ELECCIONES

Nacionalizar servicios, el polémico plan del Partido Laborista si gana la elección británica

En su programa electoral publicado el jueves, los laboristas afirman que las privatizaciones llevadas a cabo por los conservadores durante décadas son “un desastre”.

Jeremy Corbyn, líder laborista. Foto: Reuters.
El líder laborista Jeremy Corbyn plantea nacionalizar. Foto: Reuters

El agua, la electricidad, el ferrocarril, el correo, la fibra óptica. El opositor Partido Laborista del Reino Unido de Jeremy Corbyn promete en caso de ganar las elecciones legislativas de diciembre grandes nacionalizaciones que entierren la era de la privatización lanzada por Margaret Thatcher.

En su programa electoral publicado el jueves, los laboristas afirman que las privatizaciones llevadas a cabo por los conservadores durante décadas son “un desastre” que condujo a falta de competencia, precios elevados y “miles de millones desviados para pagar dividendos a los ricos accionistas”.

El laborismo aparece lejos por detrás de los conservadores del primer ministro Boris Johnson en las encuestas de intención de voto. Pero ¿cuáles serían las ventajas y los inconvenientes del retorno de estos sectores al ámbito estatal si consigue llegar al poder?

La conservadora Thatcher, reina de las privatizaciones, se convirtió en primera ministra en 1979 en gran medida gracias al feroz descontento generado entre los británicos por una serie de huelgas en los servicios públicos entonces estatales.

Querer renacionalizar ahora estos servicios puede parecer un retorno 40 años atrás, pero todas las privatizaciones de las últimas décadas no funcionaron como se esperaba.

En particular, la del tratamiento y suministro de agua se vio fustigada por los “pagos excesivos a los accionistas, la deuda que se acumuló, el mediocre mantenimiento de la red” que se tradujo en escapes masivos, señala Jonathan Portes, profesor de políticas públicas en el King’s College de Londres.

Estos fallos, sumados a una falta de competencia para los consumidores, crean “argumentos fuertes a favor de una nacionalización”, dice Portes.

El primer ministro Johnson se apresuró a denunciar los proyectos laboristas como “gastos irresponsables que asestarían un golpe a la economía británica”.

Los laboristas afirman querer financiar este programa con subas de impuestos a los más ricos y a las empresas, pero la compra de las compañías concernidas (BT Openreach, Royal Mail...) provocaría probablemente un fuerte aumento de la deuda pública británica.

La cámara empresarial denunció el riesgo de una fuga de inversiones ante la amenaza de nuevas nacionalizaciones que podrían perjudicar a los accionistas.

En opinión de Portes, los laboristas deben, especialmente en el caso de los trenes, “demostrar que tienen un plan para organizar el sector ferroviario si fuera renacionalizado”. Si no, se corre el riesgo de colosales perturbaciones en una red que ya suele tener problemas.

Los economistas se preguntan asimismo el interés de renacionalizar el Royal Mail, en un momento en que el correo tradicional pierde terreno.

John van Reenen, profesor de la London School of Economics, señala que las promesas electorales privilegian el corto plazo y perjudican al debate de fondo sobre las inversiones estructurales. “Estos debates sobre público contra privado no son pertinentes”, considera Van Reenen, para quien la propiedad no es lo más importante.

Señala que es a menudo la regulación la que puede resolver los problemas. Así, para que todo el país pudiese tener internet de alta velocidad, gratuito o a bajo precio, bastaría con “fuertes subvenciones” y directivas obligatorias para el operador privado BT, explica.

En el sector eléctrico, para acabar con los abusos, el gobierno ya “reintrodujo límites a los precios”.

“La pregunta es ¿queremos más competencia? ¿Cómo lograr inversiones a largo plazo?”, concluye Van Reenen. Y “¿sería mejor para los consumidores?”.

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