Masacre en Estados Unidos

Exmarine desata el horror en una fiesta universitaria

El hombre mató a 12 personas en un local bailable usando una Glock adaptada.

Sobrevivientes de la masacre describieron al atacante como un hombre grande vestido todo de negro. Foto: Reuters
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El horror se apoderó de una noche de fiesta juvenil en un local bailable de California. En la masacre de ayer jueves, la última de una ya larga lista de tragedias de este tipo en Estados Unidos en los últimos años, murieron 12 personas, además del atacante, un hombre de 28 años, exsoldado identificado como Ian Long.

Entre los fallecidos está el "número dos" del sheriff del condado Ventura, Ron Helus, que fue alcanzado por varias balas tras acudir al lugar en respuesta a la primera llamada de emergencia. Helus llevaba 29 años trabajando en la policía y planeaba jubilarse en breve.

Según el alguacil del condado de Ventura, Geoff Dean, el atacante disparó al azar dentro del club, usando solo una pistola Glock de calibre .45, luego de ingresar poco antes de las 23:30 hora local (4.40 de la madrugada del jueves en Uruguay) al Borderline Bar and Grill, donde se celebraba una fiesta estudiantil a la que asistían varios cientos de jóvenes.

La Glock que usó Long fue comprada legalmente, y equipada con un cargador más grande que el de diez balas para el que está normalmente concebida.

Varios testigos que se hallaban en el Borderline describieron a Long como un hombre imponente, completamente vestido de negro, con lentes, barbudo o con el rostro tapado por una bufanda negra, y con una pistola de grueso calibre.

Además de las 12 personas fallecidas, Long dejó decenas de heridos en el local bailable de ambientación Country y Western, en la localidad de Thousand Oaks, a unos 55 kilómetros al noroeste de la ciudad de Los Ángeles.

"Es una escena horrible. Hay sangre en todas partes", dijo el alguacil Dean.

Cuando empezaron los disparos, algunas personas rompieron ventanas con sillas para escapar, declararon varios testigos a CNN.

Bar de California. Foto: AFP
Foto: AFP

En el lugar, Jason Coffman esperaba por noticias de su hijo Cody, de 22 años. "La última vez que lo vi, me dijo adiós y se fue al Borderline", dijo sollozando a periodistas. Unos minutos más tarde recibió una llamada telefónica y se hundió en lágrimas.

Este fue el tercer tiroteo con víctimas múltiples en Estados Unidos en menos de dos semanas, seis días después de la muerte de dos mujeres en una clase de yoga en Tallahassee, Florida, y 12 días después de que un hombre armado mató a 11 personas en una sinagoga en Pittsburgh, gritando "todos los judíos deben morir".

El presidente Donald Trump, que se ha resistido a un control de armas más estricto desde que 17 estudiantes fueron abatidos a tiros en la secundaria Stoneman Douglas en Florida este año, escribió en Twitter que había sido "completamente informado sobre este tiroteo terrible en California".

Los demócratas, que en las elecciones de medio mandato del martes 6 recuperaron la mayoría en la Cámara de Representantes, anunciaron ayer que plantearán a partir de enero mayores controles al porte de armas.

"Tenemos que encontrar una manera de detener las matanzas sin sentido y muchas veces evitables que están despojando a nuestro país de vidas inocentes", escribió en Twitter Jerry Nadler, el principal demócrata en la Comisión Judicial de la Cámara de Representantes.

Hasta ayer, la policía trabajaba sobre la hipótesis de que no se trató de un acto terrorista. "Nada me lleva, a mí o al FBI, a pensar que existe un vínculo terrorista", dijo el sheriff Dean.

El funcionario explicó que la policía ha tenido "contacto con Long a lo largo de los años por eventos menores". En abril, fue atendido por expertos en psicología de la policía por comportarse de "manera irracional", agregó.

Bomba de humo.

Todos los testimonios reflejaron escenas de horror. "Sacó un arma y comenzó a disparar", dijo Holden Harrah, un joven de 20 años que frecuenta el bar, detallando que debió "arrastrarse" para escapar y encontrar su auto.

El Borderline Bar and Grill organiza todos los miércoles noches estudiantiles, abiertas a jóvenes mayores de 18 años, cuando generalmente hay que tener 21 años —la edad legal para beber alcohol— para entrar a un bar en Estados Unidos.

"Pensamos que era una broma, no lo tomamos en serio al principio", dijo una joven. Foto. Reuters
"Pensamos que era una broma, no lo tomamos en serio al principio", dijo una joven. Foto. Reuters

Matt Wennerstron, un estudiante de 20 años también asiduo del lugar, dijo que el atacante "hizo tantos disparos como pudo". "Cuando empezó a recargar sacamos a la gente de ahí y no vimos hacia atrás", contó el joven.

"Disparó mucho, al menos una treintena de veces. Todavía escuchaba los tiros cuando todo el mundo había abandonado el bar", dijo al diario Los Angeles Times un testigo no identificado.

Otros testigos afirmaron que el atacante había lanzado una bomba de humo. "Tiró granadas de humo por todas partes. Vi cómo apuntaba por la espalda a la chica que estaba en la caja registradora. No paraba de disparar", dijo John Hedge, residente de Moorpark, a la cadena local ABC7.

La mayoría de los testigos citados por los medios estadounidenses eran estudiantes universitarios. "Todo el mundo se tiró al suelo rápidamente. To-do el mundo quería salir lo más rápido posible", declaró una joven que escapó junto a una amiga por una ventana de la cocina.

Jasmin Alexander, que estaba con un grupo de 15 amigos en el bar, narró una escena de caos y confusión cuando los disparos empezaron. "Era un miércoles normal. Estábamos en el bar, divirtiéndonos, bailando", dijo la joven a periodistas tras escapar del tiroteo. "De pronto escuchamos el bang, bang de los disparos y se volvió una locura y la gente empezó a empujar". "Pensamos que era una broma, no lo tomamos en serio al principio porque sonaba como petardos. Y luego todo el mundo se tiró al piso", afirmó Alexander.

De los 25 heridos, 23 son leves y acudieron a los hospitales por su propio pie, mientras que otras dos personas fueron transportadas en ambulancia.

El mundo del deporte profesional en Estados Unidos se unió ayer a través de los equipos locales de Los Ángeles a los familiares de la víctimas del tiroteo. Los primeros en mostrar sus condolencias y tristeza fueron los Rams de Los Ángeles de la Liga Nacional de Fútbol Americano (NFL), que a través de las redes sociales se mostraron "desconsolados".

Jugadores de los Rams y los Chargers, al igual que el resto de los equipos profesionales con sede en Los Ángeles, como los Lakers (NBA), Dodgers y Angelinos (Grandes Ligas) y Kings (NHL) acudieron a las redes sociales para dar su apoyo a las víctimas y familiares.

"Gran valentía" de la policía, dijo Trump

El presidente Donald Trump destacó la "gran valentía" de la Policía al enfrentar al autor del tiroteo. "Gran valentía mostrada por la Policía. La Patrulla de Carretera de California estaba en la escena de los hechos en tres minutos y el primer agente en entrar disparó en numerosas ocasiones. Ese sargento murió en el hospital. Dios bendiga a todas las víctimas y familiares de las víctimas", dijo Trump en su cuenta de Twitter.

El mandatario aseguró que había sido "totalmente informado" sobre lo ocurrido. Trump ordenó que las banderas de todos los edificios federales ondeen a media asta como muestra de "solemne respeto" a las víctimas de la matanza. Esta orden también afectará a las instalaciones militares y las sedes diplomáticas estadounidenses en todo el mundo. La bandera deberá ondear a medio mástil hasta que caiga el sol.

Un Hombre furioso e irracional
Agentes del FBI trabajan en la casa del autor de la masacre en un bar de EE.UU. Foto: AFP

Ian David Long, el hombre identificado como el atacante que mató a 12 personas ayer, era un exmarine de 28 años conocido por la policía de California. El hombre se suicidó después del tiroteo. Long estaba armado con una pistola Glock comprada legalmente, y equipada con un cargador más grande que el de diez balas regulares. Varios testigos lo describieron como un hombre imponente, completamente vestido de negro, con lentes, barbudo o con el rostro tapado por una bufanda negra. La policía ya había investigado a Long a lo largo de los años por eventos menores. En abril, fue atendido por psicólogos de la policía por comportarse de "manera irracional". Cuando la policía acudió a su vivienda ese mes comprobó que el hombre estaba "furioso". Según el sheriff del condado de Ventura, Geoff Dean, Long posiblemente sufría de estrés postraumático. Long vivía en la zona de Newbury Park junto a su madre. "La madre es una mujer muy dulce pero tenía muchos problemas con su hijo", relató un vecino a Los Angeles Times.

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