Empresa cuestionada

Nuevos marxistas desafían a China

Vuelven a las fuentes leyendo a Karl Marx y participando en las organizaciones sindicales.

Pekín: China combina un régimen comunista con una sociedad altamente consumista. Foto: Reuters
Pekín: China combina un régimen comunista con una sociedad altamente consumista. Foto: Reuters

El Partido Comunista en el poder en China desde 1949 ha enfrentado muchas formas de protesta -prodemocráticas, por los derechos humanos o religiosas- pero seguramente no se esperaba un nuevo desafío como el de los jóvenes marxistas.

Fruto de los esfuerzos del régimen para inculcar a la población el dogma del socialismo y del marxismo-leninismo, esta nueva generación resulta a veces más ortodoxa.

“Al entrar en la universidad, empecé a concienciarme con la situación de los trabajadores, con la forma en la que son tratados, con sus derechos”, explicó a la AFP un estudiante de la Universidad de Pekín de 21 años, que no quiso revelar su identidad.

Hijo de obreros agrícolas migrantes, el joven siente una responsabilidad social con los más desfavorecidos. Y como quería saber cómo ayudarles, se puso a leer la obra de Karl Marx.

Como él, muchos estudiantes de universidades de élite comienzan a interesarse por los textos fundadores del marxismo, que no aceptan las crecientes desigualdades sociales, el consumismo desenfrenado y otras tendencias de la sociedad china actual.

Organizan veladas para el personal de sus campus o se reúnen para cantar los clásicos del repertorio socialista.

Pero a veces también cruzan la línea roja invirtiendo en el campo sindical, cuando solo se tolera al sindicato único oficial, la Federación de Sindicatos de China (ACFTU). Una organización a menudo acusada por asociaciones internacionales de los derechos humanos de favorecer los intereses de las empresas.

Recientemente, estudiantes activistas quisieron fundar un sindicato para obreros de Guangdong, en el sur de China. En agosto, la policía golpeó a algunos de ellos, y confiscó sus teléfonos, afirmó su organización, el grupo de solidaridad de trabajadores de la empresa Jasic Technology. Algunos están desaparecidos desde entonces.

“Nosotros, los universitarios, estamos realmente preocupados por la seguridad y la libertad de los estudiantes”, señaló Jenny Chan, profesora asistente en la Universidad Politécnica de Hong Kong, especializada en los movimientos sociales en el mundo laboral.

Desde esta redada policial en agosto, la represión continuó. Hace poco, un diplomado de la Universidad de Pekín, miembro del grupo de solidaridad, fue golpeado en el campus y llevado por dos hombres enmascarados, contó un testigo a la AFP. La universidad afirmó en su intranet que este exalumno era “sospechoso de haber cometido un delito o un crimen”.

Los profesores vigilan de cerca a los estudiantes que participaron en las actividades del grupo de solidaridad, afirmó una estudiante a la AFP. Si se ausentan durante mucho tiempo, pasan a ser interrogados.

Los otros.

Aunque son minoría en los campus universitarios, las autoridades chinas toman muy en serio a estos activistas, conscientes del peso de una coalición entre jóvenes cultivados y obreros.

En 1989, miles de estudiantes habían participado junto a obreros en las manifestaciones pro-democráticas y anticorrupción de la plaza de Tiananmen en Pekín, que acabó en una sangrienta represión.

Desde entonces, las autoridades “combaten rápida y duramente todo lo que podría vincular a gente de medios sociales y geográficos diferentes”, afirmó Jeffrey Wasserstrom, profesor de historia china en la Universidad de California.

En internet, los censores eliminaron cualquier publicación o discusión relativa a las detenciones de estudiantes, sus acciones, y los trabajadores de Jasic.

Entre sus iguales, las opiniones divergen en cuanto a si el movimiento de estos jóvenes marxistas es idealista o fanático.

“Ponen a los otros por delante de ellos mismos”, escribió un estudiante admirador en un foro de internet de la Universidad de Pekín.

“Olvídalo, soy un maoista con tendencia de izquierda y ni siquiera me gustan”, respondió otro.

Pero para la mayoría de los alumnos de la Universidad de Pekín, los derechos de los trabajadores y el maoismo son conceptos lejanos, opina Li, un estudiante de cuarto año.

Comentarios racistas

La disculpa de Dolce & Gabbana

(AFP)

Stefano Gabbana y Domenico Dolce, cofundadores de la firma de moda italiana Dolce&Gabbana, pidieron perdón este viernes “a los chinos del mundo entero” tras haberlos indignado con la publicación de unos vídeos y comentarios considerados racistas. “Deseamos decir a todos los chinos en el mundo, y hay muchos, cuánto lo sentimos. Y tomamos esta disculpa y este mensaje muy en serio”, afirma Stefano Gabbana en un vídeo difundido en la red social china Weibo. A su lado, Domenico Dolce agrega que han “reflexionado mucho sobre la polémica”. “Nuestras familias siempre nos enseñaron a respetar las diferentes culturas (...) pedimos su perdón si hemos cometido errores en la interpretación de la suya”, precisa. La firma italiana provocó la ira de los chinos con la publicación en su cuenta Instagram de vídeos de promoción de un desfile previsto para esta semana en Shanghái en los que se podía ver a una mujer asiática intentar comer pizza o espaguetis con palillos bajo las órdenes de una voz masculina. Los usuarios de internet juzgaron el contenido denigrante. Ante las proporciones que adquirió el escándalo, el desfile se canceló. 

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