LEGENDARIO SUPERVIVIENTE

Histórico hotel Sacher de Viena resiste pese al coronavirus

El lujoso establecimiento de tradición imperial, donde se han alojado varios famosos, sobrevive gracias a la celebridad de sus tortas de chocolate.

La magnifica entrada y uno de los numerosos salones del Hotel Sacher, frente a la Opera de Viena. Foto: AFP
La magnifica entrada y uno de los numerosos salones del hotel Sacher, frente a la Opera de Viena, fundado en 1876. Foto: AFP

La pandemia aprieta, pero no ahoga al legendario hotel Sacher, de Viena, que, sin apenas huéspedes debido al coronavirus, intenta mantenerse a flote gracias a su larga historia de supervivencia y iniciativas innovadoras.

El lujoso establecimiento de tradición imperial, donde se han alojado famosos como la actriz Romy Schneider, el bailarín Rudolph Nureyev o el príncipe Carlos, ha superado dos guerras mundiales y la caída de los Habsburgo sin interrumpir sus mundanas celebraciones. Y hoy, sumergida toda Europa en la pandemia de COVID-19, sigue apostando a sobrevivir, como en sus orígenes, gracias a la inextinguible “Sacher-Torte”.

“Muchas pruebas hemos superado desde la creación de la marca, y nuestra familia sigue pensando en el largo plazo”, explica su director general, Matthias Winkler.

Los buenos resultados que tuvieron en los años precedentes y las ayudas públicas permiten compensar en parte la ausencia de su habitual rica clientela internacional.

En tiempos normales, esta clientela garantiza el 92% de las 23.000 pernoctaciones anuales en las 152 habitaciones y refinadas suites del Sacher, cuyo precio en baja temporada oscila entre 400 y 2.300 euros.

Inicio de una epopeya

El origen de la marca Sacher se remonta a 1832, cuando un joven repostero, Franz Sacher, recibió el pedido de un pastel, con mucho chocolate y “lo necesario” de crema chantilly, que causó furor en la corte de Francisco I de Austria.

Cuarenta y cuatro años más tarde, su hijo abrió el actual hotel, pero fue a su visionaria esposa a quien el establecimiento le debe su excepcional fama.

Anna Sacher. Foto: Archivo
Anna Sacher. Foto: Archivo

Directores de orquesta, banqueros, escritores, políticos, condes o empresarios, impecablemente vestidos, se precian todos de ir a bailar, a festejar o alojarse en el hotel “de Anna”.

El lobby se sigue llenando de fotos dedicadas de personajes legendarios.

Al cabo de las décadas, el hotel crece. Ahora, ocupa seis edificios neoclásicos en el corazón de Viena.

Uno de los numerosos salones del hotel Sacher es testimonio del lujo y la tradición del emblemático establecimiento. Foto: AFP
Uno de los numerosos salones del hotel Sacher es testimonio del lujo y la tradición del emblemático establecimiento. Foto: AFP

Y es esta leyenda la que atrae a los vieneses, que hoy acuden a llevarse una “Sacher-Torte” en un ‘drive-in’ dispuesto en la calle, debido al confinamiento por la pandemia.

Los pasteles se venden como pan caliente. Son traídos directamente por el conserje, ya que los porteros y mozos de equipajes están en situación de desempleo parcial.

“Hago un poco de todo” sonríe Uwe Kotzendorfer, impecable y distinguido conserje que lleva 20 años de servicio en el hotel, con un intacto entusiasmo.

En efecto, hay un poco de todo que hacer: verificar la temperatura en las bodegas de vino, mantener el brillo de los mármoles en los cuartos de baño, o proceder a reparaciones en las desiertas habitaciones. Incluso si la actividad está casi paralizada, “una parte de la historia de Austria reposa entre nuestras manos”, afirma la directora adjunta, Doris Schwarz.

“Y ahora, más que nunca, tenemos que estar a la altura” agrega, bajo el imponente retrato de matriarca que representa a Anna Sacher, con un gran cigarro entre los dedos, y dos bulldogs a sus pies.

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