Nicaragua violenta

Oposición al régimen de Ortega se reagrupa tras caída de bastión rebelde

Gobierno canta “victoria” sobre un plan “terrorista y golpista”.

Paramilitares: de camisetas azules, caras cubiertas y emblemas sandinistas, las fuerzas de Ortega patrullando ayer en Masaya. Foto: AFP
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A la fuerza el régimen de Daniel Ortega en Nicaragua tomó el control de la ciudad de Masaya, pero está lejos de terminar con la rebelión de la población que exige su salida del gobierno. Ortega, que se sostiene gracias al apoyo de los militares, policías y grupos armados de militantes sandinistas, se lanzó ahora a la caza de los líderes de la rebelión, en medio de una creciente presión internacional para que cese la represión y convoque elecciones generales.

Rosario Murillo, esposa de Ortega y vicepresidenta del gobierno, proclamó ayer la "victoria" sobre un supuesto plan "terrorista y golpista" y celebró la caída de Masaya. "Proclamamos nuestra victoria, nuestro avance sobre esas fuerzas tenebrosas, diabólicas, que durante tres meses azotaron y secuestraron la paz, pero no pudieron", dijo Murillo.

No queda claro cuántas personas murieron en la toma de Masaya: van de tres a "varias", e incluso algunos hablan de una "masacre".

Masaya, 30 km al sur de Managua, se rebeló contra Ortega y sus pobladores levantaron barricadas de adoquines para repeler ataques de grupos armados y encapuchados afines al gobierno.

Ayer, un día después de la toma de Masaya, esos policías y paramilitares encapuchados y fuertemente armados con emblemas y banderas del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) recorrieron la ciudad en camionetas, mientras otros limpiaban las calles de los adoquines usados en las barricadas por los manifestantes antigubernamentales.

Los paramilitares encapuchados vestían camisas azules y celebraron la victoria echando vivas a Ortega.

La toma de Masaya, tras una violenta batalla de seis horas, se dio en víspera del 39 aniversario de la Revolución Sandinista, que se cumplen hoy jueves 19 de julio.

Resistencia.

Las protestas se iniciaron el 18 de abril contra una reforma de seguridad social, pero tras la represión que deja un saldo de más de 350 muertos, se transformó en una demanda para la salida de Ortega del poder.

Un organismo de derechos humanos denunció ayer que unos 200 pobladores huyeron por las laderas de la laguna de Masaya perseguidos por la policía por su participación en las protestas. "En este momento, estas personas que se refugiaron en el bajadero (laderas) de la laguna de Masaya están siendo perseguidas para su captura por la policía y paramilitares, que están usando perros para su búsqueda", dijo el secretario de la Asociación Nicaragüen- se Pro Derechos Humanos (Anpdh), Álvaro Leiva.

Livia Castillo, un ama de casa de 38 años, advirtió que "no sabemos (lo que va a pasar), yo me siento muy asustada, nunca había pasado esto. Tengo un hijo varón de 16 años, y tengo miedo de que se lo lleven. Nos sentimos muy tristes". "Ya nos ganaron la batalla (aunque) los muchachos dicen que no están derrotados, que van a seguir, pero nosotros como madres nos preocupamos por nuestros hijos, porque andan muchos jóvenes", dijo Castillo.

Desde "casas seguras", cientos de opositores a Ortega planeaban ayer miércoles los próximos pasos tras la caída de Masaya. Protestas esporádicas, grandes marchas y presión internacional son algunas de las opciones que barajan los principales líderes de la resistencia contra Ortega.

"Aquí no se rinde nadie", dijo, exigiendo el anonimato, uno de los líderes del Movimiento 19 de Abril, quien escapó el martes de Monimbó, uno de los barrios rebeldes de Masaya. "Esto es como una pausa y volvemos", agregó el joven, quien ahora comparte casa con varios compañeros que lograron escapar a la arremetida del martes de las fuerzas de choque del régimen.

Agotados: descanso entre escombros tras horas de combate. Foto: Reuters
Agotados: descanso entre escombros tras horas de combate. Foto: Reuters

Elecciones.

La OEA pidió ayer miércoles a Ortega que "apoye un calendario electoral" acordado en el diálogo nacional, mediado por la Iglesia Católica, en una fórmula que busca elecciones anticipadas como vía para salir de la crisis que ha dejado más de 360 muertos en tres meses. La solicitud sobre los comicios fue incluida en una resolución aprobada en una sesión extraordinaria del Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA), con sede en Washington.

El texto fue impulsado por siete países (Argentina, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Perú y Estados Unidos) y respaldado por México.

La Conferencia Episcopal de Nicaragua, mediadora y testigo de dicho diálogo, solicitó el 7 de junio a Ortega que adelantara los comicios al 31 de marzo de 2019; pero, el pasado 7 de julio, Ortega lo rechazó, al considerar que ya habría "tiempo para las elecciones tal y como lo manda la ley".

La resolución fue aprobada con el voto a favor de 21 de los 34 países que son miembros activos de la OEA, mientras que tres (Nicaragua, Venezuela y San Vicente y las Granadinas) votaron en contra y se registraron siete abstenciones, así como tres ausentes.

El lunes el gobierno uruguayo suscribió una declaración, junto a otros países de la región, pidiendo "elecciones libres, justas y oportunas" en Nicaragua y el cese de la violencia en ese país.

Tres meses de tensión

El origen. El 18 de abril, por recomendación del FMI, el gobierno presenta una reforma previsional que incrementa las contribuciones y disminuye las pensiones, desencadenando manifestaciones lideradas por estudiantes, severamente reprimidas. El 22 de ese mes, Ortega da marcha atrás con la reforma, tras una ola de protestas marcadas por enfrentamientos y saqueos, que dejó 25 muertos en cinco días.

El Desenlace. La marcha atrás en la reforma no calma la ira, y el 23 de abril miles de personas se manifiestan en Managua para denunciar la represión. Desde entonces, las manifestaciones exigiendo la salida de Ortega y el llamado a elecciones no han cesado, en las que han muerto más de 360 personas y miles resultaron heridas. La comunidad internacional comienza a condenar a Ortega por la represión a las protestas.

COMISIÓN DE OEA.

"Nicaragua sigue el camino de Venezuela"

"La situación en Nicaragua es alarmante y cada día empeora aún más", afirmó el secretario de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), ente autónomo de la OEA. "La fotografía del momento es muy grave", dijo Paulo Abrao.

—El gobierno nicaragüense criticó que no se señalen las "atrocidades" cometidas por los opositores. ¿Es así?

—El conflicto está cambiando. Primero había una represión clásica de fuerzas policiales contra manifestantes. Y en la medida en que la gente se siente amenazada, reacciona para defenderse. Pero la proporción de fallecidos y heridos demuestra claramente que se trata de un operativo combinado de fuerzas policiales y parapoliciales contra opositores al gobierno.

—¿Existen las llamadas "operaciones de limpieza"?

—Efectivamente, se han nombrado estas operaciones de limpieza por parte del Estado, ignorando la vía del diálogo y realizando ofensivas represivas hacia la población, por medio de detenciones masivas y también de asesinatos. Esas operaciones ya son hoy asumidas formalmente por parte de las autoridades como acciones para recuperar el control del Estado. Y ahora empiezan a agregar una narrativa de que se justifican por la existencia de terroristas entre los manifestantes.

—La CIDH señaló una profundización de la crisis. ¿Por qué?

—Hay una escalada de la violencia y una diversificación de las formas de represión. Ahora hay secuestros, toma de tierras, invasión de casas en las madrugadas. La situación de Nicaragua es alarmante y cada día empeora aún más.

—¿Qué le dice el gobierno a la CIDH?

—El gobierno insiste en que hay un proceso de golpe, de que hay terroristas, y así justifica el uso de la fuerza.

—La CIDH denunció abusos de derechos humanos en Venezuela durante protestas opositoras. ¿Hay un paralelismo con lo que está ocurriendo en Nicaragua?

—Sí, hay prácticas autoritarias muy parecidas. Obviamente, lo que se intenta, o intentaba, era evitar que Nicaragua se convirtiera en una nueva Venezuela: un Estado totalmente cerrado al escrutinio internacional, con elecciones no reconocidas internacionalmente, con presos políticos, con represión estatal, ausencia de libertades públicas. Parece que Nicaragua sigue estos caminos. AFP

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