Premio Nobel de la Paz 2018

Nobel de la Paz a dos héroes de la lucha contra la violencia sexual

Un médico congoleño que atiende a mujeres y una exesclava sexual.

Los premiados: Nadia Murad y Denis Mukwege recibirán el premio Nobel en Oslo el 10 de diciembre. Foto: Reuters
Los premiados: Nadia Murad y Denis Mukwege recibirán el premio Nobel en Oslo el 10 de diciembre. Foto: Reuters

El Premio Nobel de la Paz 2018 fue atribuido ayer viernes al médico congoleño Denis Mukwege y a la joven yazidí exesclava sexual Nadia Murad, dos héroes de la lucha contra la violencia contra las mujeres.

Denis Mukwege, ginecólogo de 63 años, y Nadia Murad, de 25 y convertida en portavoz de la causa de las mujeres y de su pueblo, encarnan un movimiento planetario que supera el marco de los conflictos, como evidencia la ola mundial #MeToo, desatada hace exactamente un año contra los abusos y acosos sexuales.

Ambos fueron recompensados "por sus esfuerzos para poner fin al uso de la violencia sexual como arma de guerra", indicó la presidenta del Comité Noruego del Nobel, Berit Reiss-Andersen. Ambos dedicaron su premio a los cientos de miles de mujeres víctimas de la violencia sexual.

"Denis Mukwege es un cooperante que ha dedicado su vida a defender a esas víctimas. Nadia Murad es la testigo que cuenta los abusos perpetrados contra ella y otros", dijo la institución en su anuncio. "Cada uno ha contribuido a su manera a dar mayor visibilidad a la violencia sexual en tiempos de guerra, para que los responsables respondan por sus actos", agregó.

"Este premio Nobel supone un reconocimiento del sufrimiento y de la falta de una reparación justa para las mujeres víctimas de violaciones y de violencia sexual en todos los países del mundo y en todos los continentes", dijo Denis Mukwege en una breve declaración desde su hospital de Panzi, que fundó en 1999 en Bukavu, en el este de República Democrática del Congo (RDC).

Mukwege ya ganó el Premio de los Derechos Humanos de Naciones Unidas y el Premio Sajarov del Parlamento Europeo.

El hombre que repara mujeres —título de un documental en su honor— estaba en plena operación cuando llegó la información sobre el Nobel. "Estaba en el quirófano (...) de repente entró gente y me informaron sobre la noticia", dijo Mukwege al periódico noruego VG.

Su hospital ha tratado a unas 50.000 víctimas de violaciones, entre mujeres, niños e incluso bebés, a lo largo de dos decenios. Para este médico congoleño, las violencias sexuales son "armas de destrucción masiva".

La iraquí Nadia Murad, de la minoría yazidí, ha vivido en carne propia estos horrores. Como miles de niñas y mujeres de su comunidad, la joven fue esclava sexual del grupo yihadista Estado Islámico (ISIS) en 2014.

"No me resultó fácil hablar de lo que me ocurrió porque no es fácil, especialmente para las mujeres en Medio Oriente, decir que fuimos esclavas sexuales", destacó la joven ayer viernes al enterarse del premio.

El Nobel "significa mucho, no solo para mí sino para todas las mujeres de Irak y de todo el mundo" víctimas de violencia sexual, dijo por teléfono al sitio web del premio.

Embajadora de Naciones Unidas para la Dignidad de los Sobrevivientes de Trata de Personas desde 2016, Nadia Murad —cuya madre y seis hermanos fueron asesinados por ISIS— milita para que las persecuciones cometidas contra los yazidíes sean consideradas un genocidio.

En 2017, Murad publicó Yo seré la última, un recuento de sus meses de cautividad repleto de terribles detalles. "En un momento dado, solo había violaciones y nada más. En eso se convirtió un día normal", escribió.

Murad, que también ganó el Sajarov, es la segunda galardonada más joven con el Nobel de la Paz tras Malala Yousafzai.

Reacciones.

Los dos galardonados recibieron numerosas felicitaciones. "Es difícil imaginar a dos laureados más dignos", dijo la alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, la chilena Michelle Bachelet.

El presidente de Irak, Barham Saleh, declaró que la atribución del Nobel a Nadia Murad era "un honor para todos los iraquíes que combatieron el terrorismo".

El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, saludó los "infatigables esfuerzos" para que cesen "los crímenes más oscuros", en tanto la canciller alemana, Angela Merkel, dijo que los premiados "lanzan un grito de humanidad en medio de inimaginables horrores".

Para el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, ambos preservan "los valores comunes" de Naciones Unidas.

"La violación en la guerra es un crimen desde hace siglos, pero era un crimen en la sombra. Los dos galardonados lo han puesto bajo un foco", dijo Dan Smith, director del Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz (SIPRI, por sus siglas en inglés). "Sus logros son realmente extraordinarios al llamar la atención internacional sobre este crimen", afirmó a Reuters.

La resolución 1820 del Consejo de Seguridad de la ONU, adoptada en 2008, estipula que la violencia sexual "puede constituir un crimen de guerra, un crimen contra la humanidad o un elemento constitutivo de crimen de genocidio".

La onda expansiva del movimiento #MeToo ha alcanzado hasta la institución del Nobel, pues un escándalo de violación condujo a la Academia Sueca a postergar un año el Nobel de Literatura 2018.

Denis Mukwege y Nadia Murad se repartirán el Nobel de la Paz, que consiste en un diploma, una medalla de oro y un cheque de 9 millones de coronas suecas (unos 865.000 euros, 990.000 dólares), que se les entregará en una ceremonia en la ciudad de Oslo el 10 de diciembre.

Los yazidíes, un pueblo perdido en el Kurdistán

La minoría yazidí, a la que pertenece la premio Nobel de la Paz Nadia Murad, habita en lugares recónditos del Kurdistán iraquí, en el norte del país, y es adepta a una religión esotérica monoteísta. Los orígenes de su fe se encuentran en el zoroastrismo, surgido en Irán hace casi 4.000 años, y en el culto a Mitra. Pero con el paso del tiempo fueron integrando elementos del islam y del cristianismo. Sin libro sagrado y organizados en castas, rezan en dirección al sol y veneran a siete ángeles, el primero de ellos Melek Taous, el "ángel pavo real". La tradición yazidí prohíbe el matrimonio fuera de la comunidad. Las creencias y prácticas de los yazidíes —como la prohibición de comer lechuga y de llevar color azul— son consideradas satánicas por sus detractores. Antes del ascenso del ISIS en Irak en 2014, vivían en ese país unos 550.000 yazidíes. Desde entonces, al menos 100.000 han huido del país y otros están repartidos por el Kurdistán.

Perfiles

Nadia, la joven que sobrevivió al ISIS

Con tan solo 25 años, Nadia Murad ha sobrevivido a los peores horrores infligidos por el Estado Islámico (ISIS) a su pueblo, los yazidíes de Irak. Esta joven de rostro pálido y voz aterciopelada podría haber tenido una vida apacible en su pueblo natal, Kosho, cerca del bastión yazidí de Sinjar, una zona montañosa entre Irak y Siria. Pero el rápido ascenso de ISIS en 2014 cambió su destino. En agosto de ese año fue raptada y conducida a la fuerza a Mosul, entonces bastión de ISIS. Fue el principio de un calvario de meses: torturada, víctima de múltiples violaciones colectivas y vendida varias veces como esclava sexual. Gracias a la ayuda de una familia musulmana de Mosul, Nadia logró escapar al Kurdistán iraquí. Tras la fuga, vivió en un campo de refugiados en Kurdistán, donde una organización de ayuda a los yazidíes le permitió reunirse con su hermana en Alemania, donde reside ahora.

El médico que cura el cuerpo y la mente

Denis Mukwege es un médico que lleva años intentando la recuperación psicológica y física de las mujeres violadas en el curso de los conflictos armados. Nacido en 1955 en la República Democrática del Congo (RDC), Mukwege fundó en 1999 el Hospital Panzi en Bukavu, en el este del Congo. Allí trata a las mujeres que son violadas por los grupos armados. Para ello cuenta con un equipo de asistencia social, psicológica y psiquiátrica, que ayudan antes de proceder a un tratamiento quirúrgico complicado, ya que muchas mujeres acuden con destrozos físicos en su aparato genital. Este médico congoleño siempre ha tenido claro que las violaciones a cargo de militares son "una potente arma de guerra", que busca "destruir no solo físicamente a la mujer, sino a toda la comunidad a la que pertenece".

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