El atentado fallido contra un avión con destino a Detroit generó retrasos en vuelos y numerosas incomodidades para los pasajeros, principalmente para los que viajaron a EE.UU. Aún se desconoce el impacto que estas medidas de seguridad tendrán.
Al llegar al Aeropuerto O`Hare International, en Chicago, Dennis Weyrauch relató la espera de dos horas y las revisaciones que debió sortear en el aeropuerto de Amsterdam, antes de que el avión decolara: como le ocurrió a todos los pasajeros en su vuelo, el equipaje de mano fue metódicamente revisado, el contenido de los frascos que llevaba fue estudiado y luego él fue sometido a un cacheo.
"Fue exhaustivo, extenso y hubo una suerte de cacheo al estilo policial", dijo Weyrauch, un abogado de 53 años. "A decir verdad, pareció excesivo. No tuve una sensación mayor de confort de las medidas de seguridad y como medida práctica, me pregunté por cuanto tiempo podrán hacer todo eso".
En aeropuertos a lo largo de EE.UU., dos semanas después del frustrado intento terrorista en un vuelo a Detroit, decenas de viajeros relataron diferentes experiencias con las medidas de seguridad. En los vuelos internos, la mayoría no advirtió casi nada nuevo, además de la presencia de más perros de la Policía en las terminales y en algunas instancias, cacheos y revisación de valijas al azar.
Sin embargo, para los viajeros de vuelos internacionales con destino a EE.UU. los cambios fueron mucho más notorios. Las colas se hicieron largas, las revisaciones se triplicaron (y a veces cuadruplicaron), los documentos fueron revisados al detalle y casi todos los viajeros dijeron que fueron objeto de cacheos de cuerpo.
"Si siempre va a ser así, creo que voy a reconsiderar la frecuencia con que viajaré", dijo Weyrauch al referirse al tiempo que insumió todo el proceso.
En general, las personas tuvieron paciencia y hasta valoraron los esfuerzos de seguridad adicionales, aunque otros se mostraron exasperados, confundidos y en la mayoría de los casos, estuvieron retrasados.
LeRoy Cowell arribó con un día de retraso al aeropuerto Liberty International, en Nueva Jersey. Un control de seguridad en Jamaica, inicialmente demoró su vuelo y luego otra revisación de seguridad de dos horas, en Miami, le hizo perder la conexión con otro vuelo. "No hay duda que estas medidas mantendrán a las personas más seguras, pero son demasiadas verificaciones y hay demasiada demora", comentó Cowell. "Se mueven con lentitud".
Las aerolíneas sostienen que es demasiado temprano para saber si las personas cambiarán sus tendencias de viaje, pero los datos de los primeros diez días siguientes a la Navidad mostraron significativo incremento de las demoras y de vuelos cancelados en algunos de los principales aeropuertos de EE.UU. y del exterior, en comparación con el mismo período de los dos años precedentes. Algunos aeropuertos fueron afectados por tormentas, aunque los datos de FlightStats también sugieren que las crecientes medidas de seguridad pueden haber sido una gran causa de las demoras.
Los viajeros que partieron el miércoles último, indicaron que todavía no sabían qué debían esperar en los aeropuertos, pese a los días transcurridos desde el fallido intento de atentado y las medidas crecientes, aunque cambiantes, indicadas por la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA, por su sigla en inglés). Algunos pasajeros de vuelos internos fueron elegidos al azar para cacheos corporales en aeropuertos como el de Wichita, en Kansas, aunque la mayoría no pasó por ese control.
"No hay nada de malo en los controles, si sirven para que volemos más seguros", dice Lauren Natalie Johnson, estudiante de Gestión Deportiva en la Universidad de Jackson (Florida), que viajó a Miami, desde Barajas, el 30 de diciembre de 2009. Lauren, alta y rubia, regresó a su país en un momento caliente, y, como la mayoría de los pasajeros, llegó al aeropuerto con tres horas de adelanto a la salida del vuelo.
"Han aumentado las molestias, pero todo esto viene motivado por una cosa: la seguridad. Es la piedra angular del transporte aéreo, un edificio que se vendría abajo si fallara la confianza del usuario", dijo Juan Ignacio Lema, titular de AENA, el ente que gestiona los aeropuertos españoles y tiene a su cargo la navegación aérea.
DEMORAS. En los aeropuertos fuera de EE.UU. el cacheo corporal fue la norma, hasta en los casos de personas que no son oriundas de los 14 países que Washington identificó para los controles adicionales. Los viajeros dieron versiones muy diferentes, desde un cacheo corporal extrañamente detallados y hasta invasivo, hasta una leve revisación.
Un jerarca de la TSA confirmó que la agencia había pedido a las aerolíneas que modificaran la manera en que se hacen los cacheos para los vuelos con destino a EE.UU. El jerarca no quiso describir con precisión las directivas impartidas, por motivos de seguridad, aunque dijo que se pide a las aerolíneas, en el ámbito internacional, que hagan "un cacheo corporal completo".
Vincent Gesquiere, quien voló de Bruselas a Atlanta, dijo que los funcionarios le pidieron que desprendiera el cinturón y le advirtieron que "va a ser una revisación muy cercana a partes íntimas de su cuerpo". Dijo que, en definitiva, no le pareció un proceso molesto y que el alto nivel de precaución le dio tranquilidad.
Para la mayoría de las personas entrevistadas, por ahora, las demoras, largas colas y vuelos perdidos, resultan hechos mucho más molestos. Nick Winter, de 46 años, dijo que se puso a pensar por todo lo que había pasado. "¿Necesito pasar por todo este ajetreo?".
MEDIDAS. Desde el domingo 27, a petición de la TSA todas las compañías que vuelan a EE.UU. están obligadas a realizar una serie de nuevos controles. Doble chequeo al pasajero y al equipaje de mano en el aeropuerto, y, ya en el avión, prohibición de moverse de sus asientos en la última hora del trayecto. Eso sin olvidar que siguen en pie las restricciones al transporte de líquidos en el equipaje de mano, puesta en práctica a raíz del atentado abortado por los británicos en agosto de 2006: Una trama terrorista había fabricado bombas líquidas para hacer estallar varios aviones sobre el Atlántico.
Si el atentado de Lockerbie (Escocia), en diciembre de 1988, que causó 270 víctimas, supuso una conmoción en los hábitos de vuelo, el verdadero punto de inflexión se produjo a raíz de los ataques a las Torres Gemelas. A partir del 11 - S, con su secuela de intentos fallidos de derribar otros aviones, las cosas se han vuelto más duras.
El transporte aéreo es un sector poderosísimo que en 2008 transportó a casi 2.300 millones de usuarios y cuyo impacto económico equivale al 8% del PIB mundial. Un sector vulnerable, al mismo tiempo, a mil y una interferencias y amenazas. Y no sólo las de los terroristas. Problemas que están convirtiendo el viaje en avión en una aventura difícil, cuando no abiertamente desagradable. Olvidados completamente los tiempos de la amabilidad, de los aeropuertos sin guardias de seguridad, sin arcos detectores de metales, sin exigencias de identificación. basado en THE NEW YORK TIMES Y EL PAÍS DE MADRID
La cifra
2.300 Son los millones de usuarios que tuvo el transporte aéreo en 2008 y se teme que estas medidas afecten los viajes en 2010.
Escaneo y revisión exhaustiva
A las medidas de seguridad ya habituales -como el escaneo del equipaje, el pasaje por un arco detector de metales y una breve entrevista por parte de un agente de seguridad de las aerolíneas- los pasajeros que llegaron en los últimos días a EE.UU. debieron someterse a un nuevo cacheo manual y a un segundo registro manual y exhaustivo de sus maletas. Los principales cambios en la seguridad afectan, sin embargo, al viaje en sí mismo. Durante la última hora de trayecto, los pasajeros deberán permanecer sentados, con los cinturones abrochados, los dispositivos electrónicos -como reproductores MP3 u ordenadores- apagados y todas sus pertenencias guardadas en los cajones superiores del avión. Durante esos 60 minutos no se le permitirá a ningún pasajero levantarse, ni siquiera para el uso de los lavabos. Tampoco se le permite tener ningún objeto, como un libro o una revista, entre las manos o sobre el regazo, o usar mantas o almohadas de viaje. Además, las aerolíneas ya no muestran mapas con el trayecto que va efectuando el avión, para evitar así que los pasajeros puedan identificar cuándo se está sobrevolando una ciudad o un punto en tierra que pueda ser objeto de un ataque. En EE.UU. existe una lista con más de medio millón de nombres sospechosos de conexiones con terroristas, otra con 14.000 personas con una implicación más alta y una de 4.000 que tienen prohibida la entrada al país. Al mismo tiempo se debate el uso de los escáneres de rayos X que desnudan al pasajero.