LOS ESPAÑOLES DECIDEN

Tras el intenso debate en España, sigue el bloqueo político

Los líderes de los cinco partidos con mayor representación parlamentaria se esforzaron por marcar distancias entre bloques.

Pablo Casado, Pedro Sánchez, Santiago Abascal, Pablo Iglesias y Albert Rivera, se aprestan a iniciar el debate. Foto: Reuters
Pablo Casado, Pedro Sánchez, Santiago Abascal, Pablo Iglesias y Albert Rivera, se aprestan a iniciar el debate. Foto: Reuters

El único debate entre los candidatos a las elecciones del próximo domingo en España -las segundas este año-sembró ayer lunes serias dudas sobre dónde residirá la fórmula de desbloqueo en la próxima legislatura. Los líderes de los cinco partidos con mayor representación parlamentaria se esforzaron por marcar distancias entre bloques -izquierda y derecha-, pero también en atacar a los que en principio se perfilan como aliados naturales.

En esos intercambios, destacó el intento del presidente del Gobierno y candidato del Partido Socialista Obrero Español, Pedro Sánchez, de atraerse al codiciado votante de centro separándose de las propuestas de Unidas Podemos, el partido liderado por Pablo Iglesias.

Sánchez exhibió un sustancial giro político, en las formas y en el fondo. Endureció el tono respecto a Cataluña y evitó incidir en los planteamientos más a la izquierda para acentuar otros menos divisivos, como la lucha contra el cambio climático y la mejora de las pensiones. El diálogo entre los cinco dirigentes, que se demoró durante casi tres horas, arrancó casi con guante blanco y alcanzó su fase más dura en el tramo final. Las fricciones sobre Cataluña jalonaron todo el debate.

La estrategia de Sánchez descansa en el convencimiento de que logrará retener al votante de izquierda que lo apoyó en abril y en persuadir al votante de centro desencantado con Ciudadanos, el partido que lidera Albert Rivera.

Estrategia.

Sobre ese complejo equilibrio, Sánchez construyó un discurso muy basado en anuncios -uno por bloque temático- para presentarse como opción creíble de gobierno apta para diferentes sensibilidades ideológicas. El resto de candidatos emplearon menos el todos contra el PSOE que caracterizó el debate de los siete portavoces parlamentarios del pasado 1 de noviembre y se lanzaron muchas más invectivas entre ellos. Con particular dureza en algunos momentos entre el Partido Popular, que encabeza Pablo Casado y Ciudadanos, cuyos electorados comparten algunas banderas, e incluso con Santiago Abascal, el líder de Vox, que se estrenaba en los debates electorales.

De poco le sirvió a Sánchez arrancar el bloque autonómico -eufemísticamente llamado cohesión territorial- con propuestas sobre Cataluña impensables hace solo unos meses, incluida una modificación de la ley audiovisual para que los consejos de administración de los medios públicos tengan que ser aprobados por dos tercios del Parlamento autónomo, con una referencia explícita a TV3. Durante todo el debate, tanto el candidato del PP, Pablo Casado, como el de Ciudadanos, Albert Rivera, insistieron en acusar a Sánchez de gobernar gracias a los votos de los independentistas. “¿Va usted a pactar con Torra?”, le inquirió con insistencia Casado. “Está usted maniatado”, sentenció.

Más allá de esos mensajes, cada líder quiso hacer uso de algunos símbolos para remarcar sus señas de identidad ante el electorado.

Iglesias, empezó aludiendo a las “trabajadoras de la limpieza, que hacen posible este debate”. Rivera apeló directamente al elector, incluso tuteándolo, y abrió el bloque de Cataluña mostrando un adoquín como recordatorio de la violencia de Cataluña estos días. Casado lamentó “la violencia en Cataluña” y “la última víctima de malos tratos”. Y el líder de Vox, Santiago Abascal, pisó fuerte desde su primera intervención al hablar de la política migratoria -llegó a pedir que se retire la sanidad universal para los inmigrantes- y presentar a Vox como única “alternativa patriótica al consenso progre”.

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