LA MARCHA DE LA PANDEMIA

Pasaporte sanitario, una idea que cobra fuerza en varios países para los viajes

El concepto no es nuevo. Muchos países imponen la obligación de vacunarse de ciertas enfermedades para entrar en su territorio. OMS dice que iría contra el “principio de equidad”.

Hombre con tapaboca caminando por un aeropuerto. Foto: AFP
Hombre con tapaboca caminando por un aeropuerto. Foto: AFP

Un “pasaporte de vacunación” que habilite a viajar en medio de la pandemia del COVID-19 es una medida que está tomando fuerza en varios países. Sin embargo, algunos científicos invitan a no precipitarse debido al poco conocimiento que se tiene todavía de las flamantes vacunas.

El concepto no es nuevo. Muchos países imponen la obligación de vacunarse de ciertas enfermedades para entrar en su territorio, como puede ser el caso de la fiebre amarilla. Los centros de salud entregan una cartilla de vacunación amarilla, oficialmente llamada “Certificado internacional de vacunación o profilaxis”, reconocida por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Algunos también trazan un paralelo con las vacunas infantiles que son obligatorias para inscribirse en la guardería o la escuela.

El director ejecutivo de la aerolínea australiana Qantas, Alan Joyce, fue el primero en defender en noviembre la necesidad de que los viajeros internacionales estuvieran vacunados contra el COVID-19 para poder embarcar. Otras compañías y responsables gubernamentales se pronunciaron en el mismo sentido, subrayando que un certificado permitiría evitar las medidas de cuarentena de entrada a un país.

Las compañías del Golfo, Emiratos y Etihad, probarán próximamente la aplicación “IATA Travel Pass”, concebida por la Asociación Internacional del Transporte Aéreo, que permitirá a los pasajeros “verificar que su test previo al viaje o su vacunación responden a las exigencias de su destino”.

Los partidarios del pasaporte de vacunación también ven en él una manera de “volver a la vida de antes”, con un acceso seguro a por ejemplo las salas de espectáculos, los restaurantes y los estadios de fútbol.

Para sus detractores, constituiría una afrenta a las libertades individuales. Incluso el presidente de los Aeropuertos de París, Augustin de Romanet, si bien es “favorable” a “medidas que permitan limitar al máximo el parón de la economía”, juzga “orwelliano” “caer en un sistema en el que por el hecho de que uno no se ha vacunado no puede ni franquear la puerta de la panadería”.

Otros advierten del riesgo de la aparición de un mercado negro de vacunas, como ya existe para los certificados de PCR negativos.

La comunidad médica, por su parte, subraya que una cosa es crear un documento con la idea de que este evitará propagar la epidemia y otra es la protección real que ofrecen las vacunas.

Vacuna coronavirus. Foto: AFP
Vacuna coronavirus. Foto: AFP

Las vacunas desarrolladas hasta ahora impiden desarrollar la enfermedad del COVID-19, pero los estudios todavía deben determinar si evitan además la infección con el virus y su transmisión. Se desconoce también por ahora durante cuánto tiempo protegen.

La aparición de variantes del coronavirus que podrían volver menos eficaces las vacunas actuales refuerzan estas dudas.

Por último, ante el número limitado de dosis disponibles en el mundo, algunos argumentan que imponer un pasaporte sanitario sería discriminatorio para quienes todavía no pudieron ser vacunados.

Al menos 135,5 millones de dosis de vacunas anticovid fueron administradas en el mundo, en al menos 90 países. En este contexto, los expertos de la OMS siguen oponiéndose a que la vacunación contra el COVID-19 sirva para facilitar los viajes internacionales.

“En el período actual, donde sólo existen pocas vacunas disponibles, un tratamiento preferente para los viajeros internacionales iría contra el principio de equidad”, dicen en un documento.

Consenso en la UE.

El asunto es discutido al más alto nivel en los gobiernos de todo el mundo. Países de la Unión Europea (UE) lanzaron la idea del pasaporte de vacunación, pero la iniciativa es aún objeto de discusiones para definir una posición común.

Grecia, un país que en gran parte depende del turismo, propuso en enero el establecimiento de un certificado de vacunación de alcance europeo. El país aún no ha implementado dicho documento ya que las autoridades están esperando por una decisión de la UE.

En España aún no existe tal documento, aunque las autoridades son favorables a la iniciativa, al considerar que puede ser “un elemento muy importante para garantizar el regreso a la movilidad con seguridad”, dijo la ministra de Relaciones Exteriores, Arancha González Laya. “La certificación de vacunación es algo a lo que nos dirigimos, creo que inevitablemente”, añadió la funcionaria.

Dos mujeres en el aeropuerto de Heathrow, en Londres, el pasado julio. Foto: AFP
Dos mujeres en el aeropuerto de Heathrow, en Londres, el pasado julio. Foto: AFP

Suecia y Dinamarca ya anunciaron la implementación de certificados electrónicos, utilizables para viajes al exterior pero que podrían servir también para acceder a eventos deportivos o culturales, o incluso a restaurantes (en el caso de Dinamarca).

Finlandia, a su vez, prepara el lanzamiento certificados electrónicos. Islandia, que no forma parte de la UE pero pertenece al espacio Schengen, comenzó a emitir estos documentos digitales a finales de enero.

Estonia, por su parte, trabaja con la OMS en el desarrollo de certificados de vacunación digitales. Y el Reino Unido anunció ayer miércoles que está en conversaciones con sus homólogos en Estados Unidos y Singapur sobre la posibilidad de crear un sistema de certificación internacional que permita viajar si se está libre de covid.

La OMS recomienda la vacuna de AstraZeneca a mayores de 65 años
Vacuna de AstraZeneca. Foto: Reuters

La Organización Mundial de la Salud (OMS) anunció ayer miércoles que la vacuna de AstraZeneca puede administrarse a mayores de 65 años y usarse en los países donde circulan variantes del COVID-19, pese al cuestionamiento de su eficacia en ambos casos.

“Tomando en cuenta todas las pruebas disponibles, la OMS recomienda el uso de la vacuna en personas de 65 años y más”, declaró el Grupo de Expertos en Asesoramiento Estratégico sobre Inmunización (SAGE).

Esta vacuna, desarrollada por el laboratorio británico AstraZeneca y la Universidad de Oxford, enfrentó críticas en las últimas semanas, ya que su eficacia no se consideró concluyente para mayores de 65 años y en países donde circulan variantes.

Como ejemplo de ello, Sudáfrica, donde apareció una variante del COVID-19, dijo estar dispuesta a vender o intercambiar un millón de dosis de esta vacuna, privilegiando la de Johnson&Johnson.

La vacuna de AstraZeneca, que el Reino Unido administra desde diciembre, representa una pieza clave del sistema COVAX de la OMS.

Ante la creciente preocupación por las variantes, mucho más contagiosas, la Unión Europea (UE) aseguró ayer miércoles querer impulsar su producción de vacunas. “Fuimos demasiado optimistas en lo que respecta a la producción masiva. Y quizás estábamos demasiado seguros de que lo que pedimos se entregaría a tiempo”, reconoció la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.

Planes de Israel

Israel planea abrir algunos hoteles, gimnasios y otras instalaciones de ocio en dos semanas a personas documentadas como inmunes al COVID-19. Después de haber administrado las vacunas de Pfizer a casi el 40% de sus 9 millones de habitantes, Israel vio las primeras señales de haber superado las variantes del virus.

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