Camp Doha, Kuwait |
M. Gordon/the new york times
Algunas guerras empiezan con una gran explosión. Otra comienzan con ataques aéreos limitados, movimientos fronterizos ocultos y operaciones psicológicas para debilitar la resistencia del enemigo.
Esta guerra comenzó con ambas estrategias. Los grandes golpes fueron los ataques con misiles desde el Mar Rojo y el Golfo Pérsico, así como los ataques de los F-117 (aviones invisibles) contra tres "objetivos centrales", un esfuerzo aparente por decapitar el régimen de Saddam Hussein. El ataque hizo recordar al que montó la administración Clinton —sin éxito— para intentar matar a Osama bin Laden en Afganistán.
Pero incluso antes de que se realizara el ataque a Bagdad, la fase final preparatoria de la guerra ya estaba en camino. Incluyó ataques con artillería, una campaña masiva de operaciones psicológicas y el posicionamiento de tropas terrestres a lo largo de la frontera Kuwait-Iraq.
A pesar de estos dos desarrollos paralelos —el ataque al liderazgo iraquí y las maniobras en la frontera—, el asalto aéreo y terrestre para hacer colapsar el régimen de Hussein todavía no ha sido lanzado. Si el intento de borrar de la faz de la tierra al liderazgo iraquí no da resultados, Estados Unidos está preparado para asestar un golpe de knock out.
Entretanto ya ha alcanzado a algunos de sus objetivos. En la tarde del miércoles, aviones de guerra aliados atacaron una docena de piezas de artillería ubicadas en Al Zubayr, un pueblo al sur de Irak, así como en la península de Al Faw. Los bombardeos fueron importantes desde el punto de vista militar y también por lo que representan políticamente. Aviones aliados que estaban patrullando la zona sur de exclusión aérea, atacaron misiles tierra-aire y tierra-tierra en el sur de Irak.
El razonamiento militar fue claro: establecer el escenario para la invasión de Irak. Las piezas de artillería que fueron atacadas incluyeron a los GHN-45 howitzers, un arma austríaca de 155 milímetros que forman parte del arsenal de Irak desde hace un tiempo y que la milicia iraquí mudó al sur del territorio hace unas tres semanas. Con un alcance de unas 25 millas, los howitzers podrían haber alcanzado a las fuerzas norteamericanas y británicas apostadas en el norte de Kuwait.
Los aviones de guerra aliados también atacaron armas de campo Tipo 59, ubicadas en la península Faw.
Los ataques fueron además un logro político. El general David D.McKiernan, comandante de la guerra terrestre, y sus oficiales principales han estado preocupados por la artillería y quisieron destruirla antes de enviar tropas norteamericanas y británicas a la guerra. La milicia americana dio el miércoles otro paso para crear las condiciones para un asalto aéreo y terrestre total, al impartir instrucciones a lo que se consideran son tropas iraquíes con muy baja motivación, acerca de cómo rendirse ante las tropas aliadas o al menos asegurarse de que no serán atacados. El mensaje fue difundido a través de una estación de radio ubicada cerca de la frontera entre Kuwait e Irak. Folletos con instrucciones similares también fueron lanzados desde aviones aliados.
En estos folletos se instruye a los iraquíes a estacionar sus vehículos, exhibir banderas blancas en ellos, alejarse cerca de media milla de esos vehículos y "esperar las instrucciones".
Otras señales también demostraron que el ataque era evidente. Las fuerzas británicas y norteamericanas se movieron a posiciones de ataque dentro de la zona previamente desmilitarizada que separa Kuwait de Irak. Varios cortes prolijos fueron realizados en la sofisticada cerca electrificada de 33 millones de dólares, que separa ambos países.
Los ataques aéreos sobre Bagdad serán más concentrados que en 1991; tan concentrados que sus defensores han denominado al plan "pegar y atemorizar". Las fuerzas terrestres irán más allá de lo que lo hicieron en la Guerra del Golfo. Cuando esto suceda la invasión no dejará lugar a ninguna duda y cesarán los debates sobre si la guerra realmente comenzó.