"POSMACRISMO"

El oficialismo argentino se prepara para ser oposición

Lo que está en marcha es un plan de supervivencia, para después dar paso a la reconstrucción de un espacio opositor, bajo nuevos liderazgos.

Horacio Rodríguez Larreta. Foto: Reuters.
Horacio Rodríguez Larreta. Foto: Reuters

Ante las dificultades para ganar las elecciones, en el oficialismo argentino comenzó el proceso que dará a luz a una nueva etapa: el posmacrismo. Lo que está en marcha es un plan de supervivencia, para después dar paso a la reconstrucción de un espacio opositor, bajo nuevos liderazgos.

En ese escenario, que ya se debate y trabaja bajo radar para no generar incomodidad en la cúpula del Poder Ejecutivo, es fundamental que el presidente Mauricio Macri haga “la mejor elección posible”; que la gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal, alcance el número que le permitió ganar la provincia hace casi cuatro años; pero principalmente que Horacio Rodríguez Larreta mantenga el poder en la comarca macrista, la ciudad de Buenos Aires, también bajo amenaza.

Si el kirchnerismo le arrebata al macrismo el territorio porteño no habrá margen para armar una oposición fuerte durante los próximos cuatro años. “Alberto (Fernández) quiere la ciudad porque así se queda sin oposición”, analizó una altísima fuente de la administración porteña.

Un buen resultado electoral el 27 de octubre posicionará al jefe comunal como el sucesor natural de Macri. Pero a diferencia de lo que sucedió hasta ahora en PRO, que desde hace 16 años se manejó bajo la conducción de la misma persona, lo que se prepara para tomar el control es una construcción colectiva que incluye a Vidal y al primer candidato a senador porteño, Martín Lousteau.

También emergen en ese nuevo espacio dirigentes peronistas con peso propio en PRO. Eso sí, aquí no hay, al menos en esta etapa, lugar para el jefe de Gabinete, Marcos Peña, ni el resto de los ministros nacionales.

Sin margen de maniobra y presionado por Vidal y Rodríguez Larreta, Macri dejó de lado la ortodoxia económica que guió gran parte de su gestión y dispuso de una batería de medidas orientadas a las clases media y media-baja, base de sustentación en 2015 y 2017.

El objetivo de máxima es forzar un ballottage, aunque, según reconocieron en la Casa Rosada, las chances son bajas. En segundo término, refugiarse en cuarteles de invierno, pero con poder de fuego para forzar al kirchnerismo a sentarse a una mesa de negociación.

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