Duras condiciones impuestas a Grecia frenan a varios miembros de la UE

Euro crea dudas y pierde atractivo

En otros tiempos, era un club exclusivo del que la casi totalidad de Europa aspiraba a ser miembro. Ahora, a la luz de la última crisis financiera de Grecia y la respuesta de línea dura de muchas de las potencias del continente, convertirse en socio de la moneda común europea parece cada vez menos atractivo para muchos de los países que están en fila esperando tener su oportunidad.

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El signo de la moneda europea frente al Banco Central Europeo en Frankfurt. Foto: Reuters

De Polonia a la República Checa y Hungría, y hasta puntos más distantes al sur y el este, incorporarse al euro es visto de manera creciente como un paso poblado de riesgos y costos —incluyendo una rendición sustancial de la soberanía— que superan a los beneficios. Si bien varios de los países que no han adoptado la moneda única tenían dudas antes de que estallara la crisis griega, las sanciones en las que incurrió Grecia para permanecer en la eurozona han hecho que las opciones sean aún más claras y las posturas políticas contrarias a ser miembro más marcadas.

Las dudas sobre la participación en la moneda común suscitan otros interrogantes respecto de la capacidad de la Unión Europea (UE) para mantener el impulso hacia su meta sostenida y expresada desde hace años de una unión cada vez más estrecha. Más que otras políticas, la moneda única tuvo por finalidad unir a los miembros económica y políticamente mientras se reducían las chances de un conflicto, y la disminución del entusiasmo por la unión ha seguido a una nueva evaluación más general de la integración europea.

La dudas se despliegan ahora, principalmente, en los países que se incorporaron en fechas más recientes a la UE, principalmente de Europa Central y del Este. Lituania fue el último —el número 19— en adoptar el euro, en enero.

Polonia es la economía más grande de la UE que no ha adoptado la moneda multinacional, excluyendo a Gran Bretaña y Dinamarca, que han optado por permanecer fuera de la eurozona.

Sin apuro.

Plataforma Cívica, el partido que gobierna en Polonia —sus miembros incluyen a Donald Tusk, el presidente del Consejo Europeo— es favorable desde hace tiempo a ingresar en el euro, aunque últimamente se ha expresado en un tono más cauto.

"Nunca dije que adoptaría el euro", afirmó la primera ministra Ewa Kopacz, en una entrevista reciente en la televisión estatal. "Ni hoy, ni mañana, ni en cinco años. Introduciremos el euro cuando sea beneficioso para los polacos y Polonia".

Al endurecerse esas posturas políticas, la perspectiva de que Polonia y otros países adopten el euro en breve parece bastante remota, dijo Sebastian Plociennik, un analista del Instituto Polaco de Asuntos Internacionales, que se enfoca en la integración europea y los temas económicos. "No creo que pase en los próximos cinco años", estimó. "Necesitamos pensar en una perspectiva de al menos diez años".

Esta desconfianza en el euro tuvo eco, la semana pasada, en las capitales a lo largo de Europa Central y del Este, debido a las negociaciones y el acuerdo con Grecia.

"El euro, sí, pero no hay apuro", dijo Alex Michl, principal asesor económico del ministro de Economía de la República Checa.

La crisis griega puede, eventualmente, inspirar cambios en la unión monetaria que harían abrazar al euro más beneficioso, indicó Lubomir Lizal, miembro del directorio del Banco Nacional checo. "Pero, es demasiado temprano, en el punto más alto de la crisis, para predecir cambios después del desenlace".

Ventajas.

El primer ministro de Hungría, Viktor Orban, siempre se ha opuesto a actuar con celeridad para ingresar al euro, y el tema había desaparecido del discurso público mucho antes del enfrentamiento del nuevo gobierno izquierdista de Grecia con los partidarios de la austeridad fiscal en Bruselas y Berlín.

"Se supone que Hungría va a incorporarse, pero no en un futuro previsible", comentó Zoltan Kovacs, el vocero internacional de Orban. "No hemos establecido una fecha límite. No adoptar el euro deja abierta a Hungría a muchas ventajas, como es mantener el control de nuestro sistema impositivo y de la política fiscal".

Otros países, que tienen dificultades financieras, están preocupados porque adoptar el euro los pondría en la posición de tener que sostener la responsabilidad fiscal de Grecia. Las naciones que usan el euro, junto con el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo, son los mayores acreedores de Grecia.

"También tendríamos que entregar dinero a Grecia", dijo Boiko Borisov, el primer ministro de Bulgaria, el miembro más pobre de la unión. "Los más pobres darían a los ricos. No veo que eso tenga lógica".

Aunque Bulgaria y otros países con dificultades decidieran avanzar, la crisis griega puede hacer que los miembros actuales de la eurozona se sientan menos entusiasmados a aceptarlos.

Discrepancias en Croacia y advertencia desde Rumania.


La nueva presidenta de Croacia, Kolinda Grabar-Kitarovich, indicó en abril que su país adoptaría el euro en cinco años, pero esa aseveración fue rápidamente abatida por el primer ministro, Zoran Milanovic, quien dijo que la promesa señalada no ayuda.

De cualquier manera, Croacia, está retrasada en sus esfuerzos por establecer el tipo de reforma fiscal requerida para calificar para la moneda común, y el apoyo de la opinión pública al euro se desplomó desde que estalló la crisis de Grecia.

Rumania había fijado el año 2019 como meta para adoptar el euro, pero pocos creen que sea un objetivo realista. Migur Isarescu, presidente del Banco Nacional de Rumania, dijo que el proceso insumirá diez años más.

“El PIB de Rumania es 52% del promedio de la UE”, dijo Ciprian Dascalu, economista jefe de investigación macroeconómica del Ing Bank en Rumania. “Necesitamos llegar al 70%, con la finalidad de asumir lo que significa adoptar el euro. Grecia es una lección de cómo un país que no está preparado lo asume mal”.

Un porcentaje significativo de la opinión pública europea estima que los beneficios económicos del euro han sido anulados por las restricciones que impone la moneda. Limita a los gobiernos de las economías más débiles en la aplicación de determinados lineamientos de política presupuestal.


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La historia y el presente


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Zoltan Pogatsa, economista político en la Universidad de Hungría Oeste, sostuvo que uno de los mayores beneficios de incorporarse a la eurozona surge de la aplicación de reformas financieras requeridas para convertirse en miembro. Agregó que una vez que se logra esa estabilidad, puede ser más sabio mantener la moneda nacional y ligarla al euro, como han hecho Dinamarca y Suecia. "De esa manera, el país preserva la opción de devaluar y no tiene que caer bajo la dictadura tecnocrática de la austeridad".

En Polonia, a medida que la campaña para las elecciones parlamentarias cobra calor, una integración más estrecha con Europa se va a convertir en uno de los temas de discusión.


Una de las pocas voces que impulsa una incorporación más rápida al euro es Ryszard Petru, ex presidente de la Asociación de Economistas Polacos. "Los problemas de Grecia no obedecen a la adopción del euro, sino a malas políticas populistas".

IGNORARON VOCES DE ADVERTENCIA

La crisis de Grecia que se desplegó a lo largo del fin de semana pasado, fue la última de una serie que se retrotrae a los orígenes y naturaleza de la unión monetaria.

Cuando Alemania, bajo el canciller Helmut Kohl cedió hace más de dos décadas a las súplicas del presidente de Francia, François Mitterrand y acordó abandonar el marco alemán por la nueva moneda común, el euro, lo hizo por el mismo motivo por el que había acordado anteriormente cambiar un marco de Alemania Oriental por uno de Alemania Occidental: fue por consideraciones políticas.

La economía nunca fue el tema más importante, y Kohl y Mitterand, por ese motivo, ignoraron las voces de advertencia en contra de adoptar una moneda sin que existieran instituciones financieras ni políticas fiscales comunes dentro de un conjunto de políticas económicas variadas.

Los billetes y monedas del euro comenzaron a circular el 1° de enero de 2002. Fue introducida como unidad de cuenta en los mercados financieros mundiales el 1° de enero de 1999.

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