LA GUERRA POR EL AGUA EN VENEZUELA

“¿Esperan que muramos? Tenemos la garganta seca”

En zonas pudientes de Caracas, cobran en dólares el agua.

Caraqueños recogiendo agua del río Guaire, altamente contaminado, que cruza Caracas de oeste a este. Foto: Reuters
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En Venezuela el agua ha pasado a ser el bien más preciado por estos días. El apagón masivo que el país sufre desde el pasado jueves, ha dejado a la población sin el servicio de agua potable. La desesperación es tal que esta semana una multitud sedienta se lanzó al contaminado río Guaire, que cruza Caracas.

“Uno tiene que venir a cargar agua. Me caí esta mañana (al río). ¡De vaina no me maté!”, gritaba enardecida Keisy Pérez, una mulata de 23 años y madre de dos niños, al quejarse de tener varios días sin electricidad, agua ni comida. “¿Están esperando que nos muramos?”, recriminó.

El río Guaire, que atraviesa Caracas de oeste a este, es un afluente que recibe los desechos líquidos de casi toda la ciudad y su alto nivel de contaminación es por todo el país conocido. La Guardia Nacional Bolivariana (GNB, policía militarizada) tomó la zona cuando la cantidad de gente empezó a agruparse en el lugar y a atravesarse en la autopista Francisco Fajardo, la principal vía de la ciudad.

Enojados por la prohibición, vecinos trancaron la vía. “Tenemos la garganta seca”, protestaban frente a los militares.

“¡Queremos agua!, ¡queremos agua para darle a los cachorros (hijos)!”, gritaban a los militares unas 300 personas al borde de la autopista.

En otra zona de la ciudad, en el parque Los Caobos, una extensa zona verde en el centro de Caracas, una mujer cargaba un balde lleno de ropa que recién lavó en una fuente, de donde otros cientos se acercaban con botellas plásticas y cubetas para cargar aguas marrones estancadas.

Un militar ayuda a cargar un tarro con agua. Foto: AFP
Un militar ayuda a cargar un tarro con agua. Foto: AFP

En otro punto de Caracas cientos hacían largas filas desde hace días para recoger agua de pequeños manantiales que fluyen de El Ávila, una cadena montañosa que bordea la capital; decenas también lo hacían en las barriadas de Catia y 23 de Enero, incluida una escuela donde votaba el fallecido expresidente Hugo Chávez.

Agobiada por el tumulto para abastecerse, Yulimar, una humilde madre de tres menores, sollozaba en medio de personas que corrían de un lado a otro. Desde el apagón que lleva seis días y que Maduro atribuye a un “ataque cibernético” de Estados Unidos, tanto el agua como la comida escasean en su casa. “No tengo nada de comer para mis hijos”, relató.

En sectores acomodados como Chacao, camiones cisterna ofrecen agua potable pero cobrando en dólares.

Maduro anunció un plan para distribuir comida y agua en barrios pobres desde el lunes, pero Keisy denunció que tiene un mes sin recibir alimentos subsidiados que el gobierno dice entregar a seis millones de familias. “Maduro tanto que habla y no estamos viendo nada, estamos pasando hambre”, espetó la joven madre.

Su vecina Yulimar, aunque reconoce que la situación “está demasiado brava”, excusa a Maduro. “A pesar de todo esto que está pasando, yo sigo siendo chavista”, relató. No obstante, las penurias del apagón le cortan la voz: “Me dan ganas de llorar, nunca había pasado tanto trabajo como estoy pasando ahorita con mis hijos”.

En el interior del país los largos apagones son costumbre, pero por primera vez Caracas vive un corte tan prolongado.

“Todos andan desesperados, esto es una locura”, describió Eduardo Escalona, de 43 años, mientras miraba asqueado el cauce del Guaire.

En alguno lugares la comida también está siendo cobrada en dólares por la escasez crónica de efectivo, en un país donde la más mínima compra debe pagarse en datafonos, pero fuera de servicio por la falta de electricidad.

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