ENTREVISTA

Marta Lagos: “Lacalle marcó una diferencia: llamó por su nombre a las dictaduras”

La directora de Latinobarómetro comparte los estudios de opinión pública que maneja sobre la región, da su visión y, por supuesto, incluye a Uruguay en un análisis sin tapujos.

Marta Lagos, directora de Latinobarómetro. Foto: Marcelo Bonjour.
Marta Lagos, directora de Latinobarómetro. Foto: Marcelo Bonjour.

La región está en ebullición con una Argentina que se balanceó en el borde de la ingobernabilidad, Brasil con encuestas que muestran el avance de Lula y la pugna con el presidente Bolsonaro, y Chile en plena campaña de elecciones presidenciales, por nombrar algunos países. Todos luchando contra el COVID-19 y con ciudadanos cada vez más exigentes con sus gobiernos, ante las necesidades que los desbordan.  

-Cómo la pandemia ha impactado a los gobiernos de la región y a la opinión pública?

-La pandemia sacó a la gente de su mundo local y la ubicó en un mundo globalizado. Los pueblos de esta región ven más las demandas del primer mundo y quieren ese desarrollo, aprendieron a exigir sus derechos y eso es lo que están haciendo. Además, hay un individualismo importante, en donde cada cual trata de solucionar los problemas solo, porque los gobiernos no fueron capaces de hacerlo. Esto impacta a nivel político. Es difícil que en América Latina se produzcan elecciones dentro de los próximos dos o tres años que resulten en continuidad. Lo que va a haber es alternancia en muchos países.

-¿Cómo ve la situación de Argentina con la crisis del gobierno en este momento?

-No me sorprende. La lucha del poder del interior del peronismo parecía congelada con el aparente manejo de Fernández de la pandemia, pero el rechazo de la gente le ha dado gasolina a los motores de Cristina Kirchner para quedarse nuevamente con el poder. Si el gobierno no cumple con las demandas sociales, la gente va a salir a la calle. No importa si son o no partidarios de Fernández. Se abrió una puerta y es difícil cerrarla, salvo solucionando los problemas.

-¿Y qué probabilidad tiene de solucionar sus problemas en un tiempo razonable?

-Yo preguntaría qué posibilidades tiene cualquier país de América Latina de hacerlo. Pedro Castillo en Perú tiene un país que creció 10%, pero hay calles a pocos kilómetros del centro de la capital que no tienen pavimento. Lo mismo en Paraguay y en otros lados. Los atrasos de América Latina no se recuperan en un día, y lo que la gente está pidiendo es una apuesta al día en los atrasos. Los próximos diez años van a ser muy duros para los gobiernos latinoamericanos. Miren lo que pasó en El Salvador, allí la luna de miel se acabó abruptamente. Se dio vuelta la tortilla y Bukele ya no tiene el beneplácito de la gente. Su populismo duró menos de dos años.

-¿Cómo se presenta el panorama de Brasil, con elecciones generales en octubre de 2022?

-Datafolha le da ventaja a Lula y Bolsonaro amenaza con un golpe militar, pero los golpes militares no van a volver a América Latina. En la región lo que sí se van a instalar son autocracias. Los populistas, como Bukele o Bolsonaro, quieren ser votados. Incluso Maduro y Ortega están con esa postura, porque quieren decirle al mundo “aquí hay un error, somos democráticos porque fuimos a las urnas”. La ecuación no es fácil.

-¿Cómo diferencia la autocracia de otras imposiciones?

-Hoy no tenemos al mando a un militar con la metralleta en la mano, sino civiles que dicen “a mí me eligieron”. Ya no son dictaduras militares, son autocracias, populismos dictatoriales. Uno de los errores más grandes es creer que se repite la historia, cuando en realidad la historia evoluciona con distintas formas de autoritarismo. En Nicaragua, por ejemplo, hay lo que se podría llamar un sultanato. Como en Catar, Ortega y su familia se están apropiando de los recursos del Estado. También está el caso de Maduro que se quedó con Venezuela. Si en Brasil pasa cualquier cosa, no va a llegar ningún militar con uniforme a hacer un comunicado como presidente, sino un civil, apoyado sí por militares, pero ya no será el golpe militar de los 70, con militares que tenían un profundo desprecio por los civiles.

-En Chile hay elecciones el 21 de noviembre, ¿cómo está el ambiente?

-La posibilidad de que en Chile pueda haber un segundo gobierno de derecha consecutivo es una idea que solo está en el imaginario colectivo de la derecha. Los chilenos que van a votar no quieren la continuidad. Hemos tenido siete elecciones este año y la derecha ha perdido en todas. El candidato más fuerte de la derecha, Sebastián Sichel -que se declara Independiente-, tiene pocas chances, aunque las tiene. Pero el candidato de izquierda, que es un diputado joven con un camino sólido, puntea en las encuestas.

Presidente Luis Lacalle Pou en Estados Unidos. Foto: AFP
Presidente Luis Lacalle Pou en Estados Unidos. Foto: AFP

-Si Boric gana, habrá varios gobiernos de izquierda en la región, como el de Fernández, López Obrador, Ortega, Maduro, Castillo, Díaz-Canel. Y Lula con chance. ¿Se podría hablar de una nueva ola de las izquierdas?

-Creo que hay un error al tratar de contar las izquierdas y las derechas. Acá el problema es si se puede responder a las demandas de la gente, o no. Pero además, no se puede hablar de “ola de izquierdas”. Hace diez años, cuando las izquierdas dijeron venir a solucionar los problemas, sí tuvimos una ola de gobiernos progresistas, que fue gloriosa por marcar una transición, con ideales, aunque luego fracasaran. Tampoco la derecha lo hizo bien. En todo caso, ahora no es una “ola” de izquierdas lo que ocurre, sino que son países que tienen liderazgos progresistas. Capaz que ni siquiera lleguen a unirse, con la cantidad de gente que va a haber en las calles protestando en sus respectivos países.

-¿Se puede hablar de fracaso en la región?

-Sí, el fracaso de las élites de poder. La gente demanda más democracia, más derechos, más inclusión, más garantías. Y los gobiernos están preocupados por el poder, se quieren quedar. En eso hay fracaso. Los personalismos de la élite están impidiendo que América Latina avance. También hay élites corruptas, acá en Chile, en todos lados. Perú ha tenido cuatro presidentes en los últimos tres o cuatro años. Las elecciones no son lo que eran antes. La gente elige, pero ojo que quizás el electo no termina su mandato. Eso se viene.

-¿Qué opina de las críticas del presidente Lacalle Pou a Cuba, Venezuela y Nicaragua en la Celac?

-Uruguay ha mostrado que sus gobernantes, tanto de derecha como de izquierda, se atreven a hablar. Pepe Mujica también dio discursos en distintos foros que causaron muchísimo revuelo. Uruguay tiene un grado de libertad para hablar que no tienen otros países. Tiene ropa, tiene piso, tiene legitimidad. Lacalle Pou nombró a las dictaduras por su nombre, marcando una diferencia. Estas cumbres y encuentros de presidentes latinoamericanos habían caído en un sopor condescendiente. Está bien que alguien venga a romper esa autocomplacencia.

-¿Qué opinión le merece la 76a. Asamblea General de la ONU?

-Después del ataque de las Torres Gemelas, Estados Unidos se olvidó de América Latina, y eso cambió el curso de los acontecimientos en esta región. Eso tiene un impacto en las Naciones Unidas, donde desde hace unos quince años o más, está mirando más a África, que es una región que tiene más necesidades que nosotros, u otros intereses. Estados Unidos está aterrada de que China le pase la aplanadora. Pero a nadie le importa realmente América Latina. Ese seguirá siendo el caso.

-El gobierno de Uruguay quiere firmar un TLC con China y esto genera tensiones en el Mercosur. A su entender, ¿qué puede pasar?

-China se va a comer todos los pactos o tratados. Si no es hoy, será mañana. Todos los pactos comerciales van a quedar aniquilados ante China. Los chinos han roto todas las reglas del comercio. Ellos son la regla. El nivel de comercio que China va a lograr va a significar que lo demás sea insignificante. La ruta de la seda, por ejemplo, disminuye el tiempo de transporte de los productos chinos de la Costa de Shanghái a Róterdam, de 40 a 8 días. China va a transformar el desarrollo del mundo en diez o quince años. Ese músculo económico no lo tiene Estados Unidos, ni la Unión Europea.

-¿Cómo ve el futuro de esta región?

-América Latina intentará recuperar sus democracias a mediano plazo y sobrevivir en el mundo como puede. Los 55 años de integración latinoamericana no nos llevaron a ningún lado. Somos países tratando de sobrevivir individualmente; no hay una unidad y eso se sentirá.

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