CONSUMO 

La inflación hace cambiar el tradicional asado de domingo en Argentina 

Argentinos, con un nivel de pobreza cercana al 40% y tasas de desempleo en alza, consumen menos carne vacuna al caer su poder adquisitivo.

Carnicería en Argentina. Foto: AFP.
En Buenos Aires el consumo de carne vacuna, incluyendo el asado tradicional declina como consecuencia de la alta inflación. Foto: AFP.

El consumo de carne vacuna en Argentina, uno de los países con mayor tradición “carnívora”, ha caído en 2019 al nivel más bajo de la década, consecuencia no solo del avance de los consumidores “veggies”, sino principalmente por la pérdida del poder adquisitivo por la crisis económica que vive el país desde 2018.

Argentina tuvo una inflación del 53,8% en 2019, informó el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec). Es la más alta registrada en 28 años. En diciembre la tasa de inflación se situó en 3,7%.

El tradicional asado de los domingos se transformó en una versión más magra y económica, en el que la carne vacuna ya no tiene la exclusividad y comparte parrilla con el pollo y el cerdo y, por qué no, también con verduras asadas.

El consumo de carne vacuna cayó en 2019 a 51,3 kilogramos por persona, un 9,5% por debajo del promedio del año anterior, informó a Efe el presidente de la Cámara de la Industria y Comercio de carnes y Derivados de Argentina (Ciccra), Miguel Schiariti, en Buenos Aires.

Crisis. 

“Hay un solo motivo por lo cual ocurrió esto y es la pérdida de poder adquisitivo del salario, o el atraso salarial o como les guste llamarlo. La macroeconomía se metió en el bolsillo de la gente y la gente consumió menos”, lamentó el empresario.

El precio, en tanto, tuvo un aumento “un poquito por encima de la inflación” y cerró el año con un alza en torno al 60%, precisó.

La venta de carnes rojas se derrumbó al nivel más bajo desde 2011 e incluso un poco más que las de todo el rubro de alimentos y bebidas a lo largo de 2019, que bajó un 8%.

Pero no tanto como los lácteos, cuyo consumo se derrumbó un 12%, de acuerdo a las estadísticas que maneja el presidente de Ciccra.

Crecen producción y exportación; se crean 3.500 puestos de trabajo

“Se consume menos carne en el mercado interno pero se produce más. En comparación con 2015, en ese momento se exportaban 180.000 toneladas de carne y se producían 2,7 millones de toneladas. En 2019 se exportaron 830.000 toneladas de carne, se más que cuadruplicó la venta al exterior, y se produjeron 3,15 millones de toneladas. Se produjo más, se exportó mucho más pero cayó el consumo interno”, subrayó Miguel Schiariti. Con la producción ganadera en alza, aunque se teme una caída en el stock de vacunos en los próximos meses por la faena de muchas hembras en 2019, se produjo un mayor arraigo del productor agropecuario, indicó Schiariti, y la industria frigorífica generó en cuatro años unos 3.500 nuevos puestos de trabajo. Agregó que las exportaciones aportaron US$ 3.000 millones a la balanza comercial, con China como el principal comprador, con el 75% de las ventas al exterior de carne vacuna argentina.

“La caída del consumo de carnes rojas viene dándose desde hace por lo menos 20 años y se viene reemplazando la carne vacuna por pollo o por cerdo de manera muy significativa”, remarcó Schiariti.

Hace 20 o 30 años atrás el argentino consumía por año cerca de 90 kilos de carne vacuna, ocho kilos de pollo y tres o cuatro kilos de cerdo.

Actualmente, el plato se reparte de manera muy distinta: 51,3 kilos de carne vacuna, 46 kilos de pollo y 17 kilos de cerdo, lo que arroja un total de más carne que hace tres décadas atrás, lejos de toda influencia de la moda vegana.

Con el abaratamiento de los precios de la carne avícola y porcina, los alimentos congelados y ya preparados que facilitan los procesos hogareños de cocina “se ha cambiado el hábito de consumo de manera definitiva”, subrayó Schiariti.

Dificultades. 

Lo cierto es que tampoco todos los sectores sociales tienen acceso a diario a la compra de carne para alimentar a sus familias.

Con una economía en recesión desde abril de 2018, un nivel de pobreza cercana al 40% y tasas de desempleo en alza, la alimentación de los sectores más vulnerables se basa en hidratos de carbono, más baratos que las proteínas de origen animal, lo que genera que el 41,1% de los niños y adolescentes de entre 5 y 17 años tenga sobrepeso en Argentina, según las últimas estadísticas oficiales disponibles.

Ante este escenario de crisis social, la industria frigorífica llevó una propuesta al Gobierno para participar en el plan “Argentina contra el Hambre”, destacó el presidente de CiccraI, lo que llevará a distribuir tarjetas de débito en los sectores más vulnerables con fondos que sólo pueden ser utilizados para comprar alimentos.

“Aquella venta de carne que se haga con la tarjeta Alimentar, que va a funcionar como si fuera una tarjeta de débito, tendrá en la línea de caja un descuento de 100 pesos (1,6 dólares) por kilo de carne -la tira de asado, el corte más popular se vende a una media de entre 240 y 310 pesos el kilo (entre 4 y 5,17 dólares). Una parte la pone el Estado, no cobrando el IVA en esa venta, y la otra la ponemos nosotros como participantes y oferentes”, explicó el ejecutivo.

Lo que no ha variado demasiado es la tradicional postal de las vacas en los campos argentinos, aunque se multipliquen cada día más los “feedlots”, los sistemas de engorde rápido de vacunos en pequeños lotes de tierra.

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