UN CARGO DECISIVO

El General ya impone disciplina en el gobierno

John Kelly pone orden en la Casa Blanca y busca frenar filtraciones y división interna.

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John F. Kelly ya recogió elogios y ahora reordena la Casa Blanca. Foto: AFP

Durante los seis meses que se desempeñó como Secretario de Seguridad Nacional, John F. Kelly describió con frecuencia a la Casa Blanca como una de las organizaciones con peor funcionamiento que jamás haya visto, se quejó ante colegas y aliados por las intromisiones, incompetencia e irresponsabilidad, y llegó a estar tan enojado que consideró renunciar.

Ahora, como el Jefe de Gabinete del presidente Donald Trump se ocupa de corregir esa situación, con rapidez y una fuerza que han dado vuelta la Casa Blanca.

Kelly interrumpe a mitad de una frase a los asesores que hablan de manera incoherente. Está presente en las conversaciones entre el presidente y los ministros. Ha expulsado de reuniones de alto nivel a funcionarios que no tienen motivo para estar allí y ordenó que se cierren las puertas del Despacho Oval para desalentar a algún funcionario que pretenda entrar. Despidió a Anthony Scaramucci, el grandilocuente neoyorquino que tuvo un breve desempeño como Director de Comunicaciones, y ha exigido que hasta la familia de Trump, incluyendo a su hija Ivanka y su yerno Jared Kushner, hablen con él si desean tener un encuentro con el presidente.

Está en duda, si Kelly, un general de los Marines retirado, tendrá éxito al imponer disciplina militar en la dividida Casa Blanca. Trump nunca ha seguido directivas, ya sea en su empresa ni en el gobierno. Pero, nunca tuvo ante sí a una persona como Kelly, un veterano de guerra cuyo estilo fuerte de conducción y temperamento volátil son equivalentes a los del presidente.

"Me miraba y me decía: Esa propuesta es una locura", señala Leon Panetta, quien en los tiempos en que fue Secretario de Defensa hizo de Kelly su principal asesor militar. "John es el tipo de persona que te mira a los ojos y te dice lo que piensa. La duda es si el presidente le dará la autoridad que necesita para hacer su trabajo".

Entre los desafíos inmediatos de Kelly aparecen lograr la paz entre facciones en guerra en la Casa Blanca, terminar con las filtraciones sobre actividades internas, establecer un proceso disciplinado de definición de políticas y aislar las investigaciones sobre interferencia de Rusia.

Kelly, de 67 años, les dijo a sus nuevos empleados que fue contratado para manejar al equipo, y no al presidente. No intentará cambiar el uso de Twitter por parte de Trump ni sus hábitos de mirar televisión. Pero, dijo que quiere monitorear la información que consume el presidente, contrarrestar con rapidez con datos algunas noticias que se publican y limitar el número de personas que exhortan a Trump a tuitear sobre lo que a ellas les apasiona.

En privado, reconoce que no puede controlar al presidente y que su autoridad sería socavada si lo intentara y fracasara. En cambio, está decidido a rodear a Trump de un equipo competente y obligar a los funcionarios a ajustarse a sus ámbitos respectivos, un desafío en una administración definida por lealtad tribal y jugadores poderosos como Kusher y el estratega Stephen Bannon.

"Varias veces hablé por teléfono con el presidente y el general Kelly estuvo presente", dijo el director de la Oficina de Presupuesto, Mick Mulvaney, cuando los periodistas le preguntaron si Kelly dejaba su marca.

ESCENARIO.

Nuevo jefe supervisa a Ivanka y su marido.

En el ámbito legislativo, John Kelly es visto con una mezcla de admiración por su servicio como militar y desaliento porque se ha mostrado dispuesto a abrazar y defender las políticas más controvertidas del presidente Donald Trump, especialmente respecto de la inmigración ilegal.

Asumió una actitud sin eufemismos en las conversaciones con legisladores.

El trato con la familia de Trump, sobre todo con Jared Kushner, no le resultará tan sencillo. En una entrevista en mayo, Kelly defendió al yerno del presidente, que tiene una oficina en el Ala Oeste como asesor de la Casa Blanca, ante acusaciones de que intentó establecer un canal de comunicación inapropiado con Rusia. Definió a Kushner como "un gran tipo, un tipo decente".

Al analizar con Trump si asumía el cargo en la Casa Blanca, Kelly insistió que Kushner e Ivanka, quien también es asesora, estuvieran subordinados a él. Los dos estuvieron de acuerdo, en parte porque querían librarse del anterior jefe de Gabinete, Reince Priebus, lo más rápido posible, y en parte porque reconocen que la presidencia de Trump necesita ser profesional.

Robert Gates, el ex secretario de Defensa que conoce a Kelly desde hace 20 años, destacó que el hecho de que Trump aceptara que los miembros de su familia estén subordinados a Kelly "es un paso muy importante".

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