ANÁLISIS

Europa debe dar gran paso estratégico

Los acontecimientos en Afganistán no son una invitación para retroceder frente a otros desafíos internacionales.

Líderes talibanes en Afganistán. Foto: AFP
Líderes talibanes en Afganistán. Foto: AFP

La toma del poder de los talibanes en Afganistán es, primero que nada, una tragedia para los afganos. Con justa razón, la atención del mundo se está centrando en tratar de ayudar a quienes intentan desesperadamente escapar del país y en preocuparse por quienes se han quedado en el territorio, en particular, las mujeres y las niñas.

Sin embargo, también es un fuerte impacto para Occidente. En Afganistán, Europa y Estados Unidos estaban unidos como nunca: fue la primera vez que se invocó el Artículo 5 de la OTAN, según el cual todos los miembros se comprometen a defenderse entre sí.

No obstante, el momento y la naturaleza de la retirada se establecieron en Washington. Esto debería servir como una llamada de atención a cualquiera que le importe la alianza del Atlántico. Es comprensible que Estados Unidos ya no quiera hacer todo por su cuenta. Para ser un aliado más capaz, Europa debe invertir más en sus capacidades de seguridad y desarrollar la habilidad de pensar y actuar en términos estratégicos. Los sucesos en Afganistán han sido desgarradores. Sin embargo, deberían llevarnos a profundizar, no dividir, la alianza con Estados Unidos. Además, para fortalecer nuestra cooperación, Europa debe dar un paso al frente.

Para hacerlo, primero debemos tener un sentido compartido de las amenazas que enfrentamos y cuál es la mejor manera de abordarlas: una cultura estratégica compartida. En ese sentido, la Unión Europea está trabajando en una Brújula Estratégica Europea, un documento que defina con precisión nuestras ambiciones en términos de seguridad y defensa para los próximos cinco a diez años.

Es un futuro incierto, lleno de amenazas en distintos ámbitos, entre ellos el ciberespacio, el mar y el espacio exterior. Por eso es vital que los europeos, ya sea en la OTAN, las Naciones Unidas o la Unión Europea, colaboren más en la defensa. Además de aumentar capacidades militares cruciales -aerotransporte y reabastecimiento de combustible, comando y control, reconocimiento estratégico y recursos ubicados en el espacio-, necesitamos fuerzas más capaces, más desplegables y más interoperables.

No obstante, debemos ir más allá y a mayor velocidad. El Fondo Europeo de Defensa, creado para incrementar las capacidades de defensa del bloque, recibirá cerca de 8000 millones de euros (9400 millones de dólares) durante los próximos seis años. Esto se debería usar para apoyar de manera significativa la colaboración en la investigación y el desarrollo de las tecnologías de defensa.

Una Unión Europea con mayor capacidad en términos militares y más autónoma en términos estratégicos podría enfrentar los desafíos futuros en los países vecinos de Europa y más allá. También estoy convencido de que sería una ventaja para Estados Unidos y el interés de la alianza atlántica.

La tarea no podría ser más urgente. El regreso de los talibanes al poder trae consigo el riesgo de nuevos ataques terroristas, un crecimiento en el tráfico de drogas y una gran cantidad de migración irregular. Debemos ser firmes al combatir esas amenazas, así como al responder frente a un panorama regional distinto. China, Rusia e Irán tendrán una mayor influencia en la región, mientras que Pakistán, India, Turquía y las monarquías del Golfo se reposicionarán. No podemos permitirles ser los únicos interlocutores con Afganistán después de la retirada de Occidente. Europa, junto con Estados Unidos, debe reformular su compromiso.

Los acontecimientos en Afganistán no son una invitación para retroceder frente a otros desafíos internacionales. Por el contrario, deberían incentivar a Europa a profundizar sus alianzas y fortalecer su compromiso -y capacidad- para defender sus intereses.

Algunos acontecimientos catalizan la historia: la debacle de Afganistán es uno de ellos. Los europeos debemos aprender esta lección.

(*) Alto representante para asuntos exteriores y política de seguridad de la Unión Europea y vicepresidente de la Comisión Europea. (The New York Times)

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