Los expulsados

JORGE ABBONDANZA

Se realizó en El Cairo una conferencia internacional para la reconstrucción de la Franja de Gaza, luego de la destrucción provocada por los bombardeos israelíes, que además de las montañas de escombro dejaron una empinada cifra de muertos entre la población civil.

La conferencia celebrada en estos días logró reunir 4.500 millones de dólares para ese fin, aunque no sólo en Gaza se plantea un gravísimo problema palestino. La prensa del mundo habla mucho menos de otras cosas, como las condiciones en que ese pueblo árabe ha sobrevivido en campamentos de refugiados de Jordania o el Líbano, desde que "se vieron obligados a huir de sus hogares después de la creación del Estado de Israel en 1948", como sostiene un cable de la agencia de noticias EFE.

La situación de los 400.000 refugiados que permanecen en el Líbano desde hace seis décadas, se describe en ese informe de la siguiente manera: "los campamentos están formados por chabolas, las aguas residuales corren por las calles, los cables eléctricos cuelgan por doquier, conectados a algún enlace que permita alumbrar las casas. Para los analistas del International Crisis Group, la situación es catastrófica y supone "una bomba de tiempo. Los niños corren descalzos con los pies llenos de barro, mientras muchos jóvenes y adultos permanecen sentados sin hacer nada. El porcentaje de desempleados es del 70%, aunque la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados fije esa cifra en el 40%". La desocupación afecta "tanto a personas sin estudios como a las instruidas", que a pesar de contar con un título universitario deben trabajar sin contrato, sin seguridad social, sin permiso de trabajo, sin vacaciones pagas, sin cobertura médica y sin derecho a la compra de bienes inmuebles.

Pero además los refugiados "tienen prohibido el ejercicio de algunas profesiones y la creación de asociaciones". Procurando mejorar esa situación, "el gobierno libanés aprobó una ley que permite a los palestinos ejercer unas 50 de las 75 actividades que tenían prohibidas", aunque -como dice el director del Centro de Desarrollo Humano de esos asentamientos- "entre la teoría y la práctica hay una diferencia". Los jóvenes palestinos mejor formados, "deciden emigrar a otros países, pero en la mayoría de ellos sufren la misma discriminación y les resulta casi imposible obtener un visado para entrar en la Unión Europea". Conviene saberlo para medir algunos efectos no siempre divulgados del conflicto en Medio Oriente.

Cuando el electorado palestino (tal cual ocurrió con el de Gaza) apoya en un comicio opciones extremistas como la de Hamas, es preciso entender que esa alternativa no es el comienzo de nada sino la consecuencia de muchos factores como los señalados, que se han acumulado a lo largo del tiempo y pueden ser poco conocidos, aunque sin embargo son suficientes para colocar a un pueblo al borde de la desesperación. El resultado de ello es la violencia (armada o política), desembocadura nada deseable que de todas maneras obedece a la vieja relación entre causa y efecto, una ecuación fatídica pero inevitable que a esta altura no debería sorprender a nadie.

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