FRANCIA

Palacio de Versalles ya recupera su esplendor

Cómoda de laca está de vuelta en su lugar después de 230 años.

Restauración del Palacio de Versalles. Foto: AFP
La cómoda de laca negra está de vuelta en Versalles. Foto: AFP

El Palacio de Versalles quiere recobrar hasta el último detalle de su esplendor truncado con la Revolución Francesa. Su último objeto recuperado es una espectacular cómoda del siglo XVIII, comprada por 4 millones de euros.

El mueble, en laca negra de Japón, fue adquirido a un coleccionista estadounidense, gracias a una donación de una particular. Después de 230 años, recuperó su lugar en la habitación de la Delfina.

La antigua morada de los reyes de Francia, situada a las afueras de París, es uno de los lugares turísticos más frecuentados del país, con 8,1 millones de visitantes en 2018.

“Poco a poco, volvemos a amueblar Versalles. Es muy difícil puesto que todos los muebles fueron dispersados después de la Revolución. Algunos vuelven a aparecer pero son muy caros”, asegura a la AFP Laurent Salomé, director del Museo Nacional del Palacio de Versalles. La cómoda, de estilo rococó y realizada por un célebre ebanista de la época, Bernard II Van Riesen Burgh, fue entregada en 1745 para la habitación de la delfina María Teresa Rafaela de Borbón, esposa del delfín de Francia Luis Fernando, hijo de Luis XV. La disfrutó también su sucesora, la delfina María Josefa de Sajonia.

Con los disturbios de la Revolución de 1789, el mueble desapareció. Reapareció un siglo más tarde en el mercado del arte pero sin que se conociera su procedencia real.

Cambió de manos varias veces hasta que para una venta en Christie’s en 1998, un experto se dio cuenta de que llevaba inscrito el número “1343” en la parte trasera. La cifra correspondía al número de inventario de la cómoda de la habitación de la Delfina realizado por la Corona, lo que permitió establecer su pertenencia al Palacio de Versalles.

La casa de subastas la vendió finalmente poco después a un gran coleccionista estadounidense que la conservó durante 20 años y que ahora la vendió por “un poco más de 4 millones de euros”, según Salomé.

Su compra fue posible gracias a una donación de una residente de Mónaco ya fallecida, Jeanne Heymann, quien deseó contribuir al regreso de los objetos de arte perdidos del Palacio de Versalles.

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