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Murió Anita Ekberg, la musa de Fellini en La Dolce Vita

Anita Ekberg fue la fantasía de toda una generación. Y por una escena de más de dos minutos. Si hay estrellas que brillan muy intensamente para irse apagando lentamente, ella sin duda fue una.

Ayer Ekberg falleció en una clínica de Roma, a los 83 años. Estaba enferma desde hacía tiempo y ya había sido internada después de Navidad. Su abogado anunció que a pesar de su enfermedad el fallecimiento fue imprevisto.

El momento que inmortalizó a esta imponente belleza sueca fue su espontáneo baño en la Fontana di Trevi frente a los impávidos ojos de Marcello Mastroianni en La Dolce Vita de Federico Fellini. La misma cara impávida debieron tener los espectadores de la época ante una escena, que sin mostrar nada, estaba cargada de una voluptuosidad inevitable. Es una de las grandes escenas en la historia del cine.

Ekberg había nacido en Malmoe en 1931 y fue elegida Miss Suecia en 1950. Eso la llevó a competir por Miss Mundo en Estados Unidos (no ganó) y le dio una visa a Hollywood: su primer papel fue como guardia venusina en Abbot y Costello en Venus. También trabajó en películas con más pretensiones como Callejón sangriento (con John Wayne), Entre la espada y la pared (una comedia con Dean Martin y Jerry Lewis) y la épica La Guerra y la Paz, el clásico de King Vidor. En 1956 fue tapa de la revista Life y sus presuntos romances con estrellas como Gary Cooper, Tyrone Power y Frank Sinatra la convirtieron en una figura de las revistas del corazón. Hay una foto clásica de ella espantando paparazzi con arco y flecha.

Sin embargo, para fines de la década de 1950, su carrera estaba estancada. Y en 1960, la convocó Fellini .

“Yo inventé a Fellini, no él a mí”, dijo alguna vez. Se olvidaba que cuando se cruzaron, el director ya era uno de los grandes nombres del cine mundial hacía lo menos una década.

No importa. Su aparición en la película es inolvidable, por cierto, y un momento lleno de magia. Marcello y Sylvia, una actriz de Hollywood, recorren la noche romana sin demasiado rumbo después de una velada de juerga, en un momento se pierden, y él la encuentra a ella en vestido de noche bajo las aguas de la Fontana Di Trevi. Hay algo en esa belleza tan cercana y a la vez tan distante que Marcello no tiene más remedio que caer rendido ante ella. Todo el mundo lo hizo.

En 2005, recordó la agencia AP, en una entrevista para la radio sueca, Ekberg no recordaba con alegría esa escena. Como era febrero el agua de la fuente estaba congelada, y además Mastroianni apenas se mantenía en pie por su borrachera de vodka. “No soporto ver más esa escena”, dijo, “pero fue hermosa en su momento”.

Aunque La Dolce Vita le dio un mayor impulso a la carrera de Fellini, no hizo lo mismo con la de Ekberg. Desde entonces, la sueca viviría de esa gloria y sus papeles más destacados en el cine se limitarían a Bocaccio ‘70 (que es de 1962 y donde repetía el papel de bomba sexual inalcanzable en el episodio “La tentación del Dr. Antonio”, que era muy gracioso) y en Cuatro por Texas con Frank Sinatra.

Con Fellini volvería a trabajar en Los payasos (1970) y en La entrevista (1987) en una nostalgiosa escena con Mastroianni en la que recordaban la escena en la Fontana Di Trevi. La última película de distribución internacional (acá se vio en video) que se conoció en Uruguay fue Bambola de Bigas Luna; fue en 1996, y no era algo para sentirse orgullosa.

Se casó dos veces: en 1956 con el actor británico Anthony Steel (del que se divorció a los 4 años) y en 1963 se casó con el también actor Rik van Nutter pero no tuvo suerte. Se lamentaba de no haber tenido hijos.

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