FIDEL CASTRO: EL FIN DE UN MITO

Figura clave para entender la historia reciente uruguaya

Según analistas, Castro tuvo una influencia más “espiritual” que práctica.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Un aeropuerto de Carrasco abarrotado recibió a Fidel Castro en 1959. Foto: Archivo

Uruguay no era Cuba. Se destacaba del resto del continente en sus bajos índices de pobreza y no tenía ninguno de los dos ingredientes que muchos consideraban fundamentales para una revolución: exclusión económica o política. En palabras del historiador Eric Hobsbawm la "olvidada Suiza de América del Sur" era "su única democracia real" y "sólida constitucionalmente". Sin embargo, la esperanza de la revolución socialista, encarnada en Fidel Castro, definió una época bisagra en la historia reciente del país, al igual que en todo el continente.

El "huracán revolucionario" que representaba Castro y la isla fueron, en un contexto político internacional donde el tablero político tembló al ritmo de la Unión Soviética y Estados Unidos, la esperanza y el modelo práctico para grupos de jóvenes que vieron en la revolución armada el único camino para instaurar un régimen socialista en Uruguay. Alfonso Lessa, politólogo y autor de "La revolución imposible", destaca en Castro una influencia específica, "que se podría llamar espiritual o ideológica, con componentes muy románticos que hicieron que se transformara en un mito".

Las etapas del romance.

El investigador y docente en Ciencia Política Romeo Pérez Antón distingue varias etapas a la hora de analizar la influencia de Castro en Uruguay, especialmente en la década que siguió a la toma de poder y la consolidación del régimen comunista, entre 1959 y 1970.

Entre 1959 y 1965 su alcance iba más allá de la izquierda marxista. "Aún después de definirse marxista-leninista en 1961 influía en sectores que no lo eran", dijo e indicó que este concepto se podría generalizar para el resto de América Latina.

Luego de los primeros años de Castro al poder el eco de la reforma agraria y la nacionalización de empresas se extendió por el resto de la región. "A muchos les pareció que habría un nuevo modelo de organización económica en América Latina", dijo Pérez Antón.

En palabras del profesor de Historia Gabriel Quirici, en 1961 comenzó a Uruguay la puja por "Cuba sí, Cuba no". En abril de ese año, con la victoria de Fidel Castro en la invasión de Bahía de Cochinos, la revolución frenó el avance estadounidense. Por un lado, el hecho fue bien recibido por los sectores nacionalista y progresista pero por otro posicionó al régimen de la isla de un lado del mostrador en el contexto de la Guerra Fría.

Las conferencias convocadas por Cuba entre 1966 y 1967, que reunían a sectores afines al Partido Comunista de Castro —Tricontinental en 1966 y la Primera Conferencia de la Organización Latinoamericana de Solidaridad, en 1967— tuvieron presencia uruguaya. En la primera conferencia, recordó Quirici, el Partido Comunista uruguayo se diferenció del resto al insistir que prefería la lucha por la vía democrática. "Eso marcó un diferencial con la isla y los movimientos guerrilleros de la región".

Ya para 1965 comenzó la segunda etapa propuesta por Pérez Antón para entender el impacto de esa primera década: "De 1965 a los primeros años de la década de 1970 yo creo que ya ni Fidel Castro ni el régimen castrista influían más que en los grupos definidamente marxistas, especialmente los que se definían también como leninistas, o sea en el Partido Comunista, el Partido Socialista y en la guerrilla del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros".

Más adelante, el primer golpe de impacto se diluyó y ya hacia 1980, explicó Pérez Antón, se limito a casos de "adhesión residual", específicamente enfocada en su contraposición con Estados Unidos. Este último es uno de los elementos que los sectores afines a Castro tomaron como bandera, así como el método de lucha a través de la guerrilla.

Para la guerrilla uruguaya, "Cuba tuvo un rol más emotivo que estratégico", dijo Quirici. La revolución cubana fue mayormente rural y en Uruguay se debía dar por la vía urbana. La política exterior de la isla, además, era proclive a que Uruguay siguiera por la vía democrática, dados sus indicadores de desarrollo en comparación con el resto de la región.

Una paradoja.

Uruguay, el país latinoamericano más alejado de Cuba, era el candidato menos probable para seguir su método, dice Pablo Brum, especialista en Estudios Internacionales y autor del libro "Patria para nadie". "El propio Fidel estuvo de acuerdo con este análisis (lo llegó a decir públicamente), por lo cual su impacto en el radicalismo revolucionario uruguayo fue más bien indirecto si se lo compara con otros países".

Lo que ocurrió en consecuencia es, de todos modos, llamativo, dice Brum. Sectores marxistas, sobre todo jóvenes, "se identificaron con el dúo Fidel-Che Guevara y se embarcaron en el proyecto revolucionario. Es decir, fueron en contra de todos los pronósticos o recomendaciones, incluyendo los de Moscú y La Habana". Una vez consolidados recibieron el apoyo de Castro, con la transferencia de armas, asistencia en inteligencia, apoyo propagandístico, entre otros, indicó y matizó: las fichas de Cuba estaban puestas en Salvador Allende, en Chile.

El entrenamiento militar fue, según Pérez Antón "contenido" por la Unión Soviética luego de 1965. Sobre la dictadura, a su vez, Cuba fue lugar de exilio para muchos uruguayos, aunque el docente matizó este dato, argumentando que era "lugar de paso" del que muchos salían hacia países europeos.

Un "ícono" del relacionamiento con Castro, dijo Brum, es Mauricio Rosencof. "Este último ha dicho públicamente que practicó tiro con Fidel en Punto Cero, una base militar cubana, además de haber sido emisario del MLN varias veces".

Sin embargo, indicó Lessa, el resultado de le lucha armada fueron algunos golpes "espectaculares" del MLN, que las fuerzas armadas reprimieron en poco tiempo. "En general, no tengo dudas que sin el triunfo revolucionario de 1959 en Cuba, el MLN no habría sido lo que fue", opinó Brum.

Aunque ya había figuras fuertes y con la idea de una revolución anterior a Cuba, Castro marcó el camino de lo posible para el socialismo uruguayo y latinoamericano.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados