AGITACIÓN MUNDIAL

El mundo bajo un tsunami de protesta social

Estallido de descontento sorprende a Chile, y surge en otros lados por distintas causas.

Un manifestante lanza piedras a policías, en Santiago de Chile. Foto: Reuters
Un manifestante lanza piedras a policías, en Santiago de Chile. Foto: Reuters

El mundo está estremecido, consternado y en gran medida, desconcertado, por los sucesivos estallidos de protesta social, que responden a problemas profundos a los que muchos gobiernos no dan solución, que se extienden desde Sudamérica hasta el Medio Oriente. Varios gobiernos tambalean y alguno ya cayó.

En Chile, el detonante fue el aumento de las tarifas del metro de Santiago. En Líbano, un impuesto a las llamadas por WhatsApp desencadenó el descontento. Anteriormente, en Ecuador, la violencia se desató por la eliminación del subsidio a los combustibles que incrementó el precio de la nafta en 123%. Esas fueron las causas ocasionales que dejaron en evidencia situaciones de desigualdad con ingresos insuficientes de amplios sectores de la población, lo que se traduce en procesos y situaciones de frustración acumulada.

En las últimas semanas, aumentos puntuales se convirtieron en el centro de la furia popular en diferentes países, debido a que ciudadanos descontentos llenaron las calles en protestas inesperadas que emanaron de la falta de respuestas a sus necesidades. Así se sucedieron manifestaciones multitudinarias en Chile, Bolivia, Irak y Líbano, precedidas por la República Checa, Argelia, Sudán y Kazajistán, en lo que ha sido una continua agitación.

Miembros de las fuerzas de seguridad de Hong Kong pasan por una barricada en llamas. Foto: Reuters
Miembros de las fuerzas de seguridad de Hong Kong pasan por una barricada en llamas. Foto: Reuters

“Son los jóvenes los que ya tuvieron suficiente”, comentó Ali Soufan, director ejecutivo de The Soufan Group, una consultora de inteligencia en seguridad. “Esta nueva generación no está dispuesta a aceptar el que considera es un orden corrupto de la élite económica y política en sus propios países. Quieren un cambio”, agregó.

Pocos se sorprendieron tanto como varios de los gobernantes. En Chile, los reclamos no son por corrupción, sino para alcanzar una mejor distribución de la riqueza y un nivel de vida sin apremios. El 17 de octubre, el presidente Sebastián Piñera se vanaglorió de que su país era un oasis de estabilidad en América Latina. “Estamos listos para hacer todo para no caer en el populismo, en la demagogia”, declaró en una entrevista publicada en The Financial Times.

Poco después, los manifestantes incendiaron y destruyeron 77 estaciones del metro, saquearon supermercados y otros comercios y atacaron fábricas, en la peor revuelta que se ha visto en el país en décadas, lo que obligó a Piñera a desplegar el Ejército en las calles. El mandatario, contrariado, habló de “una guerra contra un enemigo poderoso e imparable”.

Brechas sociales y ambición frustrada

La crisis en Bolivia no estalló por motivos económicos, sino políticos. El presidente Evo Morales buscó su cuestionada tercera reelección -fue rechazada en un referéndum en 2017, pero después el Tribunal Constitucional la aprobó, argumentando que postularse es un derecho humano- y según el escrutinio oficial la logró con 47,08% de los votos contra 36,51% del candidato opositor Carlos Mesa. La ley establece que si un candidato logra 40% o más y tiene diez puntos de ventaja sobre el segundo, queda elegido sin ir a una segunda vuelta. Al conocerse el resultado comenzaron las marchas violentas. Dos personas murieron y 140 sufrieron heridas.

Algunos expertos señalan que la serie de protestas mundiales es demasiado diversa para atribuirle una sola categoróa o asignarle una sola temática y motivo. Michael Ignatieff, presidente de la Universidad Centroeuropea, estaba en Barcelona (España) mientras más de 500.000 personas se apiñaban en las calles, después que el Supremo Tribunal procesó con penas de prisión de entre nueve y trece años a los líderes secesionistas.

Evo y toda Bolivia están expectantes a auditoría

“Vamos a ser respetuosos del informe de la Organización de Estados Americanos”, afirmó el presidente de Bolivia, Evo Morales en un acto en la región central de Cochabamba ayer sábado, al día siguiente de que renunciara el jefe de la misión del organismo, el mexicano Arturo Espinosa, para favorecer la “imparcialidad”, tras admitir que había publicado artículos críticos sobre el mandatario.

La OEA realiza la auditoría del escrutinio que dio la tercera reelección a Morales.

La oposición boliviana rechaza la auditoría, porque cree que se trata de “una maniobra distraccionista para mantener a Morales en el poder”.

El informe de la misión de la OEA debe estar listo en dos semanas y el apoyo de Morales a esta auditoría sería una señal de que piensa que le será favorable para sellar un cuarto mandato hasta 2025.

Si bien las protestas que se hicieron violentas en Barcelona se asemejan un poco a las manifestaciones masivas en otras ciudades, Ignatieff aseveró que sería un error ponerlas en la misma canasta. “La gente no se está dejando llevar por la locura de las multitudes”, dijo. “Esto es política, con causas y problemas específicos”.

El presidente del gobierno Español, Pedro Sánchez, se mantiene firme ante la ofensiva independentista para mantener la unidad de España, como establece la Constitución.

En ascenso.

En Hong Kong, que tiene un estatus especial bajo China, los primeros reclamos fueron contra un proyecto de ley de extradición, que luego fue retirado por las autoridades. Pero, las manifestaciones siguen. Las semanas de incesante desobediencia civil allí sentaron las bases para una estrategia de confrontación impulsada por demandas económicas o políticas de muy diversa índole.

Aunque hay gran dispersión de las protestas masivas, los académicos indican que es la continuación de una tendencia. Desde hace décadas, las sociedades de todo el mundo han sido más propensas a buscar cambios políticos radicales tomando las calles.

Las protestas se han vuelto más frecuentes debido a la convergencia de varios factores: una economía mundial en desaceleración, brechas abismales entre ricos y pobres, y el aumento de la población joven que en muchos países ha producido una nueva generación intranquila y agitada con ambiciones frustradas. Además, la expansión de la democracia se ha estancado en el mundo, causando frustración entre los ciudadanos y confianza entre los militantes en que la acción callejera es la única forma de obligar a que haya un cambio ante la indiferencia de los gobiernos.

Choques: atienden a un joven herido en una protesta en La Paz. Foto: Reuters
Choques: atienden a un joven herido en una protesta en La Paz. Foto: Reuters

Hace 20 años, el 70% de las protestas que exigían un cambio político sistémico tenían éxito, una cifra que estuvo en ascenso desde la década de los ‘50, según un estudio de Erica Chenoweth, politóloga de la Universidad de Harvard.

A mediados de la primera década del siglo actual, esa tendencia se revirtió. Los índices de éxito ahora están en un 30%, según el estudio, un declive que Chenoweth describió como “abrumador”.

Estas dos tendencias están estrechamente vinculadas. A medida que las protestas se hacen más frecuentes, pero más propensas a fracasar, se extienden cada vez más y se vuelven más polémicas, más visibles y más propensas a regresar a las calles al no ver cumplidas sus demandas. El resultado puede ser un mundo donde todas las revueltas pierden su importancia, para convertirse simplemente en parte del paisaje.

Los estallidos no han pasado inadvertidos en las Naciones Unidas. El secretario general António Guterres los mencionó en una reunión del Fondo Monetario Internacional (FMI), dijo su vocero Stéphane Dujarric, el 22 de octubre. Los críticos han acusado al FMI de exacerbar las penurias económicas en países como Ecuador a través de medidas de austeridad impuestas para reducir la deuda. “Vemos manifestaciones en distintos lugares, pero comparten algunas características”, dijo Dujarric. “La gente siente que está bajo una presión financiera extrema, y está el problema de la desigualdad, además de muchos otros problemas estructurales”.

Cae un gobierno y otros, bajo presión

El mundo árabe vive desde hace un año una situación de alta tensión.

1. Líbano. El 17 de octubre, el gobierno anuncia un impuesto a las llamadas efectuadas a través de WhatsApp y otras aplicaciones de mensajería de internet, en un contexto de crisis económica. La medida, a pesar de ser retirada con rapidez, provoca la ira de los libaneses que salen a las calles. Decenas de miles se concentran en Beirut y otras ciudades, reclamando la caída del gobierno y cortan con barricadas varias rutas. El 29 de octubre, el primer ministro Saad Hariri renuncia. Al día siguiente levantan las barricadas.

2. Egipto. El 20 de septiembre, varios cientos de personas protestan en El Cairo y otras ciudades para exigir la renuncia del presidente Abdel Fatah Al Sisi, en el poder desde 2014. Se organiza una manifestación por la noche en la plaza Tahrir, en El Cairo. Inesperadas e inéditas bajo el régimen de Al Sisi, que lleva a cabo una represión contra la oposición, las manifestaciones se producen tras la difusión de videos de un empresario en el exilio que acusa de corrupción al jefe de Estado. Una semana más tarde, tras una ola de detenciones, solo se registran algunas manifestaciones con una participación limitada. Cerca de 3.000 personas fueron detenidas desde el 20 de septiembre.

3. Irak. Originado en convocatorias lanzadas en las redes sociales, el 1 de octubre nace un movimiento de protesta social, que reclama trabajo para la juventud y la renuncia de los dirigentes “corruptos”. La protesta crece con manifestaciones gigantescas en Bagdad y el sur. Piquetes y huelgas paralizan universidades, liceos y la adminitración pública. Desde principios de octubre, más de 250 personas resultaron muertas.

4. Argelia. Desde el 22 de febrero hay agitación de manifestantes decididos a echar a todo el sistema, el aparato heredado de 20 años de gobierno de Abdelaziz Buteflika. Las autoridades ignoran el rechazo del movimiento a que el actual gobierno organice las elecciones para el 12 de diciembre.

Con información de AFP

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