LA RELACIONES ENTRE CUBA Y EE.UU.

"Obama nos jodió el sueño americano", dicen en Cuba

Jóvenes que iban a emigrar lamentan el fin del pies secos/pies mojados.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
El Air Force One llegando al aeropuerto José Martí de la capital cubana, en la histórica visita de Barack Obama en marzo de 2016. Foto: Reuters.

Oscar —que pide omitir su apellido— coge el teléfono en Santa Clara. Es 13 de enero de 2017 y los cubanos ya no pueden entrar sin visa en los Estados Unidos de América.

—¿Qué cómo está la gente acá? responde. La gente está brava con Obama. Se jodió el sueño americano. Imagínate tú lo que es eso acá.

Óscar es taxista. Tiene 28 años. Vive en Santa Clara, la ciudad donde reposan los restos de Ernesto Che Guevara. A él le da igual la política. No está ni a favor ni en contra del gobierno. Ni todo lo contrario. Lo único que quiere es irse a Estados Unidos a trabajar, ganar dinero y volver en unos años "pero pudiendo vivir bien".

Ya intentó una vez irse en balsa. Pero la balsa no apareció y Óscar se quedó mirando a Estados Unidos desde la costa del Caribe. Seguía con la misma idea fija en el frontispicio de su cerebro. "Ir pallá". Así de sencillo, así de difícil.

Siempre fue difícil. Ahora más.

Otra prueba para el umbral de padecimiento cubano. La enésima.

"Ahora estamos embarcados", continúa. "Ya no tenemos oportunidad de que nos den nada al llegar allá. Tendremos que irnos como inmigrantes normales".

Dice tendremos porque Óscar, y muchos como él, no han caído a la lona.

"Si me pone una lancha delante ahora mismo me subo, aunque después llegue allá y me detengan y me viren de vuelta para acá".

Óscar se enteró viendo las noticias del fin de la norma pies secos pies mojados, que daba acogida a todo cubano que pisase tierra de Estados Unidos. "Me quedé perplejo, parado, fijo como una rana. Nadie se esperaba eso. Esto es lo más fuerte que le ha pasado a los cubanos, te digo, desde el Periodo Especial. Y de aquellas por lo menos a uno lo recibían allá. Ahora no. Se acabaron los inventos".

Tantos cubanos deprimidos hoy. Los de Cuba que preparaban su salida. Los de Estados Unidos que los esperaban. Los que iban de camino.

Quien toma el teléfono en la Ciudad de Panamá es Pedro Pelegrín. Tiene 29 años, es de Ciego de Ávila (Cuba) y salió de la isla en octubre. Llegó en avión a Guyana. Pasó a Brasil. Como le dijeron que Venezuela estaba peligrosa, rodeó hasta Perú, subió a Ecuador, pasó a Colombia, cruzó a pie la temible frontera selvática con Panamá y al llegar a Ciudad de Panamá se detuvo a buscar un trabajo para ahorrar y seguir más adelante hacia Estados Unidos. Pelegrín ha dejado a sus padres en Cuba, tiene un empleo de friegacoches en Panamá y sus posibilidades de vivir en Estados Unidos se han reducido drásticamente. "Ahora no me atrevo a ir para allá. Antes te daban seguridad, te amparaban. Ahora es como lanzarse a la deriva. Uno no sabe qué hacer. No sabe a qué atenerse. A ver si el gobierno de Panamá me permite quedarme aquí. Pero de corazón: yo a mi país no regreso. Eso para mí sería una derrota enorme", afirma Pelegrín, licenciado en Filología Inglesa y cuya meta en Estados Unidos se limitaba a esto: "Trabajar".

Él está acogido por Caritas en una iglesia de Ciudad de Panamá. "A ver qué pasa con Trump. Es nuestra única esperanza", dice. En marzo, los cubanos veían en Obama una puerta al futuro. Hoy para ellos la ilusión se llama Donald J. Trump.

Y entre el drama brilla un nombre: Yunieski Marcos Roque. Puro ejemplar de la Generación Y, como se llama en Cuba a los hoy treintañeros y cuarentañeros a los que bautizaron en honor al socio soviético con nombres rusos con Y. Él fue el último cubano que pasó este 12 de enero por la frontera de Laredo a Estados Unidos. El último que entró por ahí. A sus 33 años, con su hijo Amed Marcos, de siete años, a cuestas. Por teléfono desde Laredo, contó que llegó antes de las cuatro de la tarde del jueves a la frontera entre México y Estados Unidos. Un oficial empezó a tramitar sus papeles y al cabo de un rato se puso a hablar con sus compañeros en inglés. Yunieski, con dificultades en inglés, aguzó el oído y bastó para escuchar lo suficiente para que se le congelase la espina dorsal.

"Obama". "Presidente". "Pies secos-pies mojados". "Eliminada la ley".

"Entonces el agente se viró", prosigue, y me dijo: "Felicidades. Eres el último cubano sin visa que cruza legalmente la frontera de Laredo".

Yunieski avanzó con su niño. Entró a Estados Unidos. Sacó el teléfono de su bolsillo para llamar al amigo que lo esperaba y lo ocurrió una cosa. Lo natural. "El impacto fue tan grande que los dedos no me daban para marcar".

Padre e hijo se irán a vivir a Miami. "He ganado el futuro de mi niño", dice.

Cuando atravesaba la aduana miró hacia atrás, explica, y vio gente que llegaba "y la viraban patrás". No alcanzaba a verlos. No sabe si eran cubanos.

Después del último en entrar, tal vez, los primeros en ser rechazados.

Desde La Habana, Alejandro, un joven de carácter sosegado y templado, respondió al teléfono con la misma calma de siempre. Él estaba pensando en irse también a Estados Unidos. Pero no se mostraba consternado. Sin embargo, a la hora de ponerle un número a su nivel de decepción, respondía:

—Pues diría un número alto. Del 1 al 10, le pondría un ocho.

En Santa Clara, Óscar le pasó el teléfono a su novia, Tania, de 22 años, que trabaja haciendo la manicura y mientras hacia manicuras pensaba en cuándo se iría Estados Unidos. "Se jodió la emigración". Dijo Tania.

—¿Cómo ves tu futuro?

—¿Mi futuro? Mi futuro lo veo muerto.

En TRES AÑOS viajaron 671.000 AL EXTERIOR

Un total de 671.000 cubanos viajaron al extranjero, el 78% por primera vez, desde la reforma migratoria aprobada por el gobierno de Raúl Castro en 2013, que incluyó la eliminación del permiso de salida y flexibilizó las condiciones de retorno de los emigrantes, según cifras divulgadas por la prensa oficial. El 9,6% de los que viajaron al exterior desde enero del 2013 hasta diciembre del 2015 se convirtieron en emigrantes a efectos de la ley cubana, que establece la pérdida de la residencia en la isla cuando un nacional sobrepasa los 24 meses en el extranjero. (EFE)

En sintonía con la política migratoria de Trump

Analistas ven poco probable que Donald Trump de marcha atrás con la eliminación del mecanismo pies secos/pies mojados. "No es de suponer que Trump, que ha hecho de poner orden en la migración la piedra de toque de su política, vaya a revertir el grueso de lo logrado", dijo Arturo López-Levy, académico cubano de la Universidad de Texas Valle del Río Grande.

Obama suprimió el jueves la política de pies secos/pies mojados, que favorecía la emigración ilegal hacia Estados Unidos, gesto aplaudido por La Habana al suscribir un nuevo acuerdo.

"Todo lo que se haga por órdenes presidenciales es legalmente reversible, la cuestión es si es reversible políticamente", apunta López-Levy.

"No necesariamente una política anticubana de Trump tendrá que revertir esta parte del tema migratorio, todo lo contrario", dice Antonio Aja, director del Centro de Estudios Demográficos de la Universidad de La Habana. Aja, uno de los principales expertos en migración de la isla, sostiene que, no obstante, la decisión de Obama se inscribe en la lógica de la política migratoria de Trump, quien prometió construir un muro con México para frenar la inmigración ilegal.

Jorge Duany, director del Instituto de Investigaciones Cubanas de la Universidad Internacional de la Florida, coincide en que la eliminación de la política "encaja" con el discurso de Trump. "Al mismo tiempo, Trump tiene que contar con los representantes electos de la comunidad cubanoamericana, la mayoría de los cuales ha criticado la eliminación de la política de pies secos/pies mojados", pero han pedido su revisión "para asegurarse de que solo los refugiados políticos puedan beneficiarse de dicho trato", dice Duany. En ese sentido, López-Levy apunta con ironía: "Obama ha terminado por darle a los cubanos de derecha y a Trump de la propia medicina que estaban pidiendo". (AFP)

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