VENEZUELA

Maduro en campaña electoral: ¿Quién necesita a Chávez?

Confiado, prescinde de la imagen de su mentor político

Maduro: campaña a ritmo de reggaetón y ajeno a la crisis. Foto: Reuters
Maduro: campaña a ritmo de reggaetón y ajeno a la crisis. Foto: Reuters

En su campaña presidencial de 2013, Nicolás Maduro abría sus mítines con una emotiva grabación del himno nacional venezolano cantado por el entonces recién fallecido Hugo Chávez.

Maduro se rodeó entonces de imágenes del popular expresidente, reproduciendo el video de su mentor uniéndole como su sucesor, y proclamándose "el hijo de Chávez".

Sin embargo, esta vez, en la inusualmente descolorida carrera presidencial 2018 de Venezuela, Maduro ha relegado la imagen de Chávez.

Ignorando su impopularidad y el hecho de que muchos lo culpan por una crisis económica sin precedentes, Maduro se ha colocado a sí mismo como el centro de la campaña para el 20 de mayo.

En los mítines baila al ritmo de un pegadizo reggaetón llamado Todos con Maduro, mientras enormes pancartas con una "M" flanquean el escenario. Las multitudes agitan imágenes de su radiante rostro bigotudo, aunque a veces aparezca también la cara de Chávez. "Nuestro comandante se nos fue, pero hay que seguir la lucha. No me dejen solo", imploró Maduro a los participantes en una reciente manifestación. "Si hace 5 años era un candidato novato, ya no lo soy. Ahora soy un presidente maduro, preparado, capacitado, con las que te conté bien puestas para enfrentar la oligarquía, el imperialismo".

Las encuestas muestran que Chávez sigue siendo de lejos la figura política más popular, mientras que los porcentajes de aceptación de Maduro se han hundido, así como la economía del país.

La estrategia refleja la absoluta confianza de Maduro de ganar otro mandato de seis años. ¿Y por qué no? Las dos figuras opositoras más populares no pueden postularse, los recursos del Estado están a su servicio para hacer campaña, sus partidarios dominan instituciones judiciales y electorales, y la oposición sufre una amarga división.

Además, lejos de los jingles de campaña y dentro de las propias filas del chavismo, Maduro superó con éxito para consumar su candidatura a aspirantes internos como el poderoso Diosdado Cabello.

Su consolidación en el poder comenzó con la represión en 2017 de las protestas callejeras de la oposición que amenazaron con derrocarlo, y luego este año impulsó una purga de poderosos funcionarios que eran leales a Chávez pero se habían vuelto críticos de Maduro, como el exzar del petróleo, Rafael Ramírez.

"Bueno o malo, es Maduro la única imagen política que figura en este momento", dijo Hebert García, un exgeneral y exministro que se distanció de Maduro hace varios años y que ahora trabaja como consultor en Estados Unidos, donde se encuentra eludiendo las acusaciones de corrupción del gobierno venezolano.

Pero de hecho hay otras opciones en la boleta de votación: los más destacados son el exgobernador regional Henri Falcón y el pastor evangélico Javier Bertucci. No obstante, muchos partidarios de la oposición los ven como títeres y "colaboradores" que participan en un simulacro de voto puramente para dar legitimidad al régimen.

A pesar de lo confiado que Maduro puede lucir en el escenario político, su talón de Aquiles sigue siendo la economía que parece caer en picada. Venezuela sufre su quinto año de recesión y se anticipa una contracción de dos dígitos en 2018. La inflación es la más alta del mundo y el salario mínimo mensual vale apenas 2 dólares al tipo de cambio del mercado paralelo.

La escasez de alimentos y medicinas es vasta y cientos de miles de venezolanos han abandonado el país en los últimos años, cada vez más caminando, en autobús o incluso en bicicleta. Aun si gana el 20 de mayo, Maduro tendrá una gran crisis en sus manos.

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