LA BITÁCORA

España en su laberinto

España inició otra etapa. Las urnas redefinieron la modalidad de gobierno y, de ahora en más, se parecerá más al modelo italiano, al alemán y al israelí, donde partidos con mayorías exiguas deben tejer complejas alianzas con otras fuerzas, para formar gobiernos medianamente estables.

Hasta aquí, la democracia española tenía dos grandes protagonistas: la fuerza conservadora que lideró el gallego Manuel Fraga Iribarne y que desde el asenso de José María Aznar se llama Partido Popular (PP) y el Partido Socialista Obrero español (PSOE), la fuerza marxista que fundó Pablo Iglesias y que Felipe González convirtió en socialdemócrata.

En tercer lugar quedaba la alianza liderada por el Partido Comunista de Santiago Carrillo y Dolores Ibarburen, mientras que, en cada autonomía, estaban las fuerzas locales: la coalición catalana Convergencia y Unió; el Bloque Gallego, el Partido Nacionalista Vasco, la Coalición Canaria etcétera. Desde la democratización, a los conservadores y a los socialistas les bastaba con sus propias mayorías para formar gobierno, o a lo sumo pactaban con los catalanistas liderados por Jordi Pujol o con la Coalición Canaria. Pero las urnas dibujaron el domingo un nuevo mapa político, con dos fuerzas anti-sistema en la centroderecha y en la izquierda, que relegaron a la marxista Izquierda Unida (IU) a una tenue y marginal existencia, mientras que convirtieron al PP y al PSOE en primeras fuerzas escuálidas y obligadas a cogobernar. Una alianza gubernamental entre el PP y la centroderecha liberal de Ciudadanos sería un reflejo español de las tradicionales coaliciones alemanas entre la conservadora CDU con los democristianos bávaros y los liberales. Pero los guarismos que dejó la última elección hacen imposible esa suma. Tampoco pueden imitarse las tradicionales alianzas entre los socialdemócratas alemanes con los ecologistas del Partido Verde. A la centroderecha no le alcanzan sus posibles alianzas ni le alcanza a la centroizquierda del PSOE aliarse con Podemos y con Izquierda Unida. Por eso el conservador Mariano Rajoy y el socialista Pedro Sánchez parecen obligados a sentarse a negociar eso que los alemanes llaman "grosse koalition" (gran coalición) y probaron en contadas oportunidades. Un problema no menor que tendrán Rajoy y Sánchez es que, en el debate que sostuvieron en la antesala del comicio, casi llegaron a insultarse.

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