McCain habla claro y puede sorprender

| EE.UU. Lo consideran sincero y su firmeza lo respalda. En la economía tiene un punto débil | Mantiene chances por sus méritos

 20080906 Internacional 400x400
Bloomberg

THE ECONOMIST

El 16 de julio, John McCain hizo un discurso ante la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color (Naacp, por la sigla en inglés). El público, en su gran mayoría, estaba formado por negros y podrían calificarse de centro-izquierdistas.

Pocos de ellos votan por el Partido Republicano, en cualquier circunstancia y menos lo harán por un republicano que compite con el hombre que podría ser el primer presidente negro de Estados Unidos.

"Permítanme comenzar con algunas palabras sobre mi rival", indicó McCain. "No le digan que dije esto, pero él es un hombre impresionante por muchos motivos". Sostuvo que el éxito de Barack Obama lo hace orgulloso de su país, debido a que muestra que se está alejando "del fanatismo cruel" del pasado. Luego, respetuosamente, explicó por qué discrepa con Obama en determinados temas, como es el caso de la opción de escuelas.

El tema fue elegido con sagacidad. McCain es partidario de dar vales que permitirán a los padres cuyos hijos están atascados en escuelas conflictivas para que los envíen a mejores centros de enseñanza, ya sean públicos, privados o religiosos, y cree que los fondos públicos deben seguir al niño y no estar a merced de los dictados de algún burócrata de la educación. Donde se han ofrecidos vales, los padres negros de escasos recursos los han agarrado con las dos manos. Obama, por deferencia con el sindicato de maestros, se opone a la opción de escuelas, al igual que la mayor parte del liderazgo de la Naacp. Por tanto, McCain conquistó pocas voluntades con su discurso, aunque al respaldar una política que puede mejorar las vidas de los negros pobres y al tratar con respeto a un público hostil, dio renovada seguridad a los votantes independientes que vieron el discurso por televisión, que es un republicano tolerante.

Como es su costumbre, también deslizó, en un recuerdo hecho con habilidad, su notable historia de vida. Al evocar el día que recibió la noticia del asesinato de Martin Luther King, dijo que se sintió "como todos en nuestro país, aunque quizás con más incertidumbre y alarmado por mi país en la oscuridad en la que estaba envuelto junto con mis compañeros de cautiverio".

La biografía importa en una elección presidencial. Este año, los dos candidatos ofrecen historias diferentes. El atractivo de Obama depende de lo que simboliza: el hijo de un keniata y una madre oriunda de Kansas, que puede, a través del talento y el esfuerzo, escalar hasta la posición más alta del país. El atractivo de McCain se encuentra en lo que ha hecho.

Cuando Obama jugaba a las escondidas con sus amigos de seis años, McCain estaba eludiendo misiles tierra-aire sobre Vietnam, hasta que uno impactó su avión y fue capturado (ver aparte). Obama puede escribir con elocuencia sobre la agonía de tratar de descifrar cómo un chico de sus características étnicas encuadra en el mosaico racial de Estados Unidos. Pero, McCain soportó la tortura física: le fracturaron las costillas, le volaron los dientes a golpes y le recluyeron en confinamiento solitario por haber gritado obscenidades a sus carceleros. Fue un héroe de guerra y los votantes admiran eso.

ABIERTO. McCain asegura disfrutar de no ser el favorito. Y larga con las municiones casi agotadas y envuelto en llamas. La economía se encuentra en estancamiento. Los precios de los inmuebles declinan. Los combustibles cuestan dos veces y media más que en el momento en que George W. Bush asumió. Los estadounidenses están hartos de la guerra de Irak y de su presidente y hambrientos de cambio. Como candidato del partido gobernante, McCain no debería tener ninguna chance.

Sin embargo, la mayoría de las encuestas lo mostraron -antes de las convenciones de los dos partidos- en un empate técnico con Obama. En parte, eso refleja las dudas que tiene el electorado sobre el demócrata. Algunos están preocupados por la inexperiencia o inseguros sobre lo que realmente significa toda la retórica sobre la esperanza y el cambio. Algunos no están dispuestos a votar por un negro. Pero, parte del crédito por la manera en que McCain aparece mucho mejor que su partido, debe dársele al propio candidato.

Resulta difícil mencionar a otro político que pueda ser un orador tan mediocre, aunque tan eficaz como McCain. Mark Staller, que escribe sus discursos, le prepara textos elegantes por los cuales él tropieza como un hombre de gustos hogareños que se atora con la "nouve-lle cuisine". Su voz no tiene alcance y pone énfasis en las palabras en que no debe hacerlo. Pero la gente lo escucha, porque cree que dice lo que realmente piensa.

Proyecta la imagen de un personaje que en otros tiempos supo de acción, juerga y mujeres. En la campaña, consume comida chatarra y la disfruta. Tiene un cúmulo de chistes horribles que repite con tanta frecuencia, que sus colaboradores los han impreso en camisetas. Expresa sus convicciones en términos sencillos y condimenta su mensaje con anécdotas mundanas y acotaciones de humildad.

McCain muestra lo mejor de sí cuando responde a preguntas de votantes que no han sido seleccionados, algo que la mayoría de los políticos rara vez se atreve a hacer. De manera crucial, deja que las personas que están descontentas le hagan repreguntas hasta que pierden el impulso. La actitud abierta de McCain ayuda a explicar por qué los periodistas, hasta aquellos que no simpatizan con los republicanos, con frecuencia hacen excepciones con él. Mientras Obama, esporádicamente les tira algunas "migajas" a las hordas de escribas que lo siguen, McCain dedica horas, en la parte trasera del ómnibus o del avión de su campaña, a charlar con ellos. Otros políticas buscan minimizar los errores al evitar decir palabras que no tienen libretadas; McCain, no. Al abrirse, deja que los periodistas conozcan lo que piensa y sabe. Como consecuencia de ello, le cayeron con cierta dureza cuando confundió a los terroristas sunitas con los chiitas. Cualquiera que haya estado algún tiempo con McCain, sabe que éste conoce la diferencia entre los dos.

Lo perjudicial de la actitud abierta de McCain es que expone sus debilidades, así como sus fortalezas. Sabe mucho de geopolítica, pero muy poco de economía, lo que resulta embarazoso. Es inteligente, pero no tanto como su rival. Es un hombre de principios, aunque éstos no son siempre firmes ni coherentes. Y, tiene mal genio.

PELIGRO. La credibilidad que tiene en temas de seguridad nacional ha jugado un papel enorme en su éxito. Su padre y abuelo eran almirantes. Ha sido miembro de la Comisión de las Fuerzas Armadas del Senado durante dos décadas. Cuando habla de temas militares, los votantes saben que no está repitiendo apuntes. Insistió que Bush no había enviado suficientes tropas a pacificar a Irak mucho antes de que el éxito del refuerzo de tropas demostrara que tenía razón.

Cuando algo ocurre para recordarles a los estadounidenses que el mundo es un lugar peligroso, crece la cotización de McCain. El asesinato de Benazir Bhutto, en diciembre, probablemente lo ayudó a ganar en las primarias de Nueva Hampshire dos semanas después. La reciente invasión de Georgia por parte de Rusia lo hizo aparecer como un visionario. Bush había comentado que miró a los ojos a Vladimir Putin y vio el alma de éste. En cambio, McCain dijo, punzante, que había mirado a los ojos de Putin y vio una K, una G y una B.

Pero, ¿la política exterior siempre será una fortaleza? Al tergiversar de modo premeditado un comentario que hizo McCain, los demócratas han insinuado que quiere ocupar Irak durante 100 años. En efecto, la brecha entre los dos candidatos en cuanto a Irak se ha reducido desde el final de las primarias del Partido Demócrata. McCain quiere que Irak se estabilice antes de retirar a los soldados. Obama quiere retirarlos lo antes posible, siempre que Irak sea estable. Un campo más fértil para que los demócratas ataquen a McCain es su belicosidad general. Su héroe político es el guerrero Teddy Roosevelt y seguramente McCain estaría más dispuesto que Obama a bombardear a Irán.

carácter. En las elecciones de noviembre es casi seguro que el Partido Demócrata incrementará sus mayorías en ambas Cámaras. La ironía es que la creciente oleada demócrata da a los votantes "tácticos" un motivo para respaldar a McCain. Cuando un partido controla tanto el Congreso como la Casa Blanca, sus elementos más extremistas pueden hacer ostentación de fuerza sin impedimento. Gobernar de manera unida deriva en incontinencia fiscal. Los votantes pueden decidir que un Congreso con mayoría demócrata necesita un vigilante republicano.

Pero, lo más probable es que la elección dependa de la manera como los votantes que oscilan entre los dos partidos perciben el carácter de los candidatos. Es la mayor ventaja que tiene McCain. Los antecedentes de Obama como organizador comunitario y profesor de Derecho resultan atractivos principalmente para los sectores que tienen inclinación por votar a los demócratas. En contraste, el currículum de McCain tiene sintonía con los votantes que oscilan entre los dos partidos, como es el caso de los trabajadores blancos. Sólo 12% de los votantes dice que confía "bastante" o "mucho", en el Congreso, mientras el 71% tiene esa opinión de las Fuerzas Armadas. La mayoría de los estadounidenses tiene apenas una idea difusa de lo que es un organizador comunitario, pero todos saben que un guerrero pelea en las guerras.

Quienes apoyan a McCain no creen que mediante un toque mágico traerá una era de armonía global, pero consideran que es la opción más segura. Quienes dudan, mencionan el temperamento volátil de McCain y el hecho de que un hombre de 72 años no puede estar seguro de que se mantendrá vivaz y alerta dentro de cuatro años.

Pero algo es seguro: en un año, en el que los republicanos tienen escasa popularidad, el senador de Arizona da a su partido una verdadera chance de ganar en las elecciones.

Un "rebelde" de los republicanos

Un aspecto central del atractivo que tiene John McCain es su trayectoria como disidente en el Partido Republicano. Su rival demócrata, Barack Obama, nunca contradijo la ortodoxia de su partido en temas importantes. McCain en cambio, lo ha hecho con frecuencia.

Por ejemplo, planteó la necesidad de actuar contra el problema del calentamiento global cuando muchos de sus correligionarios republicanos desdeñaban abiertamente el tema como un engaño.

Unió voluntades con un demócrata para impulsar una reforma sobre el financiamiento de las campañas electorales que muchos conservadores rechazaron. Junto con Ted Kennedy, auspició un proyecto de ley que hubiera abierto a los inmigrantes ilegales el camino hacia la ciudadanía, si los legisladores republicanos no lo hubieran frenado.

Sus motivos a veces son mixtos. Su celo para cortar la influencia del dinero en la política surge, en parte, de su vergüenza por haber aceptado dinero en efectivo para su campaña y viajes en un avión privado, de un financista de dudosa actuación durante el escándalo de las instituciones de ahorro y créditos hipotecarios, en la década de los ochenta. Al igual que en su oposición a los recortes impositivos aplicados por Bush, no siempre se muestra consistente. Hasta sus opositores admiten que no es un republicano típico y lo respetan.

En los temas sociales, McCain tiene posiciones conservadoras. Se opone al casamiento de homosexuales, aunque con frialdad y sin hacer de ello una cruzada. Dice que quiere prohibir el aborto, pero una vez deslizó que si su hija quisiera hacerse uno, dejaría que ella lo decidiera.

Esa moderación, aunque resulta atractiva para los votantes que oscilan entre los dos partidos, resulta execrable para quienes igualan el aborto con el asesinato.

Pero, los ciudadanos conservadores con sensibilidad social no tienen dónde ir. Quizás se queden en casa el día de las elecciones. Es poco probable que voten por Obama, que recibe la máxima calificación de un grupo partidario del derecho al aborto. THE ECONOMIST

Cumplió con el código de honor

El 26 de octubre de 1967, el piloto John Sidney McCain III no pudo evitar un misil norvietnamita. Tuvo que saltar del avión, sufrió triple fractura en las piernas y cayó en un lago. Fue tironeado de allí por una turba, apuñalado en la ingle y golpeado casi hasta la muerte (foto). Como prisionero de guerra, le fue negada atención médica hasta que sus captores tuvieron conocimiento de que era el hijo de un Almirante. Le ofrecieron ponerlo en libertad. Se negó hasta que fueran liberados los estadounidenses que fueron tomados prisioneros antes que él. Eso significó más de cinco años, pero es lo que requiere el Código de Honor de la Armada y McCain no quería que los propagandistas del enemigo pudieran decir que en EE.UU. había una norma para la clase dominante y otra para las masas. Eso no significa que será un buen presidente, pero hace que los votantes, que admiran esas actitudes, lo tome en serio cuando dice que sirve a una causa mucho más grande que la de su interés personal.

Sensatez económica no despeja dudas

En su equipo no hay referentes para Wall Street

En materia económica, la postura de John McCain ha sido bastante sensata. Es partidario del libre comercio, bajos impuestos, regulaciones leves y responsabilidad fiscal. Siempre se ha opuesto a gastos en obras que tienen una finalidad de beneficio político, mientras Obama siempre los ha apoyado. Sin embargo, han surgido dos problemas en la campaña electoral.

Primero, ha perdido parte de su reputación de hablar claro en materia fiscal. El hombre que condenó los recortes de impuestos de Bush por considerarlos irresponsables, ahora propone actuar con irresponsabilidad para ampliarlos. En sus discursos de campaña, a veces incurre en dislates populistas, por ejemplo, al sugerir que los precios del petróleo podían reducirse, persiguiendo a los especuladores (Obama también es culpable de lo mismo). A veces dice cosas que carecen de sentido, como cuando sostiene que un sistema tope y trueque para frenar las emisiones de carbono no impondría costos a la economía estadounidense.

En segundo lugar, en lo que respecta a los detalles de la política económica, McCain parece fuera de ambiente. En julio, al preguntarle si apoyaba el plan del secretario del Tesoro, Hank Paulson, para dar una línea de crédito destinada a respaldar a Fannie Mae y Freddie Mac, las dos gigantes hipotecarias en problemas, respondió: "Sí". Al pedirle que ampliara su respuesta, dijo: "Lo apoyo".

Debido a la debilidad de McCain en esa área, su elección de asesores económicos importa mucho. Su principal gurú económico, Doug Holtz-Eakin, ex director de la Oficina de Presupuesto del Congreso, es ampliamente respetado.

Pero, otros dos asesores, Carly Fiorina y Meg Whitman, son personas del mundo de los negocios y no economistas. Fiorina fue principal ejecutiva de la empresa de computación Hewlett-Packard y Whitman dirigió eBay, un sitio de subastas online. Las dos son capaces en su campo de actividad, pero ninguna le daría a un gobierno de McCain la necesaria credibilidad en Wall Street. THE ECONOMIST

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar