LA POLÍTICA EXTERIOR DE EE.UU.

Mike Pompeo, un halcón al frente de la diplomacia de Trump

Por una frágil mayoría en el Senado, el exdirector de la CIA fue confirmado como secretario de Estado.

Pompeo: a sus 54 años, es uno de los funcionarios de mayor confianza de Trump. Foto: AFP
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Mike Pompeo (54), el flamante secretario de Estado de Donald Trump que ayer jueves obtuvo la venia del Senado, es un antiguo oficial de caballería, empresario y congresista ultraconservador que ya se sumergió en una de las maniobras diplomáticas más ambiciosas en décadas: lograr un acercamiento con Corea del Norte. Hace aproximadamente un mes se reunió en secreto con el enigmático autócrata norcoreano Kim Jong-un.

Ayer, un día antes de la cumbre entre los líderes de las dos Coreas, la Casa Blanca divulgó fotos del encuentro de Pompeo con Kim. Entonces como jefe de la CIA, Pompeo estableció así el primer contacto cara a cara que abriría el camino para una cumbre de Kim y Trump.

Trump nunca se llevó bien con su primer secretario de Estado, Rex Tillerson, un ex ejecutivo petrolero con una pragmática visión del mundo más cercana a la corriente conservadora dominante de Washington que al nacionalismo de "Estados Unidos primero".

Pompeo comparte la línea dura de Trump respecto a Irán y Corea del Norte. "Con Mike Pompeo tenemos una forma de pensar muy similar", dijo Trump después de despedir brutalmente a Tillerson.

Nacido y educado en el sur de California, Pompeo se graduó con la mejor nota de su clase en la academia militar de West Point en 1986, especializado en ingeniería.

Como congresista, se opuso al matrimonio homosexual y al financiamiento de la planificación familiar. Llegó a decir que la homosexualidad es una "perversión", pero en el Senado se comprometió promover el reconocimiento de los derechos del colectivo Lgtbi (lesbianas, gais, transexuales, bisexuales e intersexuales).

Hizo el servicio militar durante cinco años —nunca en combate— y luego ingresó en la facultad de Derecho de Harvard. Más tarde fundó una empresa de ingeniería en Wichita, Kansas, donde formó lazos con multimillonarios petroleros y poderosos operadores del Partido Republicano, quienes lo apoyaron para llegar al Congreso. Rápidamente pasó a integrar el Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes, que, como organismo de control de la CIA y otras agencias, está al tanto de los secretos mejor guardados del país.

Pompeo ganó notoriedad en un comité especial que los republicanos formaron para investigar la muerte en 2012 del embajador en Libia y otros tres estadounidenses en Bengasi. Se convirtió en la voz principal contra Hillary Clinton, a quien como secretaria de Estado se la acusaba de tener responsabilidad política por los asesinatos.

Igual su confirmación estuvo a punto de fracasar en el Senado. Le apoyaron 57 legisladores de 100, un resultado muy distinto de los 94 que obtuvieron Hillary Clinton y John Kerry o del amplio consenso sobre Colin Powell. Los senadores demócratas temen que Pompeo, lejos de contener los impulsos de Trump, aliente sus instintos más beligerantes y peligrosos.

Incluso un destacado republicano, Rand Paul, mantuvo su rechazo a Pompeo hasta que Trump le convenció en el último momento prometiendo que se retiraría de Irak y de Afganistán. La venia a Pompeo es la segunda peor que ha obtenido en el último medio siglo un candidato a secretario de Estado, un récord que ostenta su predecesor, Rex Tillerson, confirmado por 56 votos frente a 43.

Cuando fue nominado jefe de la CIA, a Pompeo también le persiguieron otros comentarios del pasado: unos en los que acusaba a los líderes de las comunidades musulmanas de Estados Unidos de ser "cómplices potenciales" de terrorismo.

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