1928 - 2020

Hosni Mubarak, el "faraón" que estuvo 30 años en el poder

El exdictador egipcio murió ayer a los 91 años; había sido derrocado en 2011 durante la Primavera Árabe.

Hosni Mubarak, el primer presidente egipcio procesado. Foto: AFP
Hosni Mubarak, el primer presidente egipcio procesado. Foto: AFP

Hosni Mubarak paseó su silueta baja y fornida y sus lentes negros durante 30 años por la escena internacional, pero la historia recordará al dictador egipcio -derrocado durante la Primavera Árabe en 2011- como la cabeza de un régimen corrupto. Fallecido ayer martes a los 91 años, Mubarak fue uno de los dirigentes africanos con más tiempo en el poder. En tierra de reyes, le apodaban “Faraón”.

Su ascenso al poder se lo debe a una bala, la que mató al presidente Anuar al Sadat en octubre de 1981. Mubarak, entonces vicepresidente de Egipto, estaba junto a Al Sadat cuando le dispararon durante un desfile militar.

Levemente herido durante el atentado, sustituye al presidente asesinado. Durante su vida, escaparía a seis intentos de asesinato más.

Pronto fue percibido como un líder algo orgulloso, que se apoyaba en un temible aparato policial y un sistema político dominado por un partido único.

En 1977 fue nombrado secretario general del Partido Nacional Democrático (PND), fundado por Al Sadat, que Mubarak puso a su servicio.

El estado de excepción permanente desde el asesinato de Al Sadat y los abusos en nombre de la lucha contra el terrorismo lo convirtieron en dictador, sobre todo tras el atentado fallido que sufrió en 1995 en la capital etíope, lo que alimentó su paranoia y le llevó a aislarse y alejarse cada vez más del pueblo.

Fue confirmado en el poder en plebiscitos y elecciones no democráticas, hasta la celebración en 2005 de los primeros comicios presidenciales con otros candidatos. Su principal opositor de entonces, Ayman Nur, fue encarcelado.

En política exterior, Mubarak se mantuvo siempre como aliado de Estados Unidos, y preservó el acuerdo de paz con Israel contra viento y marea. Se impuso como una figura familiar en las reuniones internacionales e hizo de su país un pilar moderado dentro del mundo árabe.

Nacido el 4 de mayo de 1928 en una familia de la pequeña burguesía rural del Delta del Nilo, Mohamed Hosni Mubarak escaló puestos en la jerarquía militar hasta llegar a comandante en jefe de la Fuerza Aérea. Fue un “top gun”, un piloto de elite, y peleó en la guerra de Yom Kipur contra Israel en 1973.

La esposa de Mubarak, la aristócrata egipciobritánica Suzanne Zabet, dejó su huella en el régimen al intervenir en el ámbito de las desigualdades entre hombres y mujeres e hizo que su marido pareciera alguien moderno.

Mubarak pretendía pasarle el relevo a su hijo Gamal, algo que enfadó a los egipcios, contribuyendo a su caída durante la Primavera Árabe.

A pesar de poseer millones de dólares en cuentas bancarias de Suiza, no quiso huir, como había hecho poco antes su homólogo tunecino Zine el Abidine Ben Ali, y siempre dijo que moriría en Egipto.

Después de ser derrocado, Mubarak tuvo que responder a una serie de acusaciones de corrupción. Tanto él como sus dos hijos fueron condenados a tres años de cárcel por el desvío de 10 millones de euros.

En sus últimos años, aparecía enfermo frente al tribunal, transportado en camilla dentro de una jaula metálica. Su salud dio lugar a múltiples rumores, sobre si estaba aquejado de depresión aguda, cáncer, un accidente cardiovascular o problemas respiratorios.

Se convirtió en el primer presidente egipcio en ser procesado, y no fue autorizado a abandonar el hospital militar en el que estaba detenido hasta marzo de 2017. Había sido condenado a cadena perpetua, pero al final fue absuelto por complicidad en la muerte de 846 manifestantes durante la revuelta de 2011.

Tras su excarcelación, el anciano dictador pareció resurgir y sus problemas de salud, que le mantuvieron en una cama de hospital la mayor parte de sus seis años de reclusión, desaparecieron hasta que en enero fue sometido a una operación y su estado de salud degeneró.

“En Egipto moriré; la historia me juzgará”

Hosni Mubarak junto a Bashar Al-Assad en 2002. Foto: AFP
Hosni Mubarak junto a Bashar Al-Assad en 2002. Foto: AFP

Mucho antes de su caída, sus detractores le recriminaban a Hosni Mubarak que era un corrupto, que le faltaba carisma y que no supo poner en marcha las reformas necesarias. Pero el dictador defendió su gestión hasta último momento. Así lo hizo, por ejemplo, ante el tribunal que lo juzgaba.

El 1º de febrero de 2011, en pleno levantamiento popular de la Primavera Árabe, que acabó por precipitar su caída, Mubarak declaró: “En mi tierra (Egipto) moriré, y la historia me juzgará a mí y a los demás. Con y en contra de nosotros, la patria permanece y la gente se va. Egipto es inmortal”.

El Gobierno egipcio decretó tres días de luto por la muerte de Mubarak a partir de hoy miércoles, cuando se espera que sea enterrado.

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