LA BITÁCORA

Nobel que castigó a las FARC

Por cierto, sonó magnánima. Que habiendo padecido seis años enclaustrada en los gulags que Tirofijo tenía en la selva, Ingrid Betancourt diga que también las FARC merecían el Nobel de la Paz que recibió Juan Manuel Santos, exhibe magnanimidad. Pero dudosamente sea eso lo que de verdad siente la dirigente ecologista.

No se equivocó el Comité que, alterando una regla, premió sólo a una de las partes de una negociación de paz. El caso colombiano no es comparable a otros que fueron premiados a dos puntas, como Beguin y Sadat; o Rabín, Peres y Arafat.

La cúpula rebelde que negocia desde hace cuatro años, no sólo tiene crímenes de guerra en un conflicto en el que también el ejército y los paramilitares perpetraron masacres, torturas, asesinatos y desapariciones. La cúpula que aceptó desmovilizarse encabeza un inmenso aparato delictivo que cometió crímenes aberrantes, reclutamiento de niños, secuestros extorsivos para cobrar rescates y la captura de cientos de civiles para usarlos como rehenes. De ese escudo humano fue víctima Ingrid Betancourt y su colaboradora Clara Rojas.

Las FARC negociaron seriamente la paz en los tiempos de Jacobo Arenas, líder de moral "guevariana" que buscaba acordar la desmovilización de su guerrilla antes de que la pervirtiera el narcotráfico y la industria del secuestro extorsivo, tras la desaparición de la URSS y la debilidad de Cuba para seguir ayudando insurgencias.

Tras la muerte de Arenas en 1990, avanzó el proceso de criminalización que ese miembro fundador había querido evitar negociando la paz y el desarme. La siguiente negociación, en la que de manera caótica y negligente el presidente Pastrana concedió un área desmilitarizada en la región del Caguán, fue una estafa de Tirofijo al Estado y al mundo que apoyó aquel proceso.

Si ahora la actual comandancia se sentó a negociar en serio, fue porque la ofensiva militar lanzada por el gobierno que presidió Uribe y tuvo a Santos como ministro de Defensa, la debilitó y la arrinconó en esa inmensa selva donde fue recluida y vejada Ingrid Betancourt.

La valiosa dirigente que dejó el Partido Liberal y creó el Partido Verde Oxígeno, a diferencia de Uribe (un hombre de rencores portentosos), logró controlar el odio por sus carceleros. Por eso, primero Bachelet y luego entidades europeas, la propusieron para el Nobel.

Pero no se equivocó el comité nórdico que premió sólo a Santos y no a su contraparte en la negociación. Si ella dice lo contrario, quizá no sea porque verdaderamente lo siente, sino para mostrarse magnánima.

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