MANIFESTACIONES 

Qué opinan los analistas sobre la violencia en Chile

Investigadores, escritores y académicos dijeron cuáles son sus perspectivas sobre los días de manifestaciones y caos que hubo en Chile. 

Manifestaciones en Chile. Foto: AFP
Manifestaciones en Chile. Foto: AFP

Chile vivió jornadas de violencia el viernes por manifestaciones en contra del aumento del precio del metro. Luego, el sábado de madrugada el presidente Sebastián Piñera declaró estado de emergencia y por primera vez en democracia los militares salieron a la calle para garantizar el orden. El domingo se extendió el toque de queda a la región metropolitana de Santiago desde las 19 horas hasta las 6 de la mañana de hoy lunes. En el inicio de la jornada del lunes Chile se despertó con más calma. Pero a media mañana se decretó un nuevo toque de queda para toda la región a partir de las 20:00 hora local.

Analistas explican qué sucede en Chile, cómo se llegó a la situación de violencia y cuáles son los caminos de salida.

Sergio Urzúa, académico: “La situación es explotada por quienes buscan desmantelar el modelo de progreso”.

"Es osado e ingenuo asociar causalmente el vandalismo y el crimen, los últimos días, con la desigualdad. En el Chile del pasado, pobre y desigualdad, la violencia también causó estragos. Desde el retorno a la democracia, la sociedad chilena ha realizado esfuerzos importantísimos para asegurar el control de la violencia por parte de la sociedad civil. Confundir un reclamo justo con un crimen evidente parecía impensado. Lo observado en los últimos días demuestra, sin embargo, que esos esfuerzos han sido insuficientes. La educación no ha sabido inculcar el respeto irrestricto a las reglas básicas de civilidad entre todos los chilenos. La tibia y acomodadiza respuesta de algunos políticos, incluyendo a los más jóvenes. demuestra el atraso. La cultura de la violencia no ha sido erradicada. Anarcos y delincuentes han hecho de las suyas. Por supuesto, la situación es explotada por quienes apuestan por desmantelar el modelo de progreso. Esto no es novedad. En el siglo XX y lo que va del XXI, son muchos los casos de países que cedieron ante las presiones. Desde la trampa de ingreso medio hasta por qué fallan las naciones, la falta de control de la violencia aparece una y otra vez como una causa del descarrilamiento. Las que lograron dar el paso al desarrollo navegaron las situaciones de conflicto de forma hábil. Pensar que con el congelamiento de la tarifa del metro se arregla el problema es como pensar que con una aspirina se termina un cáncer. Este es un desafío de proporciones: la clase política debe evitar caer en el cortoplacismo, los eslóganes y el desmantelamiento irracional de lo logrado. El liderazgo y la unidad en torno a una visión de largo plazo que sustente el progreso, la igualdad de oportunidades, son esenciales para terminar con los tristes hechos hasta ahora observados".

Axel Kaiser, ejecutivo de Fundación para el Progreso: “La mayoría de los ciudadanos quiere trabajar, progresar y tener orden”.

Axel Kaiser. Foto: Leonardo Mainé
Axel Kaiser. Foto: Leonardo Mainé

"Me parece que en lo que está ocurriendo confluyen distintos elementos. Uno de ellos es un discurso demagógico y populista que se ha ido instalando en el último tiempo de que supuestamente vivimos en un sistema abusivo que habría beneficiado a unos pocos, lo que es falso, cuando se analiza toda la evidencia. A ello se suman sentimientos de rabia y frustración. Hay que decir que la mayoría de los ciudadanos quiere progresar, trabajar, quiere orden y tranquilidad. Por eso es que votaron mayoritariamente por el presidente Sebastián Piñera y no por Alejandro Guillier en la última elección. Respecto de los hechos de violencia, es claramente criminalidad lo que vemos. Hay que ser ingenuo para no ver cierto nivel de organización en los hechos ocurridos. Paralelamente, los dichos de un sector de la izquierda justificando la violencia son impresentables. Eso demuestra que en Chile no tenemos consenso en torno al respeto del orden democrático. Si eso no existe en las élites políticas, qué se puede esperar del resto del país más que el caso. El Frente Amplio y el PC no creen en las democracia ni en los derechos humanos. Buscan sembrar el caos porque calculan que podrán concentrar el poder en sus manos. Parece que no han aprendido nada de la historia. En esto hay que distinguir claramente las manifestaciones pacíficas de rechazo de alguna política gubernamental de lo que es la validación de la violencia y los destrozos que terminan por arruinarle la calidad de vida a la gente más vulnerable y que no podrá ir trabajar ni hacer su vida normal".

Toque de queda en Santiago de Chile, Valparaíso y Concepción
Estación de metro en Chile tras protestas por el aumento de precio del boleto. Foto: AFP

Bettina Horst, subdirectora de LyD: “Para recuperar el diálogo, se requiere ir más allá de las trincheras políticas”

"Lo que hemos visto en estas últimas horas va mucho más allá del alza de la tarifa del Transantiago. Situaciones similares ya hemos visto en otros países, donde a partir de un hecho puntual se generan hechos de violencia como los vistos. Recientemente, en Ecuador, un país con indicadores que reflejan una menor desigualdad que Chile, hemos visto imágenes similares. Lo que se ha llamado el descontento social va más allá de las consignas políticas de moda. Nadie puede desconocer el progreso que Chile ha registrado en los últimos 30 años. Pero los últimos 5 han sido los peores en comparación a los 30 anteriores. El malestar, más que con el pasado, tiene que ver con lo que se vislumbra para el futuro. Medidas populistas y cortoplacistas solo profundizarán el descontento, ya que definitivamente el país quedará estancado. Para recuperar la paz y capacidad de diálogo, piedra angular para avanzar como país, se requiere de una mirada que va más allá de las trincheras políticas. El gran ausente ha sido la condena trasversal de todos los sectores políticos y líderes de opinión a los hechos de violencia. Están en juego el Estado de Derecho y nuestra democracia. A menor escala, esto ya lo hemos visto en el Instituto Nacional. La falta de una condena transversal a los hechos de violencia, simpatizando con las demandas de los grupos cada vez mas radicalizados, ha llevado a prácticamente a su destrucción. Depende de cada uno de nosotros que ello no sea una realidad que se extienda a todo el país".

Manifestaciones en Santiago de Chile. Foto: Reuters
Manifestaciones en Santiago de Chile. Foto: Reuters

Ricardo Capponi, psiquiatra: “Se busca generar la sensación de que no se quiere más el modelo”.

"Esto nace, en principio, como una fuerza social de los adolescentes. Es un grupo que con mucha facilidad se entusiasma desde la agresión y la omnipotencia, propias de la adolescencia, y hay organizaciones políticas que lo han conducido para la obtención de sus fines, que es el rechazo al modelo. La idea es mostrar que la sociedad quiere destruirlo. Este es un fenómeno interesante, porque se está poniendo sobre la parrilla lo esencial que atraviesa al conflicto social en Chile. ¿Usaremos estas manifestaciones de malestar, que son movilizaciones de cambio que toda sociedad necesita, para interpretar que se deben realizar cambios graduales y reformistas cuidando el modelo, o lo haremos para iniciar un proceso de destrucción con la esperanza de que se extienda a toda la sociedad y termine refundando un sistema desde las cenizas? La pregunta es, ¿estos eventos pueden expandirse a una situación sumanente destructiva? ¿O estos son momentos regresivos transitorios que no van a tener la acogida en el resto de la sociedad y no se van a transformar en movimientos sociales graves?Mi impresión es que el nivel de malestar, si bien es significaivo en la población, no alcanza los niveles que se requieren para que esto se perpetúe en una sociedad como la que vivimos en la década del 70.
Para que esto se expanda, se requiere un estado mental en la sociedad que se describe como paranoiogénico, en el que las carencias son graves en distintos ámbitos y extremos, y no estamos en esa situación".

Roberto Méndez, analista: “No sabemos qué magnitud tendrá”.

"No hay que minimizar lo que sucede. Esto es más profundo que el alza de 30 pesos del metro. Sería absurdo pensar que eso generó el movimiento. Hay un descontento, y esto fue la chispa que lo activó y que no sabemos qué magnitud tendrá. Tampoco me atrevería a decir que viene un cambio radical, pero hay que estar atentos a lo que pueda venir. No hay que olvidar que el movimiento estudiantil del 2011 partió por las protestas por el pase escolar.  Lo que está sucediendo es grave. Es claro que lo del metro durará semanas. Esto va a traer un transtorno generalizado a la población de Santiago. Y llama la atención hasta ahora que sea un movimiento sin líderes ni rostros claros. Como ha sido espontáneo, tiene enmudecido al mundo político. Aún no hay una propuesta clara. El Gobierno y la oposición están sobrepasados".

Un manifestante alza un cartel frente a un militar en Chile. Foto: AFP
Un manifestante alza un cartel frente a un militar en Chile. Foto: AFP

Gloria de la Fuente, directora de Chile XXI: “Coyuntura crítica”.

"Como ocurre con los estallidos sociales, esta rabia que hoy se expresa tiene múltiples causas. Y creo que la miopía del mundo político en general ayudó a profundizar la crisis hasta llegar a este nivel. A eso hay que agregarle la falta de empatía, la sensación de impunidad y de abuso de poder que muestran distintos estudios. La desigualdad tiene múltiples expresiones en Chile. Esto es lo que se llama en ciencias sociales una “coyuntura crítica”. Nada volverá a ser como antes en Chile y lo que pase en el futuro solo dependerá de la sensatez y la generosidad con que los líderes de nuestro país asuman su responsabilidad. Y asuman, con humildad, que son parte del problema".

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