INMIGRACIÓN

Miles de mexicanos viajan a su país para las fiestas y no volverán a EE.UU.

Se calcula que unos 4 millones de mexicanos, la mayoría provenientes del norte, regresan para pasar Navidad y Año Nuevo con sus familias. El miedo a las políticas de Trump hace que muchos decidan quedarse.

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Mexicanos tienen miedo de las políticas migratorias que implementará Trump. Foto: AFP.

Grandes caravanas de autos de migrantes mexicanos están entrando a México, como cada año, para pasar las vacaciones de fin de año con sus familias. Pero a diferencia de otras veces, muchos traen consigo parte de sus pertenencias, pues no piensan regresar a Estados Unidos.

Los indocumentados temen que el futuro presidente de EE.UU., Donald Trump, que asumirá en la Casa Blanca el 20 de enero, haga realidad su promesa de expulsar primero a tres millones de latinos, la mayoría mexicanos, que tienen historial delictivo, y luego a varios millones más.

"Tenemos miedo de que (Trump) nos eche. Traemos todas nuestras pertenencias. Considero injusto tener que abandonar nuestra vida en Rhode Island", dijo Gilberto Zúñiga.

"Algunos estadounidenses se enojan porque emigramos a su país pero nosotros solo nos dedicamos a ganar dinero para nuestras familias. A mí me gusta ser honesto y trabajador", afirmó.

"Venimos aquí a trabajar de lo que sea, pero el gobierno de Trump no tiene ni idea de lo que estamos haciendo nosotros", señaló Zúñiga a la televisión local, poco después de traspasar la frontera de Texas con Tamaulipas.

Valentín Trejo, que vive en el estado de Georgia, dijo que sus hermanas que viven allá le pidieron traer a México "ropa, lavadoras, secadoras, plantas de luz y en general sus pertenencias", pues pretenden regresar en breve al país, temerosas de las políticas hostiles de la futura administración de Trump.

Las caravanas, organizadas por las propias autoridades y escoltadas por elementos de fuerzas federales para evitar que sean asaltadas por las bandas criminales, suelen cruzar varios estados y recorrer hasta más de 1.000 kilómetros antes de llegar a sus comunidades.

En Nuevo Laredo, estado norteño de Tamaulipas, el propio gobernador Francisco Cabeza de Vaca dio la bienvenida a los convoyes de migrantes que ahora, a diferencia de otros años, llevan remolques con "menaje (muebles) de casa", un claro indicador de que pretenden quedarse en México.

También el gobernador de Nuevo León, Jaime Rodríguez, estuvo en el puente internacional Juárez Lincoln, en Nuevo Laredo, para recibir unas 700 camionetas procedentes de distintas zonas de Estados Unidos.
Rodríguez aseguró a los migrantes que durante su traslado por la provincia que gobierna "no correrán peligro alguno" y les deseó "buen camino".

Trump ha prometido erigir un "hermoso muro" en la frontera entre ambos países, que tendría un costo de unos 20.000 millones de dólares. Prometió también que obligará a que lo pague el gobierno de México, y si éste se niega confiscará parte de los 24.000 millones de dólares de remesas familiares que envían los migrantes cada año.

Se estima que cada año retornan desde todo el mundo más de cuatro millones de mexicanos a pasar las fiestas con sus familias, pero la mayoría regresan a Estados Unidos.

Javier Pérez, proveniente de Chicago, dijo haber recorrido al menos 2.500 kilómetros desde donde trabaja, en Estados Unidos, solo para llegar a la frontera con México.

Pérez dijo haberse unido a la caravana porque otros años le han quitado dinero, apenas cruzando la frontera, supuestos miembros de la banda narcotraficante de Los Zetas.

Por ahora, las autoridades del Instituto Nacional de Migración no se atreven a calcular qué porcentaje de los migrantes que regresan a pasar las vacaciones en México se quedarán ante el temor de ser víctimas de políticas xenófobas.

Oscar Tirado, delegado del organismo gubernamental en el norteño estado de Sinaloa, señaló que "hasta el próximo año se podrá calcular cuántas personas se quedarán en México".

Desde 2012, informes oficiales en ambos lados de la frontera han reportado una "migración cero" entre México y Estados Unidos, ante el endurecimiento de la política migratoria de Washington.

El actual presidente Barack Obama ha expulsado a 2,7 millones de latinos de Estados Unidos, en un intento por congraciarse con la oposición republicana en el Congreso para que aprobara su iniciativa de reforma migratoria, pero sin éxito.

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