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Jair Bolsonaro: un año de mandato entre desgaste y buenas señales

El presidente de Brasil cumple 365 días al mando con baja en popularidad.

La gestión Bolsonaro estuvo salpicada por denuncias de corrupción pero alza económica. Foto: EFE
La gestión Bolsonaro estuvo salpicada por denuncias de corrupción pero alza económica. Foto: EFE

Jair Bolsonaro asumió la presidencia de Brasil con el compromiso de producir cambios profundos y rápidos en un gigante golpeado por la mayor crisis económica de su historia, una situación de violencia rampante y corrupción generalizada.

Cuando faltan dos días para que se cumpla un año desde que tomó las riendas del mayor país de América Latina, el excapitán del Ejército carga sobre su espalda con un inusual desgaste político para un presidente en sus primeros meses de mandato, compensado en parte por señales que alientan un escenario de recuperación económica.

La falta de articulación política en el Congreso brasileño; peleas internas por fondos partidarios que dinamitaron el Partido Social Liberal (PSL), que lo catapultó a la presidencia, y los constantes ataques de su familia a líderes internacionales y autoridades causaron una rápida erosión de la popularidad de Bolsonaro.

“Fue un año de desgaste. Llegó con un discurso de romper con la política tradicional, pero vimos algo parecido a lo habitual”, dijo Mauricio Santoro, politólogo y profesor de la Universidad del Estado de Río de Janeiro.

La luna de miel duró poco. Bolsonaro vive el fin de su primer año con una popularidad por debajo de la de sus predecesores Fernando Henrique Cardoso, Luiz Inacio Lula da Silva y Dilma Rousseff en los primeros meses de gestión.

De acuerdo con Santoro, el año quedó marcado por gestos y políticas para conformar a la base electoral que le dio la victoria en 2018, resumida en tres grupos: el económico, una clase media y empresarial que clama por medidas de liberalización de la economía; el conservador y evangélico, que busca dominar la agenda de las costumbres, y un último grupo con foco en el combate contra la corrupción y la violencia.

“El presidente está satisfecho con mantener su base, sin preocuparse tanto por la posibilidad de ampliarse. Cree que teniendo ese porcentaje de apoyo, en caso de enfrentar nuevamente a la izquierda le será suficiente”, agregó Santoro.

Denuncias

Casos de corrupción que salpican a su hijo Flavio y al PSL -que Bolsonaro abandonó semanas atrás- por presuntos desvíos de fondos públicos electorales también contribuyeron para erosionar la aprobación del presidente, de acuerdo con Carlos Melo, profesor del Instituto de Enseñanza Superior en Negocios.

Según el Ministerio Público brasileño, existen indicios de una supuesta “organización criminal” en el exgabinete del hijo mayor del presidente, Flavio, cuando era diputado estatal de Río, entre 2003 y 2018. Él y sus asesores habrían cometido crímenes de lavado de dinero y asociación ilícita.

El deseo de un cambio radical propuesto por el ultraderechista de 64 años -que se presentó como un outsider, a pesar de sus casi tres décadas como congresista, que sacaría al país rápidamente de sus problemas endémicos- terminó por convertirse en un búmeran.

Apenas 29% de los brasileños consideran que lo hecho por el gobierno de Bolsonaro en su primer año de mandato es bueno, de acuerdo con una encuesta publicada por la consultora Ibope el 20 de diciembre pasado. En tanto, el 38% de los brasileños consideran pésima o ruinosa la gestión del mandatario.

El presidente brasileño tuvo que cambiar a cuatro de sus ministros en el primer año. 

El punto alto de la gestión: la economía

“El gran logro de Bolsonaro está en la economía. Revirtió el pesimismo que dominaba hasta el fin de 2018”, dijo Gilberto Braga, analista económico y profesor del Instituto Brasileño de Mercado de Capitales (Ibmec).

Entre algunas derrotas legislativas, el gobierno anotó una victoria mayúscula: la aprobación de la reforma de las jubilaciones. La ley permitirá un un ahorro de 200.000 millones de dólares para la próxima década, estima el gobierno.

Según analistas económicos y el ministro de Economía brasileño, Paulo Guedes, fue un paso fundamental para sanear las cuentas públicas

Tras una larga recesión, Brasil crecerá este año entre 1% y 1,2%. Aunque todavía 11,9 millones de personas están desempleadas, la desocupación está en una trayectoria descendente.

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