reportajes, comenzaron a decir que jamás habían tenido contacto con el periodista.

Encontró un artículo en el que se suponía que Relotius había hablado con los padres de Colin Kaepernick, un jugador de fútbol americano que había protestado contra el racismo, y cuya familia se había rehusado hablar con la prensa, también con la alemana. Cuanto más investigaba, surgían más inconsistencias.

Relotius incluso había modificado el correo de una mujer llamada Janet, encargada de prensa del grupo de vigilantes al que supuestamente había acompañado Relotius en Arizona, en el que exponía al premiado periodista.

Guiados por Moreno, los jefes de la publicación se reunieron con un informático y comprobaron que Relotius había manipulado el correo y que nunca había estado con los patrulleros de Arizona. El día anterior, una de las jefas de Relotius se había enfrentado a él tras descubrir otra mentira, esta vez en Facebook. Finalmente el periodista estrella se derrumbó y confesó. Dijo que había sido motivado por el “miedo al fracaso” y que “la presión para no fallar fue creciendo a medida que iba teniendo más éxito”. Juntó sus cosas y abandonó la revista que le encumbró a la cima del periodismo alemán.

El 22 de diciembre, Der Spiegel publicó un número especial con una portada roja con grandes letras blancas en las que se lee: “Cuenta lo que es”. Son palabras del fundador de la revista, Rudolf Augstein, las mismas que ocupan un lugar destacado en la redacción de Hamburgo y que Relotius traicionó hasta su amargo final. Aquel número dedicó 23 páginas al asunto. En él se afirmaba que las alarmas deberían haber saltado en numerosas ocasiones. Como cuando Relotius pidió a los traductores de la edición internacional que no publicaran sus piezas en inglés. O cuando pidió que no divulgaran en la web una foto de la edición impresa.

La revista creó una comisión de investigación que la encabeza la exdirectora de Berliner Zeitung. Durante meses analizarán “cómo Claas Relotius pudo falsificar historias, inventar protagonistas, engañar a los colegas y burlar los sistemas de control de calidad, y qué cambios en la organización deben adoptarse”, según indica en un correo una vocera de la publicación que evita ofrecer más detalles hasta más avanzada la investigación. Por el momento, todos los artículos de Relotius aparecen en la web con una nota que advierte que pudieron ser falsificados. “No es un reportero”, escribió Der Spiegel, “sino alguien que cuenta cuentos de hadas cada vez que quiere”.

Mientras, se conoció que Relotius pidió dinero a los lectores para ayudar a las víctimas que aparecían en los reportajes. No se sabe aún cuánto dinero recaudó ni qué parte fue a parar a ONG. A través de sus abogados, él reconoció haber recaudado dinero de los lectores, pero aseguró que lo donó a causas humanitarias. La revista comprobó que parte de ese dinero efectivamente había ido a parar a una ONG.

El caso de Relotius despertó un intenso debate global en torno al periodismo en la era de las fake news y la necesidad de crear historias más atractivas para los lectores, incluso si esto significa en ocasiones jugar con la verdad.

Por su parte, Juan Moreno no termina de creer todo lo que vivió en los últimos meses. “Los engañó a todos y me hubiese engañado a mí también si lo hubiese conocido”. Moreno reconoce que pensaba que nadie sería capaz de hacer algo así, y eso era lo que lo frenaba. “Creo que en el fondo pensaba que hay ciertas normas que todos cumplimos”, concluyó en su entrevista con El País.

Der Spiegel enfrenta una profunda remodelación mientras analiza el caso. Relotius espera en silencio.

Inventaba noticias y empresas

Uno de los casos más recordados es el del periodista Stephen Glass, quien trabajaba en la revista The New Republic y fue despedido con gran escándalo en 1998 debido a que inventaba personajes y compañías de manera recurrente para adornar sus materiales, engañaba al servicio de comprobación de hechos desarrollando sitios web de empresas ficticias y hasta respondía a llamadas de quienes deseaban comprobar esos datos.

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