LOS VIAJES DEL PAPA

Francisco pide perdón a los gitanos en Rumania

Beatificó a siete obispos víctimas del régimen comunista.

El papa Francisco fue recibido por la comunidad gitana en Blaj. Foto: AFP
El papa Francisco fue recibido por la comunidad gitana en Blaj. Foto: AFP

El papa Francisco pidió ayer domingo perdón a la comunidad gitana, en el cierre de su vista a Rumania, por “la discriminación, segregación y maltrato” que ha sufrido a lo largo de la historia por parte de la Iglesia católica.

“Pido perdón -en nombre de la Iglesia, al Señor y a ustedes- por las veces en que, en el curso de la historia, los hemos discriminado, maltratado o mirado mal”, declaró el papa en un discurso dirigido a la comunidad gitana de la ciudad de Blaj, en el centro de Rumania.

“Cargo con un peso”, agregó, “el peso de las discriminaciones, de las segregaciones y de los malos tratos padecidos por su comunidad. La Historia nos dice que incluso los cristianos, incluso los católicos, no son ajenos a tanto mal”.

El papa fue recibido por miles de personas en el barrio de Barbu Lautaru, construido alrededor de una calle estrecha de casas pequeñas.

Previamente, beatificó a siete obispos. Se trata de los obispos greco-católicos que fueron torturados y asesinados por la dictadura comunista que controló a Rumania tras la Segunda Guerra Mundial: Ioan Suciu, Iuliu Hossu, Vasile Aftenie, Ioan Balan, Valeriu Traian Frentiu, Tit Liviu Chinezu y Alexandru Rusu.

En la misa de beatificación, en rito bizantino, se expusieron sus reliquias y el papa dedicó su homilía a advertir que también en los tiempos actuales hay ideologías que someten y alienan a la persona. “Los nuevos beatos sufrieron y dieron su vida, oponiéndose a un sistema ideológico que rechazaba la libertad y coartaba los derechos fundamentales de la persona humana”, recordó el papa ante miles de fieles.

Luego lanzó una advertencia: “También hoy reaparecen nuevas ideologías que de forma sutil buscan imponerse y desarraigar a nuestros pueblos de sus más ricas tradiciones culturales y religiosas”, dijo. “Colonizaciones ideológicas que desprestigian el valor de la persona, la vida, el matrimonio y la familia y dañan con propuestas alienantes, tan ateas como en el pasado, especialmente a nuestros jóvenes dejándolos desprovistos de raíces para crecer”, alertó.

El papa Francisco, en la última etapa de su viaje de tres días a Rumania, se reunió con miembros de la minoría gitana que cuenta con entre uno y dos millones de personas en un país con 20 millones de habitantes.

En Europa, el número de gitanos se estima en entre 10 y 12 millones.

Pese a que el nivel de vida ha mejorado en Rumania desde su entrada en la Unión Europea (2007), siguen existiendo bolsones de miseria, “guetos urbanos o rurales donde nada ha cambiado”, subrayó el sociólogo Gelu Duminica, originario de esta comunidad.

Según un estudio realizado en 2018 por su asociación, Impreuna (Juntos), 9% de los romanís de Rumania no perciben ningún ingreso, mientras que 10% sobreviven solo gracias a exiguas subvenciones sociales, frente al 1% del resto de la población.

La tasa de analfabetismo es de 15% en esta minoría, frente a 2% para los otros rumanos.

“Se trata de un círculo vicioso, donde un acceso limitado a la educación conduce a un bajo acceso al mercado del trabajo”, indicó Duminica.

La minoría romaní sigue esperando que la Iglesia ortodoxa, mayoritaria en Rumania, se disculpe tras haberla sometido a la esclavitud durante 500 años, hasta mediados del siglo XIX.

Rumania, hogar de la segunda Iglesia ortodoxa del mundo en número de fieles, reconoce 18 minorías nacionales, fruto de la historia de ese territorio situado en un cruce de influencias latinas, orientales y eslavas.

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