ANÁLISIS

Nueva brecha se abre en el mundo

"La devastación por el virus, debería ser motivo para que los países ricos desplieguen rápido y barato las vacunas", dice Matthew Richmond.

Definen pacientes prioritarios para la vacunación. Foto: Leonardo Mainé
Vacunación contra el COVID-19. Foto: Leonardo Mainé - Archivo El País

Ya entrado el segundo año de la pandemia, el mundo se divide a lo largo de una línea poderosa y dolorosa: los países que tienen vacunas y los que no.

Mientras las naciones ricas, como Estados Unidos, se preparan para volver a la normalidad (alrededor de la mitad de la población de ese país, el Reino Unido e Israel ha recibido al menos una dosis de la vacuna, lo que ha hecho que los casos caigan de manera drástica), algunas naciones más pobres, que luchan por conseguir vacunas y batallan con sistemas sanitarios agotados y economías exhaustas, sufren sus peores brotes desde el inicio de la pandemia.

Es el caso de Malasia, Nepal y otras naciones de Asia, pero en pocos lugares la situación es tan sombría como en Sudamérica, que presenta el mayor índice de contagios nuevos del mundo, según datos de la Universidad Johns Hopkins. Uruguay, Argentina, Colombia y Paraguay se han situado dentro de los diez países con más casos por cada 100.000 habitantes en la última semana.

Argentina, Sudáfrica, Malasia, Tailandia, entre otros) han respondido al agravamiento de la crisis sanitaria estableciendo cierres nuevos. Otros han renunciado a esa estrategia.

Los expertos afirman que la única manera de acabar con el virus en estas regiones, y en el mundo, es aumentar la velocidad de la vacunación, que ha avanzado en Estados Unidos y Europa mientras se rezaga en muchos otros países del mundo.

En Norteamérica se han administrado 60 dosis de vacunas por cada cien personas, en comparación con 27 en Sudamérica y 21 en Asia, según datos del proyecto Our World in Data de la Universidad de Oxford. En África, la tasa es de dos dosis por cada cien personas.

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden se ha comprometido a distribuir 80 millones de dosis de vacunas en el exterior para finales de junio. Se necesitan unos 11.000 millones de vacunas para inocular al 70% de la población mundial, el umbral aproximado necesario para la inmunidad colectiva, indican investigadores de la Universidad de Duke, pero solo se ha producido una fracción de esa cantidad.

Biden ha señalado que donará US$ 4.000 millones a Covax, el programa de la Organización Mundial de la Salud que suministrará vacunas a los países necesitados.

En Sudamérica, los países que impusieron medidas de confinamiento descubrieron que no funcionaban tan bien como en Estados Unidos y Europa a la hora de detener la propagación del virus porque muchos trabajadores de ingresos bajos tenían que seguir trabajando, dijo Matthew Richmond, sociólogo de la London School of Economics. A medida que surgen nuevos brotes, la falta de inversión en atención médica en la región, en especial en las zonas rurales, ha puesto los sistemas de salud en riesgo de colapso y ha retrasado el despliegue de las vacunas, comentó Richmond.

También aseveró que: “El efecto combinado de la desigualdad social y la escasa capacidad del Estado ha hecho que estos países no hayan podido reducir el contagio, atender a las personas con síntomas graves ni vacunar a la población a la misma escala o velocidad” que en Estados Unidos y Europa.

Los brotes nuevos ponen de manifiesto que, mientras el virus circule de manera amplia, el cierre de fronteras tal vez no sea muy útil y podrían surgir variantes nuevas más resistentes a las vacunas.

“La devastación que causa el COVID-19 en el extremo sur del mundo debería ser motivo suficiente para que los países ricos quisieran permitir un despliegue rápido y barato de la vacuna a nivel mundial”, señaló Richmond. “Si no, el interés propio informado debería llevarlos a la misma conclusión”.

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