CRISIS MIGRATORIA

Por la guerra en Siria, otra ola migratoria hacia Europa

Turquía amenazó abrir sus fronteras a los refugiados; la tensión aumentó por la muerte de 33 soldados turcos por bombardeo aéreo del Ejército sirio.

Refugiados afganos desembarcaron en la isla griega de Lesbos ayer viernes. Foto: AFP
Refugiados afganos desembarcaron en la isla griega de Lesbos ayer viernes. Foto: AFP

Una nueva ola migratoria se cierne sobre Europa, en plena crisis del coronavirus. Solo que no sería consecuencia de esta epidemia, sino por la guerra en Siria. Es que Turquía avisó -o amenazó, según como se lea- que podría abrir sus fronteras a los refugiados sirios que quieren ir a Europa, en represalia por la muerte el jueves de 33 soldados turcos en Siria a manos del régimen de Bachar Al Asad que apoya Rusia.

Esta fue la mayor pérdida sufrida por Turquía en un sólo día desde que comenzó a intervenir militarmente en la guerra siria en el año 2016.

Los 33 soldados que murieron en un bombardeo aéreo del Ejército sirio (Rusia ha negado que sus aviones participaran), pertenecían al despliegue turco en Idlib, donde Turquía apoya a las milicias yihadistas que suponen la última resistencia al régimen de Al Asad.

“Como resultado del ataque, los (refugiados) que están en Turquía se dirigen hacia Europa, y los que se hallan en territorio sirio se dirigen a Turquía”, anunció esta ayer viernes Ömer Çelik, portavoz del partido islamista Justicia y Desarrollo (AKP), en el gobierno turco.

Este anuncio desató el espectro de la grave crisis migratoria de 2015.

“La amenaza de abrir las fronteras de Europa a los migrantes es un medio muy eficaz para presionar a la UE, pues el flujo adicional de refugiados es una pesadilla”, explicó Janna Jabbour, experta de Turquía en la escuela Sciences Po de París.

El Ministerio de Exteriores turco aclaró que Turquía no ha modificado su política migratoria, pero volvió a dejar claro el mensaje para la UE: Si la situación en Siria empeora, aumentará la presión de refugiados hacia Europa.

El mensaje no tardó en llegar a quienes esperan entrar en la UE. Las redes sociales en árabe se llenaron de mensajes de que se abriría la frontera entre Turquía y Grecia para un periodo prorrogable de 24 horas.

Un goteo incesante de sirios, iraquíes, afganos y ciudadanos de otros países se dirigieron ayer a la ciudad de Edirne, en el noroeste de Turquía, en la frontera con Grecia.

La Policía turca no intervino cuando un centenar de refugiados, entre ellos familias con niños, cruzó las aduanas e intentó forzar el paso hacia Grecia, pero los agentes griegos llegaron a usar gases lacrimógenos para repeler los intentos de pasar la frontera.

Los migrantes habían acudido siguiendo un mensaje que anunciaba autobuses gratis desde el centro de Estambul hasta la ciudad fronteriza.

Efectivamente, los autobuses se hallaban en el lugar y hasta el mediodía partieron al menos cinco vehículos con varios cientos de pasajeros, sin cobrar pasaje. Sin embargo, nadie entre las decenas de persona, la mayoría hombres jóvenes, que esperaban subirse disponía de información concreta y ni siquiera sabía quién proporciona los autobuses, alquilados a una agencia de viajes local.

Al mismo tiempo, la prensa turca difundió noticias sobre la llegada de refugiados a los municipios de la costa del mar Egeo, desde donde suelen partir las lanchas con destino a las cercanas islas griegas.

La apertura de la frontera turca podría provocar una crisis como la de 2015-2016, cuando más de un millón de personas llegó por mar a Grecia y cruzó a pie los Balcanes, hasta que Turquía cerró su frontera después de un acuerdo con la UE.

Un millón de civiles se ha visto desplazado dentro de Siria cerca de la frontera turca desde diciembre, en medio de condiciones invernales desesperadas, en la que es tal vez la peor crisis humanitaria en los nueve años que dura ya la guerra. Turquía alberga a 3,7 millones de refugiados sirios y dice que no puede recibir más.

Erdogan, Putin y Trump al teléfono

Turquía y Rusia intentaban ayer viernes desactivar la crisis militar que podría hacer saltar por los aires la precaria situación en Siria. El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, y su homólogo ruso, Vladimir Putin, conversaron por teléfono y ambos expresaron su “seria preocupación” por la situación en Idlib, en el extremo noroeste de Siria, y decidieron estudiar la “posibilidad de celebrar una cumbre próximamente”. Erdogan también habló con Donald Trump.

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