CUADERNOS DE LAS COIMAS

Funcionario le dio bolsos con dinero a Néstor Kirchner delante de Cristina, según confesión

Claudio Uberti, encargado de controlar a las concesionarias viales, dijo que su función era recolectar fondos entre las empresas y llevarlos al despacho presidencial o a la quinta de Olivos.

Néstor y Cristina Kirchner en Calafate, año 2003. Foto: AFP.
Néstor y Cristina Kirchner en Calafate, año 2003. Foto: AFP.

Claudio Uberti estaba prófugo. El exfuncionario kirchnerista pasó el fin de semana escondido después de que el viernes pasado, a última hora, se dictó la orden de detención. Decidió esperar para ver cuál era la defensa de Cristina Kirchner . Entonces sí, convencido de que sería su gran venganza, se camufló con una gorra negra y se presentó anteayer en la fiscalía de Carlos Stornelli .

Poco tiempo después relató cuál era su rol en la organización en la que participó, según sus dichos, entre 2003 y 2007. Dijo que le llevaba a Néstor Kirchner los bolsos con la plata que recaudaba en las concesionarias viales -estaba a cargo del organismo de control del sector- y que hacía esas entregas en el despacho presidencial de la Casa Rosada o en la quinta de Olivos. Uberti confirmó que la expresidenta Cristina Fernández estuvo presente varias veces en las que él dejó bolsos, además de contar que el encargado de comunicarle cuáles eran sus tareas fue el exministro de Planificación Federal Julio De Vido. No fue solo el contenido de lo que dijo lo que sorprendió a la Justicia, sino el tono en el que hizo la declaración y los detalles que brindó: habló desde un profundo enojo con quienes fueron sus jefes políticos.

Uberti declaró como imputado colaborador en la causa surgida a partir de los cuadernos de Oscar Centeno, el chofer de Roberto Baratta . "Estaba muy nervioso y pidió custodia", dijo a La Nación un funcionario que presenció la audiencia.

Todo empezó el lunes por la tarde, después de que la expresidenta pasara por Comodoro Py y dejara sus tres escritos al juez Claudio Bonadio. Entonces, Uberti y su abogado se sentaron frente al fiscal. El acta quedó guardada y Uberti detenido, a la espera de la homologación del acuerdo de confesión. Ayer, a media tarde, el magistrado le puso la firma al acuerdo y, entonces, el exdirector del Órgano de Control de las Concesiones Viales (Occovi) quedó en libertad. Se convirtió, de esta manera, en el primer exfuncionario de jerarquía que declara como arrepentido.

Lo primero que dijo es que los hechos que iba a relatar habían ocurrido entre 2003 y 2007, época en la que estuvo en funciones.

Todo empezó, según su relato, cuando conoció a Kirchner y a De Vido en Río Gallegos. Dijo que empezó a trabajar con ellos y que antes de llegar a tener un cargo a nivel nacional era coordinador de los equipos de campaña.

Este dato ya había sido mencionado en varias oportunidades en denuncias que, en su momento, realizó la diputada Elisa Carrió, donde se lo sindicaba como uno de los recaudadores de dinero para la campaña entre las empresas de la Patagonia.

Llegados a Buenos Aires, y ya en el poder, Uberti dijo que fue De Vido quien le informó que iba a tener a su cargo el sistema de concesiones viales y que debía renegociar los contratos y generar dinero para la política.

Siempre según su relato, el exfuncionario dijo que empezó a trabajar con aquellos acuerdos con las empresas viales que estaban rotos después de la caída de la convertibilidad. Finalmente, cuando terminó, Uberti contó que Kirchner se enojó porque el esquema no contemplaba una manera de sacar dinero en ese sector.

Entonces, De Vido le hizo saber del enojo de Kirchner. Aquí da un detalle que no era tan conocido. Según Uberti, el hombre que se hizo célebre por aquel viaje en el que a Guido Antonini Wilson lo frenaron en la entrada de Aeroparque con una valija con 800.000 dólares, De Vido le decía a Kirchner "el Malo".

Luego de aquel supuesto enojo, Uberti empezó a recolectar el dinero a las concesionarias. "Yo tenía que retirar 150.000 dólares por mes de cada una de las concesionarias", dijo.

Ese monto se lo llevaban directamente a Néstor Kirchner. "Los bolsos con dinero se entregaban en la residencia de Olivos, en la Casa Rosada, en el despacho del presidente y, a veces, en el domicilio de De Vido", dijo el exfuncionario kirchnerista.

Ese esquema, dijo, funcionó hasta 2007, cuando tuvo que dejar el Gobierno empujado por el escándalo de la valija llena de dólares. Desde entonces, ya no perteneció al grupo que trabajaba en el gobierno y que tenía que recaudar dinero para el expresidente.

Desde su enojo habló varias veces del maltrato que recibían todos los colaboradores. Le relató a Stornelli una anécdota que sucedió un día cuando compartían un avión con Néstor Kirchner. Entonces, el mandatario se dio vuelta y le pegó sin ninguna razón.

Claudio Uberti, exfuncionario kirchnerista. Foto: La Nación.
Claudio Uberti, exfuncionario kirchnerista. Foto: La Nación.

También repasó un día en que llegó con su dinero en bolsos y se los entregó al santacruceño. Ese día entró al despacho presidencial y le comunicó que una de las empresas le había entregado la coima en pesos. El Malo se enfureció y le empezó a pegar patadas al bolso que contenía moneda nacional. En el revuelo repartió pesos por toda la oficina de Balcarce 50. Nada de patriotismo a la hora de acumular el físico.

Su declaración estuvo llena de detalles de los días en que Kirchner le mostraba todo el poder. Otra vez, recordó, llegó con un maletín que era de él, repleto de dinero recaudado. Kirchner lo agarró y no solo se quedó con los dólares, sino que también se apropió del bolso del exfuncionario. Nunca se lo devolvió y Uberti, hombre que no olvida rápido lo que pierde, se lo contó ayer a Stornelli.

Con cierta nostalgia y mucho despecho, reconoció que, después de haber sido separado del gobierno tras el escándalo de las valijas, ya nadie más lo visitó. "Apenas Baratta pasaba a verme de vez en cuando", dijo.

"Del Minplan [Ministerio de Planificación Federal] llevé un sobre al señor Claudio Uberti de parte del licenciado. Lo recibió el portero", anotó Oscar Centeno en sus cuadernos el 6 de octubre de 2008.

La situación del exfuncionario kirchnerista se complicó la semana pasada después de la declaración del directivo de Techint, Luis Betnaza. En sus dichos, que quedaron en el expediente, Betnaza dijo que Uberti y De Vido le habían pedido dinero para interceder, como representantes del gobierno argentino, frente al venezolano, ante la situación complicada que vivía personal de empresas de Techint instalado en Venezuela durante el gobierno de Hugo Chávez. La defensa de Techint fue por el lado de contar que lo que sucedió no fue una coima o un retorno, sino que habían sido víctimas de una extorsión.

Pero ayer Uberti, que siempre fue sindicado como uno de los responsables de manejar la llamada "embajada paralela" con Venezuela, no avaló aquella teoría. Según fuentes judiciales, el exfuncionario dijo que la empresa Techint había pagado 50.000 dólares de coimas en un caso que, según su versión, nada tendría que ver con la situación de los empleados de la empresa en Venezuela.

De piñas y enojos

Así, entre confesiones y relatos de agresiones continuó el relato. Dijo que varias veces Kirchner le reprochaba haber recolectado poco dinero. Una vez, dijo Uberti, salieron a recolectar dinero en la ruta 9, la que une Buenos Aires con Rosario, una de las más transitadas de la Argentina. Decidieron golpear la puerta de las estaciones de servicio que están a la vera de la ruta. Con lo que les dieron algunas, dijo, se hicieron de 500.000 dólares. Todo se entregaba al expresidente fallecido.

En 2006, recordó, tuvo alguna reunión con Gerardo Ferreyra, otro de los empresarios que nombró en la extensa declaración. Uno de los dueños de Electroingeniería, según sus dichos, habría sido una pieza clave en la recaudación.

Contó que cierta vez le tocó encontrarse con el empresario en la playa de estacionamiento de un restaurante ubicado en Pampa y Figueroa Alcorta, en pleno bosque de Palermo.

Entonces, agregó, había valijas que pasaron de un auto a otro por 10 millones de dólares. Justamente esa fecha coincide con la adjudicación del contrato para la construcción de la Central Térmica General Belgrano, ubicada en la localidad bonaerense de Campana. Ese acuerdo se firmó el 26 de noviembre de 2006 y aquel consorcio estaba liderado por la empresa alemana Siemens. Además, estaban la empresa española Duro Felguera, con sede en Gijón, y Electroingeniería (subestación, suministros local).

Ferreyra fue el encargado de la relación entre el gobierno y el consorcio constructor. Hay varias operaciones, en las que están involucrados algunos proveedores extranjeros, que están ahora siendo motivo de investigación. Sucede que para generar dinero en negro para pagar el retorno se necesitaban facturas por montos mayores a los que efectivamente salían los componentes. En Oriente aquel consorcio encontró esos dispuestos empresarios a sobrefacturar.

Hubo reuniones en Orlando, en Gijón, sede de Duro Felguera, y en Buenos Aires, en las oficinas del grupo Electroingeniería.

Aquella obra terminó en tiempo récord y siempre se la sindicó como muy por encima del presupuesto original. La excusa del incremento siempre estuvo ligada a la necesidad de tenerla en forma inmediata por la crisis energética que ya se desataba en Argentina.

Julio De Vido y Claudio Uberti en 2006. Foto: La Nación.
Julio De Vido y Claudio Uberti en 2006. Foto: La Nación.

Uberti no dio demasiados detalles respecto de su accionar en la siempre intrigante relación de la Argentina con Venezuela, en la que, junto al secretario privado de De Vido, José María Olazagasti, tuvo un rol central.

Pero tampoco ligó los recorridos que realizó durante años por las empresas que controlaba a través del Occovi con fines electorales. Siempre se refirió a un sistema permanente que no respetaba campañas.

Hubo alusiones a la expresidenta Cristina Kirchner. Reiteró con frecuencia que ella estaba al tanto de lo que sucedía y la ubicó en el despacho presidencial varias veces mientras entregaba el dinero a Kirchner.

Se detuvo en una anécdota. Cierta vez, dijo Uberti, entró al departamento de la familia presidencial en Uruguay y Juncal. Dijo que ese día no estaban los dueños y que el ahora célebre dueño del quinto piso le preguntó a su anfitrión dónde quedaban los dormitorios. Contó que vio dentro de uno de ellos varias valijas.

"Estaba Cristina", contestó más de una vez cuando le preguntaban si la senadora conocía o no lo que sucedía. Se sinceró: sostuvo que trabajar con Kirchner era un suplicio, pero que con ella la relación era mucho peor.

Volvió una y decenas de veces a la descripción de escenas de maltrato y contó una muy particular. En un viaje a Madrid, Kirchner estaba acompañado por su comitiva. Según el relato de Uberti, que sorprendió a los investigadores judiciales, en ese viaje estaba Rubén Zacarías, el jefe de protocolo que trabajó desde 2003 hasta 2013.

Ese día, en el hotel, Kirchner se molestó por una simple razón: los diarios habían llegado tarde. Enojado, contó Uberti, le dijo a Daniel Muñoz, su secretario privado, que le "dé tres".

Muñoz, conocedor del lenguaje de su jefe, obedeció. El exdirector del Occovi contó que entonces le dio tres trompadas que dejaron a Zacarías en el piso. "Esto es para que sepas que les pasa a los traidores", dijo Uberti que exclamó entonces Kirchner.

Fue, sin duda, una declaración en la que durante todo el relato el ahora arrepentido intentó dejar en claro cuáles eran las condiciones de la relación que tenía con los Kirchner. La carga emocional que se notó en cada uno de los dichos dejó atónitos a los funcionarios judiciales.

Lo que sucederá después de la declaración de Uberti no solo impactará en la participación o no de la expresidenta en la asociación ilícita que se investiga en la llamada causa de los cuadernos. Abrirá, sin dudas, una nueva línea de investigación.

El mundo de los corredores viales seguramente será impactado por el escándalo. Uberti controlaba desde el Occovi no solamente a los concesionarios de las rutas nacionales (que van al interior del país), sino que también hacía lo propio con las autopistas que tienen la explotación de los accesos a la ciudad de Buenos Aires.

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