DÍA DE DOLOR EN REINO UNIDO

Funeral íntimo para despedir a Felipe: Isabel II se sentó sola en una ceremonia con solo 30 invitados

Los miembros de la familia real decidieron abandonar a pie la capilla, y recorrer juntos la colina que conduce hacia el Castillo de Windsor. Isabel II se retiró sola, a bordo del vehículo oficial.

La imagen más impactante de la ceremonia fue la de una Isabel II, de 94 años, reducida por el luto y la mascarilla. Foto: AFP
La imagen más impactante de la ceremonia fue la de una Isabel II, de 94 años, reducida por el luto y la mascarilla. Foto: AFP

La reina Isabel II dio el último adiós ayer sábado al hombre con quien estuvo casada 73 años, su “fuerza y apoyo”, el príncipe Felipe, en un sobrio funeral de cariz militar con mascarillas y 30 invitados íntimos debido a la pandemia del COVID-19.

El Reino Unido sigue sometido a estrictas medidas de distanciamiento social por la pandemia, pero tanto el Palacio de Buckingham como Downing Street eran conscientes de que un evento de esta magnitud no podía ser más discreto de lo debido. Y el deseo del propio Felipe de Edimburgo, que falleció el 9 de abril, dos meses antes de cumplir 100 años, de que sus exequias no tuvieran rango de Estado era casi imposible de cumplir, cuando todas las instituciones británicas y una gran parte de los ciudadanos se habían aferrado al recuerdo y homenaje al príncipe consorte para conjurar años de polarización política y el decaimiento general provocado por el coronavirus.

La solución intermedia fue dotar de la mayor solemnidad, pompa y circunstancia a una ceremonia íntima y privada para la Casa de los Windsor pero impecablemente transmitida en directo a todos los británicos y la mitad de la humanidad. A lo largo de la mañana, diferentes cuerpos y bandas militares desfilaron por los alrededores del Castillo de Windsor. El Gobierno del primer ministro Boris Johnson había pedido a los ciudadanos que evitaran concentrarse en la zona, y decenas de policías permanecieron vigilantes durante todo el día. Aun así, centenares de curiosos quisieron acercarse a la pequeña localidad situada a unos cuarenta kilómetros del centro de Londres.

A las 10:41 horas de Uruguay, ocho miembros del Cuerpo de Granaderos reposaron el féretro con los restos mortales de Felipe de Edimburgo en el Land Rover Defender TD5 130 para que comenzara el cortejo fúnebre. Escoltado por miembros de diferentes estamentos militares, echó lentamente a rodar seguido por un grupo mínimo de nueve miembros de la familia real. A la cabeza, el heredero del trono, Carlos de Inglaterra y su hermana la Princesa Ana del Reino Unido. En tercera fila, los príncipes Guillermo y Enrique. En medio de ambos, según el protocolo aprobado por Isabel II, su primo Peter Phillips. Un modo de diluir la tensión fraternal que ha estado en el centro de la mayor crisis institucional sufrida por la Corona británica en los últimos meses. Y un claro mensaje también de que, en esta ocasión, el protagonismo no recaía en ellos.

El príncipe William, Peter Philips y el príncipe Harry en la procesión por la muerte del príncipe Felipe. Foto: Reuters
El príncipe William, Peter Philips y el príncipe Harry en la procesión por la muerte del príncipe Felipe. Foto: Reuters

Reina solitaria.

Durante casi 70 años de reinado, Felipe de Edimburgo caminó dos pasos por detrás de su esposa en cada acto oficial. En el último que protagonizaron juntos, los papeles se revirtieron. Isabel II era la última del cortejo, a bordo del Bentley Real y acompañada únicamente por su dama de honor, Susan Hussey. Algunos medios británicos creyeron atisbar, a través de las ventanillas ahumadas del vehículo, cómo la Monarca se retiraba las lágrimas con un pañuelo. Más allá de los gestos, la imagen más impactante de la ceremonia fue la de una Isabel II, de 94 años, reducida por el luto y la mascarilla, que entró sin compañía alguna a la capilla -la recibió a las puertas el Decano de Windsor, David Conner-, y presidió el servicio religioso en una esquina del coro. La Reina se sentó sola.

Juntos, Conner y Justin Welby, oficiaron un servicio de apenas 50 minutos en el que no hubo sermones ni alabanzas hacia la figura de Felipe de Edimburgo. Treinta miembros de la familia real se distribuyeron a lo largo de los asientos del coro para escuchar las lecturas que el propio príncipe consorte había escogido meticulosamente en los años previos a su fallecimiento.

A lo largo de la mañana, diferentes cuerpos y bandas militares desfilaron por los alrededores del Castillo de Windsor. Foto: AFP
A lo largo de la mañana, diferentes cuerpos y bandas militares desfilaron por los alrededores del Castillo de Windsor. Foto: AFP

La BBC retransmitió también el minuto de silencio que vivió todo el Reino Unido justo antes de que comenzara el servicio religioso. El primer ministro, Boris Johnson, solo y solemne a las puertas de Chequers, la residencia oficial de descanso; Nicola Sturgeon, la ministra principal de Escocia, en su residencia de Edimburgo; y los centenares de ciudadanos concentrados a las puertas del Palacio de Buckingham y el Castillo de Windsor, con la seriedad improvisada en cualquier muestra popular de respeto. Fue el Decano de Windsor, con sus palabras, el que resumió la última versión del Duque de Edimburgo: “De una lealtad inquebrantable hacia la reina, a su servicio a la nación y a la Commonwealth, y con una gran valentía, fortaleza, fe, amabilidad, humor y humanidad”, expresó el obispo anglicano que ostenta la máxima autoridad religiosa en los dominios de Windsor.

Los miembros de la familia real decidieron abandonar a pie la camilla, y recorrer juntos la colina que conduce hacia el Castillo de Windsor. Isabel II se retiró sola, a bordo del vehículo oficial. Los restos de su esposo elevados durante el funeral en el mismo catafalco donde reposó su padre, Jorge VI, descendieron a la cripta de la Capilla de San Jorge. La reina protagonizó de un modo aislado el acto más triste de su longevo periodo en el trono británico. Durante toda la semana, medios e instituciones se han volcado en ensalzar, a través del recuerdo del Duque de Edimburgo, las siete décadas de estabilidad proporcionadas por la segunda era isabelina. Cada reafirmación del valor de la monarquía era un recuerdo de que una época se acaba.

Primero, separados, después dialogaron

Guillermo y Enrique -los hijos de Diana de Gales y Carlos de Inglaterra- se encontraron ayer en el funeral del príncipe Felipe, después de 14 meses de distanciamiento. Han afirmado en público que, aunque se siguen queriendo, no mantienen contacto y sí muchas diferencias.

La orden de la Reina Isabel II fue clara y rotunda: el protocolo debía de evitar más tensiones. Por eso, los hermanos no caminaron hombro con hombro detrás del ataúd, sino que los hicieron con su primo Peter Philips -el hijo de Ana de Inglaterra- en medio. Después, en la capilla, se sentaron uno enfrente del otro. Guillermo lo hizo junto a su señora Kate Middleton. Enrique estuvo solo, ya que Meghan Markle no viajó a Londres al encontrarse muy avanzado su embarazo.

Guillermo y Enrique adoraban a su abuelo, que tras la muerte de Diana se acercó más a ellos para ayudarlos a sobrellevar su orfandad.

Ayer fue la primera aparición pública de Enrique con la realeza desde que él y Meghan abandonaron las funciones realies y se fueron a residir en California.

Al término de la ceremonia, los dos hermanos salieron conversando, acompañados de Kate, en una posible señal de reconciliación.

Flores y un minuto de silencio de un pueblo
Cortejo fúnebre del príncipe Felipe. Foto: AFP

Unos dejaron flores frente al castillo de Windsor o el palacio de Buckingham, otros prefirieron beberse una cerveza en un pub con su nombre. A su manera, los británicos rindieron homenaje ayer al príncipe Felipe. En un pueblo cercano a la residencia real de Windsor, donde el príncipe murió y fue enterrado, el pub “Duque de Edimburgo” deseaba “RIP príncipe Felipe” con un cartel en la entrada, mientras llegaban los clientes para ver el funeral por televisión. En el jardín del bar empezaron a resonar las marchas militares, los cañonazos y las campanadas en directo desde el castillo.

Se hizo un minuto de silencio en el que sólo oía el canto de los pájaros.

Debido al coronavirus se pidió a los británicos no desplazarse a Windsor, pero muchos ignoraron la consigna, con un ramo de flores en la mano, en una día soleado.

Muchos comercios exhibían en sus vidrieras imágenes del duque de Edimburgo, junto al llamamiento a guardar el minuto de silencio.

Apoyo a la reina

El protocolo y ly el distanciamiento social acentuaron el papel solitario que le aguarda a Isabel II en la cúspide del sistema constitucional. “Es algo muy, muy profundo, en la vida de cualquier persona, y en la de toda la nación. A los que crean, les pido que recen por ella. A los no creyentes, que simpaticen en sus corazones, le ofrezcan sus condolencias y confíen en que pueda encontrar las fuerzas necesarias en lo que, sin duda, será un momento de angustia”, comentó a la BBC el Arzobispo de Canterbury, horas antes de la ceremonia religiosa.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados