LA BITÁCORA

"Heil Trump"

Que el sábado condenara la violencia en Virginia culpando por igual a racistas y antirracistas, fue muy grave; pero al menos cabía la justificación de que opinó en caliente, con poca información. Por eso Donald Trump parecía poder salvarse de su propia negligencia el lunes, cuando volvió a referirse al tema pero esta vez recargando la crítica sobre los racistas.

Pero el martes volvió a pronunciarse y no dejó dudas sobre la negligencia y la oscuridad que lo caracterizan. Hasta una conservadora dura como Theresa May salió a decirle que no se puede equiparar a racistas y antirracistas.

Aquí no se trata de ser neutral en un debate entre corrientes de revisionismo histórico, sobre el general Lee, por cuya estatua estalló la batalla campal en Charlottesville.

Algunos historiadores rescatan lo actuado por Robert Lee en la guerra contra México y en la consolidación del dominio sobre Texas, afirmando además que si comandó el ejército sureño en la Guerra de Secesión, no fue por racista sino por lealtad a su Estado, Virginia, que formó parte de la confederación.

Pero Trump no tomó partido en un debate de corrientes de interpretación histórica, sino entre el eje que conforman el Ku Klux Klan, los grupos neonazis y las milicias del supremacismo blanco, y los manifestantes que salieron a repudiar a las organizaciones racistas.

Actualmente, el KKK es un residuo tóxico de la violenta secesión del esclavismo sureño que surgió tras la guerra civil decimonónica, la misma que prohibió el presidente Ulysses Grant por criminal y repugnante. Esa modalidad anacrónica y delirante de racismo salió a defender la estatua de Lee que el ayuntamiento de Charlottesville decidió remover.

La acompañaron los neonazis, que se manifiestan portando esvásticas y reivindican al régimen genocida alemán por el que murieron cientos de miles de soldados norteamericanos que fueron a combatirlo. En la misma vereda están las milicias supremacistas de donde salieron criminales como Timothy McVeigh, el lunático que cometió la masacre en Oklahoma en 1995.

Al no condenar a la entente deleznable que promueve el odio racial, Trump le recuerda al mundo que hizo campaña ofendiendo a los mexicanos y que su ideólogo principal, además de asesor jefe en la Casa Blanca, Steve Bannon, es un exponente de la "Alt-Right".

Fue precisamente el creador del término alt-right (derecha alternativa), Richard Spencer, quien convocó a la marcha racista por la estatua del general Lee.

No es extraño. Basta recordar las manifestaciones ultraconservadoras en la que Spencer y sus seguidores gritaban "heil Trump".

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