DUELO EN LA CASA ROSADA

Íntima despedida a los restos de Franco Macri

El padre del presidente argentino murió a los 88 años.

Mauricio y Franco Macri en 2016, cuando pusieron fin a sus diferencias. Foto: AFP
Mauricio y Franco Macri en 2016, cuando pusieron fin a sus diferencias. Foto: AFP

Franco Macri, padre del presidente Mauricio Macri y uno de los hombres más poderosos de Argentina, murió el sábado en su casa de Buenos Aires a los 88 años. Los restos del empresario de origen italiano fueron sepultado ayer en un cementerio privado de la localidad de Pilar (Buenos Aires) en una inhumación íntima, sin velatorio y con fuertes medidas de seguridad.

“Gracias de corazón por los mensajes que recibí desde anoche. (...) Su afecto y apoyo son la energía que necesito para seguir adelante”, escribió el presidente argentino en Twitter. Luego, pidió intimidad: “Queremos que sea un día de intimidad familiar. Por eso les pido a todos que nos permitan a mi familia y a mí la soledad que estos momentos requieren”.

Franco Macri arrastraba un deterioro físico que lo había alejado de la vida pública durante los últimos meses. Deja tras de sí uno de los conglomerados empresariales más grandes de Argentina, el Grupo Macri-Socma, concentrado, sobre todo, en la obra pública y grandes concesiones de servicios.

El patriarca del clan Macri nació en Roma en 1930 y llegó a Argentina con 18 años, sin saber castellano y los bolsillos vacíos. Su historia fue la del inmigrante que de la nada creó un imperio. El gran salto llegaría en la década del 70, durante la dictadura militar, cuando sumó un centenar de empresas que formaron uno de los holdings más importantes de América.

Socma llegó en algún momento a producir automóviles Fiat y Peugeot, a través de la marca Sevel y hasta tuvo su propia línea aérea. Su poder creció a la sombra de grandes contratos con el Estado, ya sean democráticos o militares.

Franco Macri tuvo incluso una buena relación con el kirchnerismo, al punto que hace tres meses fue citado por la justicia en una causa que investiga el presunto pago de sobornos para la concesión de autopistas con peaje. No compareció por su estado de salud, pero la causa sigue abierta.

Franco Macri, padre del presidente argentino. Foto: La Nación (GDA)
Franco Macri, padre del presidente argentino. Foto: La Nación (GDA)

En Uruguay también queda su sello, en especial en Punta del Este. Habitué del balneario (este fue el primer verano con su ausencia luego de mucho tiempo), Franco Macri creó el complejo Terrazas de Manantiales, ícono de ese balneario esteño y sede de sus memorables fiestas estivales.

La noticia de su muerte generó mensajes de solidaridad con su familia desde diversas tiendas políticas y sociales. Hasta Cristina Fernández de Kirchner envió sus “condolencias” al presidente.

Relación difícil.

Quizás con la excepción de los últimos años, Franco Macri nunca tuvo un buen vínculo con su hijo Mauricio, el primogénito de seis hermanos, a quien no logró heredar las empresas que lideraba. El secuestro de Mauricio (1991) que terminó con el pago de seis millones de dólares de rescate de parte de Franco, fue decisivo para que el hijo decidiera abrirse del camino empresarial.

Pero la ruptura entre padre e hijo fue total en 1995, cuando Mauricio decidió romper con el mandato familiar y se convirtió en presidente de Boca Juniors, su trampolín a la política.

La carrera de Mauricio Macri se desarrolló como espejo de su padre, con quien siempre peleó por dejar de ser “el hijo de”. Cuando el hijo fue jefe de gobierno de Buenos Aires (2007-2015), Franco mantenía buenas relaciones con los Kirchner y no ocultaba su desacuerdo hacia las aspiraciones de su hijo. “Mauricio tiene la mente de un presidente, pero no el corazón”, llegó a decir.

Pero Franco se rindió una vez que Mauricio llegó a la Casa Rosada. “Tardé años en perdonarle que se hubiese ido de las empresas que con tan duro trabajo había fundado”, escribió Franco en una carta pública en 2016. “Supe entonces que debía dejar atrás cualquier fricción con Mauricio y darle mi completo apoyo. Me dirigí al búnker de Cambiemos para estrecharlo en mis brazos”.

La carta terminaba con la reacción de Mauricio: “Al día siguiente, mi hijo, visiblemente emocionado, dijo: ‘En algún lugar, uno siempre espera la aprobación de sus padres. El abrazo que me dio ayer, cero palabras, con los ojos vidriosos... ya está”. La guerra había terminado.

En los últimos meses, dicen los allegados, Mauricio visitaba todos los martes de noche a su padre para jugar a las cartas.

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