HISTORIA

Ginebra, testigo privilegiada de las cumbres históricas

Vuelve a estar en el centro de la atención por la reunión que mantendrán aquí el presidente estadounidense Joseph Biden y su colega de la Federación Rusa, Vladimir Putin.

Majestuosa residencia del siglo XVIII a orillas del lago Lemán. Foto: Archivo
Majestuosa residencia del siglo XVIII a orillas del lago Lemán. Foto: Archivo

Si las paredes de los grandes hoteles de Ginebra hablasen, tendrían muchísimo para contar sobre la alta política internacional del último siglo.

Por ejemplo, en el precioso y lujoso Beau Rivage, al lado del lago Lemán, murió la emperatriz Isabel (Sissi) de Austria Hungría, en 1898, luego de ser apuñalada por un anarquista que se suicidaría tras años de estar preso.

También en este hotel se firmó la creación de Checoeslovaquia y la leyenda cuenta que los gobernantes de estados árabes petroleros se reunían en su lobby muy distendidos a fijar las cuotas de producción de crudo que le corresponderían a cada uno de sus países. Hasta el día de hoy el hotel es uno de los preferidos de los poseedores de grandes fortunas árabes.

Pues Ginebra vuelve a estar en el centro de la atención por la reunión que mantendrán aquí el presidente estadounidense Joseph Biden y su colega de la Federación Rusa, Vladimir Putin. Ahora el protagonista será el hotel Intercontinental, el preferido de los estadounidenses desde hace décadas. Y también será centro de la atención la mansión La Grange, una casa del siglo XVIII con una espectacular vista del lago en la que se reunirán a partir de la cuatro de la tarde del miércoles.

El Intercontinental tiene 333 cuartos, fue inaugurado en 1964 y allí muy probablemente se hospedará Biden (vendrá sin su esposa Jill). Quizás lo haga en una habitación llamada La Residencia. De todas formas, también cabe la posibilidad de que decida quedarse en el avión presidencial, el Air Force One.

El nombre de La Residencia se justifica; tiene 450 m2, dos bañeras de mármol y sala de masaje. Dicen que la vista del Mont Blanc desde allí es espectacular. Quedarse una noche en La Residencia cuesta el equivalente a US$ 55.000, informó La Tribune de Geneve.

Antecesores de Biden ya durmieron en este hotel. Ronald Reagan se hospedó en el Intercontinental durante nada menos que la primera cumbre que mantuvo con Mijail Gorbachov en noviembre de 1985, que supuso el comienzo del fin de la Guerra Fría. El hotel está retirado del lago, tiene solamente dos entradas, es relativamente fácil de vigilar y está muy cerca de las embajadas rusa y estadounidense y del aeropuerto de la ciudad, en la llamada “orilla derecha”. Está, además, en un barrio muy tranquilo. Fue en este hotel que en 2009, en un recordado episodio, que la entonces secretaria de Estado, Hillary Clinton, le regaló a su colega ruso, Serguei Lavrov, una especie de botón que simbolizaba el “reseteo” de las relaciones bilaterales. Lavrov sigue al mando de la diplomacia rusa y en estos días se ha mostrado escéptico respecto a que pueda haber una mejora sustancial del vínculo con Estados Unidos. En el Intercontinental estuvieron también Martín Luther King, Henry Kissinger, el Dalai Lama, Nelson Mandela y alrededor de 300 jefes de Estado.

Volviendo a la cumbre de 1985, Gorbachov y Reagan mantuvieron parte de sus reuniones en una preciosa casa de la localidad cercana de Versoix, también sobre el lago Lemán. La gran ironía es que esa casa fue comprada en 2018 por China, otro enorme actor de la escena internacional, para albergar una sede del Instituto Confucio con el que pretende extender su influencia cultural por el mundo. En aquella oportunidad, Reagan, que tenía en ese momento 75 años, se mandó una humorada y dijo que era demasiado joven para estar en el Politburó. Su hijo homónimo lo acompañó en la visita para filmar un documental para Playboy.

Cabe preguntarse porque Ginebra fue elegida para el encuentro. A los rusos siempre les gustó Ginebra desde el siglo XIX. Aquí vivieron Lenin y el novelista Feodor Dostoevsky. Gorbachov regresó varias veces después de su venida en 1985. Seguramente influye que Suiza, celosamente neutral, tiene una tradición de ofrecer sus buenos oficios. Algo clave para Putin: no integra ni la OTAN ni la Unión Europea. En esta oportunidad parece que se barajaron para recibir a Putin y a Biden, Austria, Finlandia y Eslovaquia. Pero el ruso parece que ya no mira con la misma confianza a esos países.

En cuanto a Estados Unidos, que Biden venga a Ginebra se puede interpretar como un reconocimiento al rol que tiene esta ciudad para impulsar el multilateralismo, en el que no creía mucho su antecesor, Donald Trump. Hay que recordar que este retiró transitoriamente a Estados Unidos de la Organización Mundial de la Salud que tiene su sede, precisamente, en Ginebra.

Reagan había dicho, antes de su encuentro con Gorbachov, de manera muy abstracta, que la desaparecida URSS era “el imperio del mal”. Este año, recién asumido, Biden dijo en una entrevista televisiva, de manera no tan sutil, que cree que Putin es un asesino.

Aquella reunión de 1985 comenzó un deshielo. Esta quizás contribuya también a la distensión. De testigo de lo que ocurra, como siempre, estará Ginebra.

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