Análisis

Haciendo lo que no quería hacer

El discurso con el que el presidente anunció los cambios en el organigrama de ministros y anticipó algunas medidas económicas podría titularse "Haciendo lo que no quería hacer".

Parafraseando el eslogan oficialista, Mauricio Macri fue explícito en varios pasajes de su alocución con la admisión de que no son estas las decisiones por las que hubiera optado en otras circunstancias. Y, de manera elíptica, explicó por qué no lo había hecho antes y por qué lo hace ahora, en algunos casos tres años más tarde.

A diferencia de lo que después manifestó el ahora ministro de Economía (ya no solo de Hacienda), Nicolás Dujovne, en su anuncio de las medidas fiscales, no hubo una autocrítica expresa en el discurso presidencial sobre su gestión, aunque sí de facto asumió errores y expresó definiciones que muchos le reclamaban que hiciera desde el comienzo de su mandato, como hablar crudamente de la herencia recibida. O, más recientemente, desde que empezó lo que hasta hoy Macri denominaba "una tormenta" y que ahora se llama lisa y llanamen-te crisis.

En ese contexto se inscriben la confirmación de la vuelta de las retenciones, las medidas para paliar el impacto social que la crisis tendrá sobre los sectores más vulnerables y la reducción del gabinete.

En uno de los discursos más largos de Macri (25 minutos), con excepción de las aperturas de sesiones, también se registraron omisiones que hablan de dificultades para ordenar el frente interno. La principal, la ausencia de los nombres de quiénes se mantendrían en funciones, sobre todo de los que verían su jerarquía y poder recortados. Hubo que esperar un documento posterior sin explicaciones adicionales.

Ese documento expuso, al final, el fracaso hasta ahora del intento por sumar más volumen político con la incorporación de figuras con peso propio debido a la renuencia del radicalismo a aceptar cambios mucho más modestos de lo que ellos pretendían en la estructura de poder real del Gobierno.

El eje Macri-Peña sigue siendo la viga maestra de la gestión, aunque a muchos aliados, opositores y analistas no les guste.

El núcleo de la alocución presidencial, fuera de las medidas anticipadas, estuvo en la descripción de la situación actual y las causas que, según Macri, llevaron a esta realidad.

El país que dejó el kirchnerismo, el cambio de la situación económica internacional, la contingencia climática sobre la producción agraria y la "irresponsabilidad" de los opositores fueron expuestos como los motivos casi excluyentes de la crisis. No hubo lugar para los errores propios.

En la segunda parte del discurso buscó dar señales a los mercados y la sociedad, hacer un puente con la oposición y conectar con los más afectados por la crisis. En el caso de los opositores se advirtió casi una disociación con la primera parte crítica cuando los elogió por la disposición que estarían teniendo para aprobar el presupuesto.

Hacia los mercados fue elocuente en el sentido que tendrán las medidas para paliar el déficit y depender menos del financiamiento externo. Y afirmó que está dispuesto a hacerlo sin anteponer otros objetivos, incluido el electoral, lo que algunos analistas llegaron a ver como una señal de que estaría dispuesto a posponer su sueño reeleccionista. Probablemente, un exceso buscado. Y otra realidad no deseada.

Con la sociedad en general —y sobre todo con los más afectados— buscó a diferencia de mensajes anteriores generar empatía y obtener comprensión. Dijo lamentar el impacto de la crisis, así como la falta de recursos para otorgar mejoras en los ingresos. Habló, en especial, de los sueldos docentes y el presupuesto universitario, un problema sobre el que tampoco el Gobierno había mostrado sensibilidad o cercanía anteriormente.

La respuesta del frente económico-cambiario, la sustentatibilidad política y la paz callejera son las preocupaciones urgentes. Habrá que ver si lo logra "haciendo lo que no quería hacer".

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