elecciones presidenciales

Luego del escándalo, un humorista se perfila como el favorito en Guatemala

Con su lema "ni corrupto, ni ladrón", el humorista Jimmy Morales pasó de ser prácticamente un desconocido a encarnar la frustración de millones después de una serie de investigaciones que llevaron a la dimisión y arresto del expresidente Otto Pérez Molina en septiembre.

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Jimmy Morales, un artista candidato a presidente de Guatemala. Foto: Reuters

Los guatemaltecos votan el domingo en unas elecciones presidenciales para las que el humorista conservador Jimmy Morales es claro favorito, tras la oleada de escándalos de corrupción que forzaron la renuncia del último mandatario y pusieron a la elite política bajo sospecha.

La nula experiencia política del actor de televisión de 46 años se convirtió en su principal activo electoral ante una ciudadanía indignada que, según encuestas, le dará una victoria contundente sobre Sandra Torres, lastrada por su pasado como primera dama del ex presidente Álvaro Colom (2008-2012).

En las primeras horas de la jornada, los centros electorales mostraron menos afluencia de votantes que en la primera vuelta de septiembre, cuando se marcó una participación histórica del 70 por ciento, y no se registraban incidentes.

Los centros de votación abrieron a las 07:00 hora local (1300 GMT) y se espera cierren a las 18:00 hora local (0000 GMT). Los resultados se difundirán en la noche.

Con su lema "ni corrupto, ni ladrón", Morales pasó de ser prácticamente un desconocido a encarnar la frustración de millones después de una serie de investigaciones que llevaron a la dimisión y arresto del expresidente Otto Pérez Molina en septiembre, acusado de dirigir una millonaria estafa aduanera.

"Ya estamos cansados de la política vieja de Guatemala, que nos ha tenido sumidos durante tantos años en un robo masivo", dijo Alejandro Cruz, un corredor de seguros de 47 años, quien votó por el artista, un evangélico conservador que se define de centro. "Creo que va a ser histórico el día de hoy", agregó.

Pese a que su programa de apenas seis páginas ha despertado escepticismo, Morales supo conquistar al electorado con discursos plagados de parábolas bíblicas y chistes populares que entremezclaba con su historia de niño humilde que pasó de vender plátanos en un mercado a tener su productora de televisión.

"No tiene programa y no tiene equipo", dijo Hugo Novales, analista político en la Asociación de Investigación y Estudios Sociales (ASIES). "Pero el descontento es tan grande que esos elementos no son una prioridad para el votante medio", agregó.

En contraste, Torres presentó un exhaustivo plan de gobierno en el que prometió profundizar los programas sociales para la mayoría pobre del país que ella misma diseñó durante el mandato de su ex esposo Colom, del que se divorció en 2011 para poder lanzarse a la presidencia.

Sin embargo, la vinculación de esta empresaria textil de 60 años con la clase política le pasó factura en los sondeos, donde su rival le sacaba más de 30 puntos antes de los comicios.

"La gente está cansada de corrupción y la señora (Torres), pues ya tiene la cola manchada. No queremos dentro de tres años y medio estar lamentándonos como estamos lamentando estas personas que ya salieron", dijo Gilberto Maldonado, carpintero de 40 años, tras votar en una zona de clase media de la capital.

Las investigaciones de la Fiscalía y la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), un organismo internacional respaldado por la ONU, señalaron a Pérez Molina y a su ex vicepresidenta, Roxana Baldetti, como los jefes de una mafia aduanera conocida como La Línea.
Tras ser imputados y arrestados, ambos están presos a la espera de juicio, aunque niegan todos los cargos.

Las revelaciones provocaron multitudinarias protestas que se transformaron en un voto castigo contra los políticos y llevaron a Morales a ganar la primera vuelta electoral en septiembre de entre 14 candidatos, pero lejos del 50 por ciento necesario para evitar el balotaje.

El ganador, que debe asumir en enero, se encontrará con un país frustrado por las persistentes desigualdades sociales y donde más de la mitad de la población vive en la pobreza.

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