La Bitácora

Entre mitos y tragedias

Parece un país remoto, que llega a la tapa de los diarios por devastadoras tragedias. Sin embargo, Nepal debiera ser familiar en todos los rincones del planeta y no solo por el Everest, sino por ser la tierra donde nació Buda y cuya capital es Katmandú, la ciudad de los dos mil templos.

También el lugar donde se originaron los gurkas, esa estirpe de guerreros que pelearon contra los soldados argentinos en las Malvinas.

Nepal nació como Estado en el siglo XVIII, pero Occidente lo descubrió en las décadas del 60 y del 70, cuando el movimiento hippie y la cultura sicodélica lo convirtieron en un lugar místico al que peregrinaban los jóvenes que querían morir consumiendo alucinógenos en las alturas del Himalaya, y también los que buscaban en la cultura oriental un refugio contra el materialismo y la sociedad de consumo. Muchos libros reflejan aquella mirada occidental. Por caso, "Los caminos de Katmandú", del francés René Barjavel.

Pero la realidad de Nepal era menos idílica de lo que creía la juventud del Occidente sesentista. La gobernaba una monarquía absolutista y la dividían una dirigencia pro-India y otra pro-China.

Las tensiones políticas explican la tragedia ocurrida en la familia real, cuando el príncipe Dipendra masacró a sus padres y hermanos, disparándose a renglón seguido. Durante tres días, el monarca nepalés fue un hombre en estado de coma. Y nada menos que quien había asesinado al rey Birendra.

Las pujas entre proindios y prochinos arrastraron Nepal hacia la guerra civil, que estalló en 1996 y se extendió durante una década, dejando decenas de miles de muertos.

Desde el 2006, cuando hicieron un pacto el Partido del Congreso (emparentado con el partido indio de la familia Gandhi) y su eterno rival maoísta, el Partido Comunista, moldeado en el partido homónimo que gobierna China desde el triunfo Mao Tse-tung y Chou En-lay sobre el Kuomintang de Chian Kai-shek.

La pacificación llegó al país con el modelo de acuerdo que se aplicó, por primera vez, en El Salvador. Por eso, igual que en el Estado centroamericano, donde miles de guerrilleros desmovilizados se integraron a la policía y el ejército, los insurgentes maoístas de Nepal se integraron al ejército.

Desde entonces, la política dejó de desgarrar al pueblo nepalés. Pero ahora lo desgarró la naturaleza. Tembló el Himalaya y la tragedia volvió a castigar la tierra donde nació Buda.

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