Entrevista

Jacques Attali: "No razonamos el costo de la resurrección"

El economista habla de empresas “muertas” y “zombis”, pero no todo es lúgubre en el panorama que traza: hay un amplio sector que augura que florecerá en los próximos años.

Jacques Attali. Foto: El País
Jacques Attali. Foto: El País

Jacques Attali habla rápido y es contundente. “Están muertos”, dice en varios tramos de la entrevista. Alude a varios sectores de la economía global tal y como los conocimos antes de la pandemia, del turismo a la aeronáutica, entre otros, como así también es lapidario al trazar el panorama económico de los próximos años. Fuente de consulta de todos los presidentes de su país desde los tiempos de François Mitterrand, miembro del Consejo de Estado de su país y mentor de Emmanuel Macron, Attali evita los rodeos. Carga incluso contra muchos de esos mismos políticos que lo llaman cuando las papas queman. Les reprocha que callan la verdad, ilusionados con que “algo” encarrilará la situación mundial. Pero, para él, deberíamos implementar una “economía de guerra”. Sí, tal y como ocurrió durante la Segunda Guerra Mundial.

-¿Esta pandemia confirmó sus ideas previas o de algún modo las modificó?
-En algunos puntos reafirmó mis ideas y en otros las modificó. Lo que más me sorprendió es que fuera posible que más de 2.500 millones de personas pasaran a trabajar a distancia, de la noche a la mañana. Sabía que el teletrabajo ocurriría, pero no estaba preparado para entender que sería tan rápido y bajo presión. Eso demuestra que la humanidad, bajo presión, puede cambiar muy rápido. También me sorprendió el hecho de que la humanidad comprendiera, bastante rápido, que estábamos ante un evento global, no algo local, y que cerrar las fronteras no ayudaría. Comprendimos que un problema en un lugar es un problema en todos lados. Pero en cuanto a la ceguera de los líderes, su tendencia a procrastinar, a demorarse en tomar decisiones y actuar, todo eso no me sorprendió.

-Es muy crítico del individualismo exacerbado y, en términos de países, de la tendencia al aislacionismo que observó desde que irrumpió la pandemia. ¿Eso es lo que más le preocupa por estos días?
-No. El hecho de que la humanidad aún no comprendió la profundidad de la crisis que será muy, muy profunda en términos de recesión, de desempleo, de miseria, del costo que insumirá la resurrección. Creo que aún no se comprendió realmente lo que ocurre. Todos los países de Occidente y muchos otros inyectaron tanto dinero en el mercado a través de sus bancos centrales que están “escondiendo” la realidad de la crisis. Eso permitirá “disfrazarla” en una primera etapa, posponer sus consecuencias y llevar a las personas a pensar que será de fácil solución, con la mera impresión de dinero, pero eso no es verdad.

-Usted sabe bien que si un funcionario expresa sus preocupaciones ante una crisis, puede asustar a los inversores y consumidores y agudizar esa misma crisis.
-Eso es cierto y es exactamente lo que hizo el FMI desde que se lo creó y lo que está haciendo ahora: esconder el hecho de que la crisis es más grande y profunda de lo que parece. Deberíamos evitar caer en la profecía autocumplida, es decir, en reforzar la crisis por anunciar la crisis. Pero incluso a puertas cerradas, en los palacios presidenciales, los funcionarios aún no han comprendido la gravedad de lo que afrontamos. Lo mismo que la industria automotriz, por ejemplo, aún no lo entendió, pero una enorme parte de ella está muerta. El sector aeronáutico tampoco, pero está muerto. Y muchas empresas son zombis y son financiadas como si fueran a sobrevivir. Hay empresas que incluso están organizando cursos y seminarios y todavía encuentran forma de financiarse, ¡pero ya están muertas!

-¿Acaso los máximos referentes empresariales del mundo no “saben” lo que se avecina, siendo que los mejores economistas del mundo coinciden en que afrontaremos una recesión larga, con una recuperación muy paulatina como la forma del logo de Nike?
-Déjeme decirle que quizá no sea como la pipa de Nike, sino más bien con la forma de una silla: la economía mundial caerá, luego se planchará durante un tiempo y luego volverá a caer. Dependerá de cada sector, por supuesto. En algunos sectores, la evolución tendrá la forma de una silla, mientras que a otros les irá muy bien. A los sectores de “la economía de la vida” -salud, educación, alimentación, mundo digital- les irá muy bien. Pero otros sectores ya están muertos.

-El panorama que traza explica por qué convocó a los líderes del mundo a actuar con una mentalidad de “economía de guerra”. ¿Qué respuestas cosechó?
-¡Cero! Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, hablar de una economía de guerra no está de moda. En Estados Unidos y en el Reino Unido, los dos países que demostraron ser los más eficientes cuando debieron adoptar ese abordaje, luego destruyeron al Estado con políticos muy liberales, muy promercado, y tienen una visión ideológica muy contraria al concepto, además de que ahora no tienen las herramientas estatales para instrumentarla ni saben cómo impartir órdenes a las empresas.

-¿Qué números maneja para la economía mundial de los próximos años?
-Mi estimación es que la economía oscilará entre -8% y -12% a nivel global, con algunos países cayendo aún más. Y no creo que volvamos al casillero uno en términos de PBI hasta 2022 o 2023, aunque también debe sumar a la ecuación el tiempo perdido y que siempre es más fácil caer que subir. También dependerá de cómo maniobre cada país y no será lo mismo para aquellos países centrados en los sectores que florecerán que aquellos que se enfoquen en tratar de mantener vivos sectores que morirán en vez de ayudar al surgimiento de nuevos sectores.

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