Más de 11.000 africanos fueron rescatados en 17 días por Italia y 1.727 murieron

La odisea de los desesperados

El drama no conoce fin. Oleadas de migrantes ilegales que huyen de la desastrosa situación en varios países de África —el caos imperante en Libia es la nueva fuente de una corriente incontenible— arriesgan sus vidas para cruzar el Mar Mediterráneo en precarias embarcaciones, en muchos casos con la participación de mafias de traficantes de personas, en el desesperado intento por acceder a una vida en condiciones dignas en la Unión Europea.

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Migrantes procedentes de Libia aparecen en la cubierta de una nave de Malta. Foto: Reuters

Italia y Grecia están en el frente que recibe esta avalancha humana cotidiana que no da tregua y también tiene ramificaciones que se extienden y exigen una respuesta de emergencia a España y Alemania.

La perspectiva es desalentadora. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) informó que 1.727 personas han muerto en lo que va del año en su intento por cruzar el Mediterráneo y llegar a suelo europeo, treinta veces más que en el mismo periodo del año pasado.

Al haber llegado la Primavera y comenzado el tiempo caluroso, se estima que el número de migrantes que pongan en riesgo su vida para hacer una travesía signada por la incertidumbre puede incrementarse de manera sostenida, si se tiene en cuentra que más de 11.000 fueron rescatados en 17 días de abril. La Guardia Costera de Italia no tiene respiro en la extenuante tarea de rescate.

Entre el 1° de enero y el 21 de abril del año pasado se habían reportado 56 muertes de inmigrantes ilegales en el Mediterráneo.

El periodo más trágico se registró en la última semana, con más de un millar de ahogados.

Solo el pasado fin de semana, 770 migrantes sucumbieron al naufragar las lanchas en las que habían partido de Libia con la esperanza de llegar a Italia. A ellos se suman, en los últimos días, otros 400 muertos el pasado día 14 y cincuenta adicionales tres días después, además de cifras menores de ahogados a diario.

Terrible.

De la última tragedia confirmada en el Mediterráneo, con el naufragio de una embarcación que se cree transportaba a unos 800 migrantes —las cifras de estos viajes clandestinos son difíciles de precisar— sólo se logró rescatar a 28 sobrevivientes que fueron trasladados a la localidad de Catania, en Sicilia (Italia). En su mayoría son personas procedentes de África Subsahariana, concretamente de Mali, Gambia, Costa de Marfil, Eritrea, Senegal y Sierra Leona. También hay un adolescente de Bangladesh y otro de Túnez, precisó la OIM.

Los relatos de los sobrevivientes reflejan la desesperación y angustia que enfrentaron en el mar. El adolescente bangladesí explicó a las autoridades italianas que había tres tipos de pasajeros a bordo. "Los que tenían menos dinero estaban encerrados en la bodega", dijo el muchacho, identificado por su nombre de pila, Abdirizak, al diario Corriere della Sera. "Nosotros estábamos en el nivel medio, y sólo los que pagaron más estaban en la parte superior del barco".

Cuando se produjo la primera colisión, en plena oscuridad, hubo escenas de terror. "Todo el mundo gritaba, empujaba, golpeaba, en un ambiente terrible. Podíamos escuchar a los que estaban encerrados en la bodega gritar ¡socorro, socorro!", contó. "No sé cómo, pero conseguimos empezar a nadar justo en el momento en que el barco se hundía", a 110 kilómetros de las costas de Libia.

Según el testimonio de otro bangladesí, de 17 años, al diario británico The Daily Telegraph, la mayoría "eran africanos y no sabían nadar".

Habían pagado por su viaje entre 330 y 660 euros, indicó la Fiscalía de Catania.

Si hay motivos para la esperanza, el lunes pasado, era difícil encontrarlos en el puerto de Catania. Ribka está seguro de que la tragedia se repetirá. Tiene 28 años, era maestro en Libia hasta que, hace ahora dos años, decidió intentar la aventura. "Yo sabía que podía morir", asegura sentado en el taller de Catania en el que, de vez en cuando, le dejan que haga limpieza a cambio de un jornal. "Todos sabemos que podemos naufragar, resultar heridos o que nos devuelvan enseguida a nuestro país, pero las ganas de dejar de sufrir allí, de tener un futuro en Europa, son mucho mayores", afirma. Ribka también se embarcó en un pesquero, pagó más de 1.200 euros a los traficantes y tuvo la suerte de ser auxiliado y de llegar sano y salvo a Lampedusa.

Ahora, espera reunir algo de dinero opara alcanzar a sus familiares en Holanda. "Pero, cada vez que se produce una tragedia como esta siento una angustia muy grande", añade señalando el diario italiano en el que aparecen, con un nivel de detalles que llega a humedecer los ojos de Ribka, las penurias vividas por los supervivientes. "Logramos mantenernos con vida", declararon a la Guardia Costera de Italia algunos de ellos, "porque nos agarramos a los cadáveres que flotaban para no hundirnos".

La llegada de otro grupo a Grecia y dos barcos que estaban sin rumbo en el Mediterráneo provocaron la sensación de una tragedia sin fin. Una catástrofe causada por el deseo de huir de la pobreza o de la guerra.

"Esclavitud".

Las escenas desgarradoras de la última semana estremecieron al mundo. El primer ministro de Italia, Matteo Renzi, indicó que se requiere la activa y firme participación de toda la UE y de los países de África, que son el origen del problema. Ante la Cámara de Representantes, Renzi estimó que "lo que ocurre hoy con la trata de personas" recuerda a la época en que se enviaba a miles de esclavos de África hacia América.

TESTIMONIOS


Historia de torturas y asesinato en Libia.


Los sobrevivientes del naufragio en el Canal de Sicilia, del 19 de abril, relataron a los fiscales de Catania como permanecieron hasta un mes en Libia sufriendo torturas y que algunos fueron asesinados.

"Los inmigrantes fueron inicialmente concentrados en campos a las afueras de Trípoli, donde había entre 1.000 y 1.200 personas, y después conducidos en furgonetas hasta la costa y allí trasladados en lanchas neumáticas hasta el pesquero que se encontraba ya en mar abierto", explicaron los fiscales. Algunos aseguraron que pagaron entre 1.000 y 1.500 dinares libios (unos 600 y 1.000 euros) por el viaje mientras que otros hasta 7.000 dólares, pero dijeron desconocer las razones de tanta diferencia.

Durante su permanencia en los campos libios, algunos hasta de un mes, los traficantes "pegaban con bastones a quienes no obedecían" y algunos murieron por los golpes o por las terribles condiciones en las que se encontraban. Uno de ellos relató que "un chico fue matado a golpes durante el transporte desde la costa al pesquero sólo porque se había levantado sin permiso de la lancha. Su cadáver fue arrojado al mar".

Respecto a la reconstrucción del naufragio, explicaron que sintieron tres golpes provocados por las maniobras del traficante tunecino que llevaba el timón al querer acercarse al buque portugués que quiso prestar ayuda, "lo que provocó fuertes oscilaciones de la embarcación". La mayor parte reconoció a los dos detenidos —un tunecino y un sirio— como los traficantes que iban en el barco. EFE

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